Don de gentes
Actor, hostelero y escritor 

Blas Munuera: "Me divierte divertir"

"De pequeño me daban lástima los payasos y al final he terminado siéndolo", afirma

02.09.2017 | 04:00
Blas Munuera cuenta con una dilatadísima carrera en el mundo de la escena.
FICHA
  • Un color: Verde          
  • Música: Mina. Tengo más de 30 elepés de ella en vinilo.
  • Película: 'Elvira dama de las tinieblas', de James Signorelli.
  • Comida: El mondongo con hierbabuena.
  • Libro: 'Nana para dormir a mis abuelos', de Magdalena Sánchez Blesa.
  • Un deseo: Más cultura, con eso se acabaría el maltrato, el terrorismo y volvería el respeto.
  • Chiste:  – ¡Qué guapa estás en esa foto... no pareces tú!

Librilla. 1962. Cuenta con una dilatadísima carrera en el mundo de la escena, donde ha trabajado con grandes figuras de la interpretación como Lindsay Kemp, ha rodado decenas de películas, sobre todo cortos, y en su faceta escultórica es autor de dos imágenes que procesionan en la Semana Santa de Librilla, su pueblo natal. Regenta desde 1979 un histórico restaurante en el Infante Don Juan Manuel, la Quesería Tope.

"Alguien le preguntaba una vez a un actor ¿Qué es lo más difícil de la profesión? y éste contestó... pasar hambre. Yo para no pasar hambre lo primero que hice fue montar un restaurante que hasta me ha permitido invertir en alguna que otra obra de mi compañía La Cabra", nos cuenta el actor, hostelero y escultor Blas Munuera. Un actor de raza, apasionado por la escena que asegura: "Me divierte divertir".

¿Cuáles fueron tus inicios?
Empecé en El Matadero con El burlador de Sevilla, con José Antonio Aliaga (casi siempre he hecho de galán). En Librilla tenía una especie de club de teatro donde hacíamos guiñol o imitábamos el Un, dos, tres. Llegué a trabajar como extra en el montaje de Nijinsky de Lindsay Kemp, que estrenamos en el teatro Alfil de Madrid. He trabajado con los más grandes y con los más pequeños pero siempre me he divertido y me encanta morir en escena.

¿Qué papel te ha marcado más?
Posiblemente el de El Burlador de Sevilla porque fueron siete años en cartel. Nunca me ha aburrido y me ha hecho crecer. También cuando me nombraron mejor actor en el Festival de Villacañas (Toledo), en los 90, con el Hamlet de Álvaro Cunqueiro.

¿Teatro clásico o actual?
El teatro clásico fue con lo primero que subí a un escenario. En aquellos tiempos había que sobrevivir y actuar donde nos ofrecían, que solían ser institutos y exigían teatro clásico, pero también he hecho infantil y teatro experimental, como Final de partida, con Javier Balibrea.

También has hecho mucho cine...
Hice El discípulo anónimo, de Jorge Disdier, con TalismanFilms, y más recientemente en Las aventuras de Moriana, de David Perea, y he participado en infinidad de cortos, el último, El hombre del espejo, que se presentó en el festival de Cortos de Bullas el año pasado.

¿Cine o teatro, comedia o tragedia?
Siempre he creído que hay actores o de teatro, o de cine. Prefiero el teatro, es más creativo, en el cine tienes menos libertad. Y prefiero la comedia, sin duda. Mi vida es una comedia (risas). Hay que divertirse, bastantes tragedias tenemos ya en la vida.

¿Qué papel te haría ilusión hacer?
¡Oh cielos! (risas). A esta edad... no sé, cualquier cosa. Adoro las tablas, ojalá esto vuelva a lo suyo otra vez.

¿Cuál es la situación actual de la escena en la Región de Murcia?
Pobrecicos... antes, a caché, se podía trabajar; ahora, a taquilla, es imposible. No hay programadores, hoy los concejales de cultura tienen que comerse lo que les caiga y los teatros no tienen ni infraestructura. Es imposible.

Háblanos de tu faceta como escultor...
Aprendí en el taller de Elisa Séiquer y con Perico Pardo trabajé el aluminio. También en Cartagena con Jesús Azoitia aprendí la talla de madera. Hice una Verónica y una Virgen de la Amargura que procesionan en Librilla.

¿Desde cuándo tienes tu restaurante del Infante?
Desde 1979, la Tope fue la primera quesería que se instaló en Murcia y allí seguimos, hasta hoy, en el barrio del Infante, frente al Reina Sofía. El restaurante me ha servido para estar ubicado antes de existir los móviles.

DE PUÑO Y LETRA
Estos son mis principios y si no te gustan...tengo otros. Ole anda.


Grafoanálisis. El dinamismo y entusiasmo de Blas se puede comparar a un motor de aeroplano que le ayuda a ´levantar vuelo´ sobre la mediocridad general, motivando al mismo tiempo a subir el nivel de los demás, y para ello se sirve de un muy bien dispuesto sentido práctico. Por otra parte, en su personalidad particular los instintos y los sentimientos corren por caminos separados. Tiende a idealizar el amor y el afecto, sublimando su emotividad hacia territorios trascendentes, espirituales o al menos existenciales. Pablo Alzuagaray (www.consultoresgrafologos.com)
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