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El Real Murcia vence con goles de Sergio García y Fran Moreno en los últimos 20 minutos

Los goles de Sergio García y Fran Moreno en los últimos 20 minutos resuelven un partido en un campo difícil y en el que el Real Murcia ofrece su versión más sombría - El líder no cede ante la presión de sus rivales en la tabla

08.03.2016 | 11:49
Los jugadores del Real Murcia abrazan a Sergio García después del gol que abrió el Triunfo murcianista en el campo de la Balona.

Hace 39 años que Televisión Española empezó a emitir toda su programación en color. Pero ayer, durante más de una hora, los aficionados al Real Murcia se vieron volviendo al pasado. El televisor, o la Smart TV para los más actualizados, les hacía viajar a La Línea sin moverse de su cómodo sofá, sin embargo, de un plumazo, los colorines habían desaparecido de la pantalla, todo se veía muy gris, incluso tirando a negro.

La camiseta del líder era la que salía especialmente perjudicada. El grana había dejado de formar parte de la paleta de colores del aparato. Y sin esa referencia visual, el ojo solo era capaz de intuir sombras, de recibir acciones imprecisas, sin sentido, en las que la velocidad de la pelota, siempre en el aire, triplicaba a los movimientos de los cuerpos.

Todo lo contrario ocurría con la elástica de los jugadores de la Balompédica Linense. Sus líneas blancas y negras se salían de la pantalla, especialmente a partir del minuto 10. Solo Javi López, el elegido por Aira para sustituir al sancionado Germán, sacó provecho a su mejor virtud, la de estorbar. Porque esta vez no lo hizo en el área contraria sino en la propia, la defendida por Fernando. Cuando Espinar remataba un buen centro de José Ramón, el extremo malagueño se cruzaba en el camino del balón para enviarlo a córner. Y en la esquina, donde acababan todos los balones que se aproximaban a la puerta murcianista, se montó la Balona una habitación de lo más agradable. Pero el Real Murcia, aunque triste y desorientado por jugar en una alfombra de imitación y en una zona en la que se siente la fortaleza del Atlántico, aguantó las insinuaciones locales. Y en los momentos en los que estuvieron a punto de caer, de ceder a las presiones, que incluso llegaban de varios puntos del mapa –Murcia, Sevilla y Cádiz–, ahí estaba Fernando para purgar todos sus pecados.

El Real Murcia de Aira empezaba y acababa en su propia área. Su incapacidad para tomar el mando era evidente. Ni Armando, que ayer volvía al centro del campo, ni Rafa de Vicente eran capaces de destacar en un centro del campo poblado de futbolistas locales. Y, con ese panorama, los pelotazos desde la defensa dejaron de ser un posible recurso para convertirse en una solución. Ni Chavero, cabezota como él solo, lograba sentirse cómodo. Las imprecisiones retumbaban en los oídos de los jugadores murcianistas, que deambulaban sin un objetivo claro. O por lo menos sin mirar a Carlos Álvarez y Azkorra, los grandes perjudicados del juego sombrío que se estaba viendo por parte de los visitantes. Javi López fue el único que en los primeros cuarenta y cinco minutos intentó sacar cabeza, atreviéndose incluso con una 'ruleta' propia de Zidane. Cuando no estaba ayudando a José Ruiz a frenar las arremetidas de la Balona, el malagueño intentaba aprovechar la nueva oportunidad que recibía. En el minuto 13, en un centro colocado al área por Hostench, obligaba al meta Lolo a tirar de altura para enviar el balón a córner. Posteriormente buscó a Carlos Álvarez, pero el asturiano, intentando peinar a Azkorra, cedió a un defensa local. Y también lo probó en una falta que fue mansa a las manos de Lolo. Mismo lugar donde acabó un tiro de Azkorra unos segundos antes del descanso.

La pequeña mejoría de los instantes finales de la primera parte se quedó en el vestuario. Los granas volvieron a salir depresivos, lo que la Balona quiso aprovechar. Pero, por primera vez en el partido, empezaron a aparecer los colores en el lado grana. Especialmente el naranja cantoso de la camiseta de Fernando. El murciano, que volvía después de cumplir un partido de sanción, se lucía para salvar un disparo de Chico en el minuto 54.

El susto obligó a Aira a mover las piezas. El técnico, que en el descanso había sustituido a Tomás Ruso por Sergi Guilló, decidía prender la mecha. «El objetivo era hacer el partido largo y esperar nuestra oportunidad», decía en la rueda de prensa posterior al encuentro. Y una vez conseguido lo de alargar el encuentro –porque mira que se hicieron largos los minutos–, era la hora de sacar los tres puntos.

No las tenía todas consigo el leonés, que en las últimas jornadas había visto como sus opciones de banquillo estaban perdiendo toda su chispa. Pero, una vez más, la suerte estuvo del lado del líder. Tanto Sergio García como Fran Moreno consiguieron lo que España no ha logrado. Y eso no es otra cosa que conquistar de un golpe Gibraltar. Porque, a unos metros del Peñón, el cántabro y el navarro apenas necesitaron doce minutos para clavar la bandera murcianista y mandar un mensaje a los que ya se creían demasiado cerca.

La entrada de Fran Moreno no pudo ser más positiva. El pamplonés, secundario tras su lesión, saltó al campo con las tizas de colores en el bolsillo, y con una idea clara, compartirlas con un Sergio García que también ha perdido la sonrisa en las últimas semanas. Y en apenas unos segundos, como decía la canción de Diego Torres, los dos centrocampistas granas salieron del televisor para devolver el color esperanza a los aficionados.

Fue en el minuto 79, unos segundos después de que Fran Moreno ocupase el puesto de Azkorra, cuando el navarro cedía a un Sergio García que se inventó un precioso disparo ante el que nada pudo hacer Lolo. El gol no solo hizo que las televisiones de los murcianistas recuperasen de golpe todo su color. Y la primera imagen que se vio no pudo ser más significativa. Ahí estaba el susto desapareciendo del rostro de José Manuel Aira.

Ya solo quedaba aguantar, y eso se le da bastante bien al líder, que una vez más sobrevivía en la adversidad. Incluso Fran Moreno obtuvo un segundo premio, el del gol que servía de postre a una tarde demasiado gris.

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