El deporte, en primera persona
Actor 

Daniel Martínez Albaladejo: "Los códigos de un vestuario de fútbol y un camerino de teatro son muy parecidos"

Desde su 1,90 de estatura, este cartagenero criado en Murcia que se considera, por encima de todo, hijo de esta Región, imparte clases magistrales cada vez que su sube a un escenario

17.09.2016 | 17:19
Dani Albaladejo se lanza en solitario con el monólogo ´Malvados de oro´, que pasará por la Región.
Dani Albaladejo se lanza en solitario con el monólogo ´Malvados de oro´, que pasará por la Región.

El pasado de Dani Albadalejo (Cartagena, 23 de diciembre de 1971) está muy ligado al deporte. Jugó al fútbol y estuvo a punto de quedarse cojo por una terrible entrada. También probó en el baloncesto, hizo escalada y ahora practica a diario el patinaje.

¿Qué deporte practicó de niño?
Fútbol. Empecé en la AD Zarandona y ganamos cosas. Si no recuerdo mal, fuimos campeones regionales alevines y nos jugamos un ascenso contra el Elche. Recuerdo el campo del Zarandona, detrás de la iglesia, junto a una vaquería donde se nos caían los balones.

¿Y de qué jugaba?
Empecé de líbero, que ya no existe, un Beckenbauer, macho. Y después estuve en los juveniles del Cabezo de Torres hasta que me lesionaron, una triada. La rodilla izquierda se quedó hecha polvo y me quedé un poco tocadillo, ya que volví a jugar pero siempre mirando atrás, con miedo a que me hicieran una entrada.

¿Pero nació en Cartagena y vivía en Murcia?
Sí, yo nací en Cartagena y estoy engordado en Murcia.

¿No le dio a ningún otro deporte?
Siempre he sido culo inquieto para el deporte y también jugué al baloncesto. Hice las pruebas para entrar en el Júver Murcia pero no me salieron bien las cosas.

Pues un compañero suyo de profesión, Edu Soto, también hizo pruebas en el Júver.
¿El Edu? ¿Si? Pues por la edad lo mismo andamos juntitos. Cuando yo era juvenil estaba en más de 1,80, y cuando di el estirón me fui al 1,90, pero es que había tipos de dos metros allí. Calculo que tendría 17 años y la peña jugaba mucho. Mi tío, Manolo Martínez, era directivo del equipo y su hijo fue árbitro, por eso probé en el baloncesto.

¿Y ese culo inquieto le ha llevado a practicar más deportes?
Sí, me encanta la vela y mis tíos Alfonso y Juan fueron campeones regionales. La verdad es que el deporte me encanta, ahora juego al tenis mogollón y hace unos meses empecé a hacer patinaje de velocidad. No tenía ni idea de patinar y le estoy pegando muy fuerte.

¿Pero la rodilla se le quedó bien?
Se me quedó en un 80%, pero el 20% restante es porque yo me di mucha caña para recuperarme. Al estar federado la rehabilitación la pude hacer en el Centro de Medicina del Deporte y ahí recuperé bastante, pero me quedé bien totalmente porque me machaqué. Recuerdo que cuando salí de allí, la rodilla la tenía casi recta, no podía casi doblarla. Ahora puedo doblarla igual que la derecha.

¿Cómo le dio por el patinaje?
Pues algo alucinante. Desde crío me atraía y empecé a ver que había mucha gente en Madrid que se apuntaba a quedadas. Una noche, paseando a la perra con mi mujer, le pregunté a un monitor que había allí y me dijo que cuando quisiera me apuntara. Pues empecé a picarme y si todo va bien, voy a hacer el Maratón de Madrid este año patinando. Desde marzo me estoy haciendo una media de 20 kilómetros diarios, que para la edad que tengo no está mal. Lo bueno que tiene es que no es un deporte que te castigue salvo que te caigas, no te machaca las rodillas. Mi mujer, a la que no le gusta correr, está picada con el patinaje. Recuerdo cuando era pequeño que veía el patinaje de hielo, que es la misma técnica que el patinaje en línea, que también tiene un poco de ciclismo, porque van diez o doce patinadores, cogiendo el rebufo y dando relevos.

