Entrevista
Directora de la Biblioteca Nacional 

Ana Santos: "Falta capacidad crítica para valorar la información"

Aunque se reconozca como una amante del papel, ella es la encargada de encabezar la digitalización de todo lo recogido durante más de 300 años en la Biblioteca Nacional

29.08.2017 | 20:06
La zaragozana Ana Santos dirige desde 2013 la Biblioteca Nacional. BIBLIOTECA NACIONAL

Desde 2013, esta zaragozana está al frente del mayor archivo documental del país. En él hay joyas como las dos primeras ediciones del Quijote o la firma de Da Vinci, pero éstas no son las únicas piezas de valor en una colección de más de treinta millones de documentos

Guardiana y custodia de los más de treinta millones de documentos que atesora la Biblioteca Nacional, Ana Santos (Zaragoza, 1957), directora desde 2013 de la institución fundada en 1712 por Felipe V, impulsa su digitalización para conseguir un modelo de biblioteca diferente, pero reconoce que sigue leyendo en papel porque así puede disfrutar «casi con los cinco sentidos». Una vida entre libros no le oculta el camino empedrado de dificultades que aún han de recorrer las mujeres en un mundo dominado por los hombres. «La lucha por la igualdad tiene que continuar», exige con firmeza esta bibliotecaria defensora de la eficiencia de los funcionarios frente a la subcontratación a la que puso coto, que llena su maleta de volúmenes para leer durante las vacaciones. La Biblioteca Nacional es muy querida por los españoles y permanentemente visitada por investigadores de todo el mundo que se quedan asombrados por las joyas guardadas en una cámara acorazada en la que brillan con luz propia las dos primeras ediciones del Quijote. Santos tiene dos hijos con los que discute de lo divino y lo humano durante los almuerzos familiares, como lo hace con guante de seda cuando se tuercen las cosas con los 564 empleados que trabajan en las distintas salas del emblemático edificio de Recoletos en Madrid, que cerró 2016 con un ahorro de 3,3 millones de euros.


Señora Santos. ¿A qué libro le tiene usted más cariño de cuantos hay en la biblioteca?

El valor de lo que hay aquí es tal que es muy difícil elegir un solo libro. Está el del Beato de Fernando I y doña Sancha, el Beato de Liébana, hay autógrafos de Leonardo Da Vinci, por no hablar de colecciones como la de los manuscritos del teatro del Siglo de Oro, la de incunables, la de cartografía histórica, la de música o la de prensa.

¿Cómo se guardan esos treinta millones de documentos acumulados durante trescientos años por la entrega obligatoria de un ejemplar impreso al depósito legal?

Ahora hay que entregar dos ejemplares. Cada colección especializada tiene su propio departamento con su sala de consulta. La temperatura de los depósitos es de entre 18 y 22 grados y su humedad relativa media no llega nunca al 65 por ciento. Cuidamos también la luz y la manipulación de estas joyas. Tenemos además una cámara acorazada ignífuga contra toda clase de desastres para proteger los ejemplares más valiosos.

¿Y cuáles son esos?

En esa caja se guardan, entre otros, las dos primeras ediciones del Quijote, los Códices Madrid de Leonardo Da Vinci y el Cantar del Mio Cid.

Dígame por favor cuál ha sido su gran descubrimiento en la institución más antigua de España.

La primera vez que entré para trabajar, antes de ser directora, me sorprendió el inmenso valor de lo que aquí se conserva porque resume la historia de España y nuestra propia identidad cultural.

Los documentos impresos tienden a desaparecer con la digitalización. ¿Cómo convivirán en el futuro esos soportes físicos y digitales que contienen el conocimiento humano?

Perfectamente. Un libro físico, además de los contenidos, tiene un valor de edición; es un objeto bello con el que se puede disfrutar casi con los cinco sentidos. En cambio, el contenido digital genera una mayor difusión y es más fácil acceder a él.

¿No pone contra las cuerdas esta digitalización el concepto tradicional de biblioteca?

La digitalización obliga a una reflexión sobre el uso y los servicios presenciales en las bibliotecas. Cada vez se prestan menos libros físicos y aumenta la demanda de descarga de contenidos digitales. Los recursos, por lo tanto, hay que destinarlos a crear un modelo de biblioteca diferente sin perder su esencia de lugar de cultura y de difusión del conocimiento.

¿Seguimos amando la cultura en esta época infectada por la posverdad y con las redes sociales ardiendo?

Seguimos demandando cultura a pesar de que las redes sociales arden muchas veces por cosas intrascendentes y del alto nivel de intoxicación informativa. Sin embargo, las salas de teatro clásico están siempre llenas de gente joven y me gusta ver cómo los profesores traen aquí a los niños, que salen encantados. La clave está en una oferta de calidad.

La aportación pública a la Biblioteca Nacional ha descendido un 47,44% desde 2009 a 2016. ¿Cómo han podido arreglárselas?

No ha sido fácil. Lo primero que hicimos fue revisar todos los contratos y mantener solo los imprescindibles. Después nos centramos en el ahorro interno tanto de luz como de teléfonos o de fotocopias. Necesitamos terminar los proyectos iniciados.

