El deporte, en primera persona
Antonio Maestre Hernández, Regatista paralímpico

«No recuerdo nada del accidente que sufrí, pero me adapté rápido a mi nueva vida»

Es vecino de La Aljorra, sufrió un accidente de tráfico del que no recuerda nada. Sufre parálisis en el brazo y en la parte izquierda del tronco.

10.04.2016 | 18:28
«No recuerdo nada del accidente que sufrí, pero me adapté rápido a mi nueva vida»

. Hace cuatro años, Antonio Maestre Hernández (Cartagena, 2 de abril de 1985), que En lugar de quedarse en casa llorando, regresó al mar, donde había pasado gran parte de su infancia. Ahora lucha por estar en septiembre en los Juegos Paralímpicos de Río.

¿Ha hecho deporte toda su vida o fue a raíz de sufrir la discapacidad cuando comenzó?
Toda mi vida. En la vela empecé de pequeño, con seis años cuando veraneaba en Santiago de la Ribera, porque mi padre, que no sabía dónde meterme, me apuntó a los típicos cursos de verano y me gustaron mucho. Luego estuve unos años que no hice nada, pero después un amigo de mi padre se compró un crucero y me volví a picar.

¿Llegó a competir a un alto nivel?
Hacía vela de cruceros. He hecho la Copa del Rey, regatas largas como la Cartagena-Ibiza, varios trofeos de la Reina en Valencia y Castellón, y antes del accidente me estaba preparando el Mundial de J-80.

¿Pero solo hizo vela?
Hice un poco de todo. Jugué federado al baloncesto, fui portero de fútbol, hice bádminton... Mi madre jugaba al balonmano y mi tío al baloncesto, por eso el deporte siempre ha estado presente en la familia.

¿Y qué le ocurrió, qué accidente sufrió?
Sufrí un accidente de coche en la curva que hay entrando a Cartagena en la autovía en la Nochebuena de hace cuatro años. No recuerdo nada del accidente, sufrí amnesia total, y empezar una vida nueva fue un trauma. Los primeros meses los pasé fatal. Padezco parálisis del brazo izquierdo y de la parte izquierda del tronco.

¿Ha sido traumática la adaptación?
Reconozco que me he adaptado bien porque siempre he sido una persona luchadora. Al principio fue muy complicado, pero también es verdad que mi discapacidad no es muy grave para la vida cotidiana; un brazo es mucho, pero puedo conducir y andar. No es tan dura como otras discapacidades, pero a todo te tienes que adaptar porque vestirte con una mano, por ejemplo, es complicado.

Después de reubicarse, ¿cómo le llegó la oportunidad de competir en vela?
Porque hay una chica en La Unión, que es monitora de vela paralímpica, que me motivó a ello. Después del accidente había tirado la toalla, no quería hacer nada de deporte, pero se encabezonó y gracias a ella estoy aquí.

Usted logró para España la plaza para las Paralimpiadas de Río, pero no tiene el puesto asegurado. ¿Cómo se entiende eso?
Porque fui el primer español en el último Mundial y gracias a ello España tiene ya la plaza asegurada, pero al no quedar entre los ocho primeros países [acabó décimo] no tengo plaza directa. Está clasificado el país, pero no yo.

¿Y cómo lo tiene, fácil?
El problema es que la gente va con más presupuesto que yo, todos llevan barcos nuevos y el mío tiene ya diez años. Por ejemplo, me tengo que conformar con estrenar velas nuevas en las regatas, pero nada más.

Vamos, que va con palicos y cañicas.
La verdad es que sí, que voy con lo que se puede, pero si no creyera que fuera posible, lo habría dejado. El barco es viejo, pero veo que lo puedo lograr. Otro reto que también tengo es que si me clasifico para Río, no puedo ir con el barco que tengo porque han cambiado ciertas normas y no está adaptado. Vamos, que tengo que meterle dinero o buscarme que me den un barco de los nuevos.

¿Necesita mucho dinero?
Al ser primer español, tengo el apoyo de Iberdrola, pero el año pasado tuve que poner 15.000 euros de mi bolsillo y los ahorros se han acabado. Esta temporada me ha puesto el entrenador el Real Club de Regatas de Cartagena, Iberdrola me paga los hoteles, el transporte, un palo y las velas, que es mucho, y gracias a ellos puedo hacer el año.

Quince mil euros es una pasta.
Díselo a mi madre, que es un patrocinador muy cercano. Mira, la gente ve que no paro de un sitio para otro, pero no tiene en cuenta, por ejemplo, los largos viajes en furgoneta. De salir de fiesta, nada de nada, porque con lo que me gasto me da para comprarme un cabo nuevo.

Vamos, que hay que hacer muchos sacrificios.
Muchos. Y luego está la familia y la novia, a la que veo por fascículos. Como dice mi madre, que tengo un hotel por casa, al que llego, lavo ropa y me voy.

¿Se ha planteado fecha caducidad?
Seguro que después de los Juegos, ya que en Tokyo 2020 la vela no es paralímpica. Ahora lo que me planteo es notar una escuela de vela adaptada en Cartagena.

Pero debe ser caro.
Cuando el club tiene los barcos y una velas de serie, no es caro. El problema es hacer la inversión, pero hay mucha gente a la que le gustaría practicar este deporte. Las regatas de discapacitados son abiertas, es decir, que competimos contra gente sin limitaciones, que es algo que no puede hacer un chico que compite en pádel en silla de ruedas. Nuestro barco está adaptado y compites contra todo el mundo por igual, y eso pocos deportes lo dan.

¿Pero hay cada día más gente con movilidad reducida que se lanza a hacer deporte?
Sí, sobre todo porque somos más visibles. Un chico que está amargado en su casa y ve a otro que se lo está pasando bien en un barco, piensa que él también puede estar ahí. Las redes sociales han beneficiado mucho.

¿La crisis ha acabado con las ayudas?
Las empresas no dan un euro y la mitad de las cajas de ahorro han cerrado o se han fusionado con bancos. Ahora hay que buscar por todos lados. Mi proyecto es bonito, pero lo que pasa es que llegan quinientos a todas las empresas. Con muy poca gente tiene una empresa las ventajas fiscales que tiene conmigo.

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