Veo que le da a todo.
Claro, también hice escalada en pared. Cuando estaba en la facultad de Biológicas, me juntaba con un grupo que iba a La Panocha y a las paredes de Leiva. Vamos, que el deporte es algo que me gusta y fíjate que tuve una época en mi vida en la que no me levantaba a hacer nada porque la fiesta era la fiesta, pero ahora llevo casi un año sin fumar y he recuperado la capacidad física, que es un aliciente brutal del deporte. No llego a la enfermedad del deporte como obsesión, pero la hora y media diaria no me la salto ya.

¿Y saca tiempo aunque esté de gira?
Lo que pasa es que me levanto súper temprano, tengo en la cabeza el horario televisivo, que son madrugones de seis de la mañana. Si no estoy haciendo tele, mi cuerpo está ya a las seis y media a tope, y para patinar es ideal que no haya mucha gente. Me voy a Madrid Río y allí engancho. Y cuando haces deporte, el día te cambia totalmente, lo afrontas de otra manera. Cuando estoy de gira Y no puedo llevarme los patines, salgo a correr con César, un compañero de la compañía.

¿No le ha dado por las carreras populares?
Es una fiebre y un negocio increíble, para el Decathlon es acojonante, no me digas que no. Yo estoy alucinado con eso. Este verano iba a correr una carrera popular que era la subida al faro de Cabo de Palos, pero al final no pude porque tenía un lío de entrevistas y no llegué a la carrera, pero mi cuñado Carlos y su mujer Marisa hacen running los dos y están siempre diciéndome de salir a correr. El otro día leí un artículo del negocio del running y es impresionante la pasta que se mueve.

Es que antes salíamos a hacer deporte con lo más viejo que teníamos en casa y ahora?
¿Te acuerdas cuando nos poníamos las zapatillas Paredes? O unas Tórtola que eran alucinantes con una camiseta de tirantes del mercadillo. Y ahora tienes que llevar ropa Climacool, las zapatillas no se qué, flipante. Es un desfile de moda, macho. Cuando yo jugaba al fútbol lo más eran las botas Marco, que las guardabas como oro en paño. Y luego tenía unas con los tacos ya comidos y que las había heredado, que era las que utilizaba para entrernar, pero las otras estaban guardadas y cuando ibas a hacer un despeje fuerte, te lo pensabas no fuera a ser que las rajaras. Hay veces que veo a los chavales entrenar y veo que llevaN unas botas que son las mismas que el Cristiano Ronaldo y que valen 120 euros. Es un negocio lo que han creado.

¿Del Barça o del Madrid?
Yo soy muy del Barça, muy, muy del Barça, y además mola porque nos juntamos aquí en Madrid un grupo de actores que somos todos del Barça y curiosamente de la Región de Murcia, como Ginés García Millán. A veces quedamos en su casa o en un irlandés a ver partidos. Y luego tengo otra peña, donde está Jorge Navarro, que es de Cartagena y que es muy del Madrid, y tenemos un pique Barça-Madrid muy chulo. Y eso luego lo tiramos para la Región, que si el Real Murcia, el UCAM, el Efesé...

¿Consume fútbol en los estadios?
Es dificilísimo porque las tres últimas temporadas han sido una de giras brutales de teatro, pero cuando he tenido la oportunidad de ver un partido, no me lo he perdido, como un Barça-Fiorentina en el Nou Camp o un Boca Juniors-San Lorenzo de Almagro en La Bombonera, que me pilló en Buenos Aires y fue una experiencia espectacular, lo más grande del mundo. En Madrid me da más pereza y es más complicado pese a que vivo junto al estado del Rayo Vallecano. Consumo fútbol, leo fútbol y escucho fútbol. No te voy a decir que soy 'valdanista', pero sí soy de Eduardo Galeano, que falleció no hace mucho. Soy muy seguidor de sus textos y tengo una cosa en la cabeza que me encantaría hacer, que es una obra de teatro de fútbol, sería genial. A Ginés siempre estoy dándole la barra para hacerla.