¿A qué proyectos se refiere?

Está todo lo relacionado con el desarrollo tecnológico y la innovación que afrontamos con la aportación de red.es. La sociedad debería de implicarse más en las instituciones culturales. Sería deseable una mayor labor de mecenazgo sobre todo para la acción cultural.

¿Cómo ha cambiado el concepto de biblioteca desde que Felipe V decidió poner la colección de libros de la casa real a disposición de un público que apenas sabía leer?

El cambio ha sido radical. Ahora cualquier persona puede acceder a la Biblioteca Nacional y estamos impulsando la reutilización de todos los fondos digitales hasta tal punto que hoy a partir de la partitura de un minueto del siglo XVIII todo el mundo tiene la posibilidad de componer su propio minueto gracias a un programa informático. Además, se ha pasado de una biblioteca fundacional que albergaba los volúmenes de Felipe V y una parte de los Habsburgo a una institución actual que tiene toda clase de materiales.

¿Cuál fue el motivo por el que la Real Biblioteca pública pudo nacer en plena Guerra de Sucesión, en 1712, entre las casas reales aspirantes al trono, los Borbón y los Habsburgo?

Fue un deseo personal de Felipe V que quiso que su propia biblioteca estuviera al servicio de todos los españoles.

Teniendo en cuenta los bajos índices de lectura en España, ¿consiguió Felipe V su deseo de ilustrar a los españoles?

Es cierto que los índices de lectura no son los mejores, pero ahora hay más posibilidades de acceder al conocimiento a través de Internet.

Pero tener mucha información descontextualizada no significa necesariamente estar bien informados.

Efectivamente. Falta capacidad crítica para valorar la información. La tecnología se tiene que revestir de humanismo y el nivel de formación de todos debe ser mayor.

La primera piedra del palacio actual que alberga la biblioteca fue colocada por la reina Isabel II el 21 de abril de 1866 en medio de una gran expectación popular que no fue correspondida hasta 26 años después cuando por fin se acabó la obra. ¿Era una prueba de que aunque aquel pueblo fuera ignorante amaba la cultura?

Seguramente. Se quiso dotar de una sede digna y grandiosa a una institución del valor de la Biblioteca Nacional. Se llamó el Palacio de Bibliotecas y Museos a este edificio que se construyó siguiendo las técnicas arquitectónicas del momento, la época de Eiffel. La expectación fue máxima en el momento y aún hoy en día es muy valorada por la sociedad española.

¿Cómo se portó Isabel II con la biblioteca?

Durante su reinado, además de iniciarse la obra del edificio de Recoletos, se le cambió el nombre. Pasó de ser la Biblioteca Real a llamarse Biblioteca Nacional y a ser gestionada por el Gobierno. Llegaron a sus salas 70.000 volúmenes de los conventos madrileños afectados por la desamortización, se aprobó el reglamento y se creó el cuerpo facultativo de archiveros, bibliotecarios y arqueólogos.

¿Cómo es el perfil del ciudadano que se acerca al edificio de Recoletos?

Aquí vienen desde investigadores especializados de todo el mundo que se alquilan en verano un apartamento cerca de la Biblioteca hasta niños de seis años, asociaciones de amas de casa o turistas. Hacemos un esfuerzo constante para que la verja de Recoletos no sea un obstáculo que imponga respeto. Hay investigadores que llevan más de cuarenta años viniendo a la Biblioteca y que ya son parte de la casa.

¿Qué les han aportado la Ley Reguladora de la Biblioteca Nacional y el nuevo estatuto?

Sobre todo nos han permitido adaptarnos al entorno digital y a la demanda de la sociedad con mayor presencia de actividades culturales.

¿Están ustedes al margen de las peleas políticas?

La nueva Ley preserva a la Biblioteca Nacional de los vaivenes políticos.

¿Cómo llevan el desarrollo del plan estratégico que finaliza en 2020?

Este año vamos a continuar con la digitalización masiva de las colecciones y abriremos al público los más de 200 terabytes de información comprimida de la web española, es decir, del dominio.es Tenemos que conservar los contenidos digitales, todo lo que está en ese dominio, de la misma manera que los libros físicos.

Explíqueme, por favor, cómo recopilan los contenidos digitales del dominio.es....

Conservamos cada día todos los periódicos digitales en colaboración con las comunidades autónomas. Una vez al año hacemos una recolección de dominio.es y estamos un mes lanzando los robots a este dominio para que hagan la recolección y cada vez que ocurre algo importante hacemos una recopilación temática. Hemos hecho la abdicación de Juan Carlos I, la proclamación de Felipe VI, la muerte de Adolfo Suárez, las elecciones, todo el proceso catalán. Ahora tenemos recopilada toda la información del Orgullo Gay. Esto es lo último que hemos hecho.

Usted parece ir contracorriente con su defensa numantina de aumentar el número de funcionarios para reducir la elevada externalización con la que se encontró cuando accedió a la dirección.

Una institución como la Biblioteca Nacional debe tener una plantilla formada y comprometida. No se pueden externalizar servicios que son inherentes a la misión de la Biblioteca.

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