¿Y en qué se parecen el fútbol y el teatro?
Hubo una época en la que nos juntamos en el Centro Dramático Nacional actores que veníamos del fútbol. Yo comparo mucho el fútbol con el teatro, pero no por la teatralidad del fútbol, sino por los códigos que hay en el vestuario, que son muy similares a los que tenemos en los camerinos. Nosotros utilizamos muchos términos futbolísticos, como balón a la olla y toque rapidico, que es darnos el texto a pie. Yo lo utilizo mucho, como también me santiguo antes de entrar a un escenario, que era algo que ya hacía cuando jugaba al fútbol. Hay una especie de código de la gente que hemos compartido vestuario que es parecido a un camerino, donde también hay algo futbolístico. En una compañía para la que trabajé, Noviembre Teatro, llevábamos siempre un balón de fútbol en el camión para hacer toques en el escenario y rondos, porque nos da un rollo de estar concentrados. Me encanta coincidir con gente del teatro futbolera y ahora estoy con un director, que es Juan Mayorga, con el que estoy haciendo Reikiavik, que es muy futbolero, un teórico seguidor brutal del Real Madrid, un tío con el que da gusto hablar de fútbol porque no lleva el rollo de forofo. Hablamos de las sensaciones que nos producen jugadas de arte de Cristiano Ronaldo o Messi.

Estuvo viendo un partido en el estadio de Boca. ¿No es demasiada la pasión con la que viven los argentinos el fútbol?
Es apasionante. Recuerdo que aquél día comimos en un sitio, que se lema Carlitos, donde tú no pides nada y te dan de comer hasta que dices basta, te cuesta dos duros y luego te metes al estadio. El restaurante está enfrente de la entrada número 13, muy cerquita de unos murales sobre Maradona. La pasión es acojonante al margen de las cosas chungas que tiene el fútbol de allí, porque las barras bravas van por otro lado, pero un seguidor normal en el estadio vibra con el partido. Y luego, cuando sales, eres del Boca Juniors. Luego está la otra parte, que son los ultras, pero si vas a tu rollo, no tienes que meterte en el mogollón. Pero lo que más impresionó es que se tiraron todo el partido sin parar de cantar.

¿De niño soñó con ser futbolista?
Lo que pasa es que el fútbol en nuestra época de niños era otra cosa, no era como el actual. A mí me hubiera encantado llegar a algún lado. Por ejemplo, mi tío Pepín fue futbolista de Primera, estuvo en el Real Murcia y se retiró en el Calvo Sotelo, al que también entrenó. Mi padre me hablaba de él, que era un delantero muy bueno. Yo no llegué a verlo jugar, pero en mi casa se hablaba constantemente de fútbol. Nunca pensé que un día podía dedicarme al fútbol, la vida me llevó a otro lado, que es lo que hago ahora. Pero recuerdo todo lo vivido, cuando viajábamos en furgoneta y nos cambiábamos en un vestuario debajo de una uralita. Me acuerdo de gente como el Oliva o el Higinio, del campo de fútbol de Cabezo de Torres, que era de césped....

Es que en aquella época era como jugar en césped era como jugar en el Bernabéu.
Recuerdo que cuando me ficharon en el Cabezo ya pensé que me podía retirar, pero a mí la vida me tenía reservada otra cosa, que era ser actor.

Ahora sigue de gira con Reikiavik, ¿pero qué tiene en mente próximamente?
Me he metido en una locura y que he estrenado en Almagro, que es un un monólogo que hago con un director cartagenero, José Bornás, socio y amigo desde hace muchos años. Llevábamos en mente un proyecto, que que era hacer una historia cogiendo todos los malvados del siglo de Oro español, el siglo XVI, y juntarlos en una función que se llama Malvados de oro. Ha gustado mucho y cuando termine la gira de Reikiavik en enero, me voy a tirar un tiempo con esto porque ha gustado bastante y estamos súper sorprendidos. Por contra, he tenido que tomar decisiones de cosas de televisión que he decidido no hacer, pero hay veces que tienes que realizar apuestas personales y te la tienes que jugar. Tenía necesidad de hacer algo mío, propio, porque siempre he estado haciendo proyectos de otra gente y esto es algo muy personal por lo que voy a a apostar un año.

Con toda la trayectoria que tiene en el teatro, ¿no le molesta que haya gente que aún le recuerde por algún papel televisivo que hizo?
Dioni, estamos en España, acepto y me encanta que sea así. Lo que me voy dando cuenta es que la gente que te descubre en la tele, acaba comprando una entrada de teatro y va a verte. Y eso está muy bien. Ahora, con el tema del monólogo, soy yo el que tiene que vender las entradas y en Almagro se puso hasta arriba.


Este verano ha estado muy activo en Twitter con el problema del Mar Menor...
Qué decepción, pero es que esto ya no es de política, es de seres humanos, de dignidad humana, me da igual el partido que sea. ¿Pero es que no ven el agua? Llevo 44 años veraneando en Los Nietos y he visto como el Mar Menor se ha ido al traste.

¿Recuerda los caballitos de mar en la orilla en Los Nietos?
Pues claro, si el único tatuaje que llevo yo es un caballito de mar, que me hice precisamente por eso.

De verdad, es una pena.
Yo tengo la casa en el centro Los Nietos y delante de casa no había nadie bañándose. Es la primera vez en mi vida que he estado en mi casa sin bañarme y echando fotos de espuma. Fui a la manifestación a la plaza del club, pero es que llevamos así mucho tiempo, a ver si se recupera. Y salen los políticos diciendo que nos podemos bañar cuando no es verdad. Me ponía a hablar con los pescadores y me decían que estaba el Mar Menor llenos de peces, que nunca habían salido tantos langostinos, y les contaba que en Chernobyl, en las lagunas del desastre del reactor nuclear, hay unos peces espectaculares, pero es porque nadie los coge.

Es que hemos convertido algo único en un desastre.
Por eso me fastidia que aparezca el político de turno hablando a favor o en contra. Esto ya no es cuestión de política, es de dignidad humana. Hace mucho tiempo nos decían que teníamos que dejar a nuestros hijos algo digno, para disfrutar, y eso es lo que no hemos hecho. Les hemos dejado una mierda y detrás de esto están los intereses económicos, que son espectaculares. Tiene que haber políticos de verdad que se mojen el culo.

Debe dar pena vivir lejos de su tierra y oír hablar mal de ella por asuntos como este.
A mí me encanta cuando en mi tierra se ponen medallas. Cada vez que sale algo de la Región, me da orgullo, con mayúsculas, cuando veo cualquier persona relevante del deporte, el arte o la política. Siempre digo que ese es de mi tierra. Me gusta defender lo mío porque yo soy cartagenero, murciano, caravaqueño, jumillano y yeclano. Por eso me dolió mucho el otro día que viniera un vecino de mi barrio y me parara diciéndome que tenemos el mar así. Se me cayó el alma a los pies. Me decía que teníamos que irnos a Gandía, que el Mar Menor ese era una mierda. Y claro, te tienes que callar, pero me da coraje porque yo soy de allí. En Madrid de lo único que me hablaban era del terremoto de Lorca y ahora del Mar Menor. Y no sabes lo chungo que puede llegar a ser que le gente vaya diciendo que es es una balsa de mierda. Hay mucha gente que vive del Mar Menor y eso hay que mimarlo, que tenemos cosas que son de envidiar y tenemos que venderlas.

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