El deporte, en primera persona

"De niño solo quería jugar al fútbol y mi padre me 'obligó' a ir al baloncesto"

José Antonio Marco Gaona siempre será recordado en Murcia por ser el héroe del partido que le dio la permanencia en Zaragoza al CB Murcia en la ACB en mayo de 2010

06.03.2016 | 14:29
"De niño solo quería jugar al fútbol y mi padre me 'obligó' a ir al baloncesto"

Ahora sigue disfrutando del baloncesto en Cáceres, donde se ha convertido en uno de los ídolos de una afición con tradición, pese a que de niño solo quería jugar al fútbol.

¿Cuánto tiempo lleva ya fuera de casa?
Pues me fui con 15 años a Sevilla y estuve allí hasta los 18. Después fueron los tres años de ACB en Murcia y posteriormente he estado en Melilla, Tarragona y ahora en Cáceres, donde llevo también tres años. Además, todos los veranos y en Semana Santa estaba con las selecciones españolas de base, es decir, que siempre he llevado un ritmo un poco alto. 

Me han comentado que también está estudiando.
Sí, estoy haciendo Ciencias del Deporte, que si todo va bien, acabaré el año que viene. Tengo la facultad en Cáceres y me pilla perfecto porque se puede compaginar el deporte con los estudios. 

Pero compaginar hasta cierto punto, ¿no?
Claro, el problema principal es que no puedo asistir a clase, pero siempre hay compañeros que te van informando del día a día y te pasan buenos apuntes.

¿Siempre ha sido buen estudiante?
En mis inicios era bueno. Encima, como estaba en el colegio del que es director mi padre, el CEI, en el paseo del Malecón, estaba enfilado. Cuando me fui a Sevilla empecé a flojear un poquito, y después, los tres años de ACB en Murcia, fue súper complicado estudiar por el nivel de entrenamientos tan alto.

¿Su primer recuerdo en el baloncesto?
En el pabellón de San Basilio y en las pistas del José Barnés. Empecé en la escuela del CB Murcia. 

Su padre fue muchos años el delegado de campo.
Sí, pero yo empecé antes de que mi padre fuese delegado de campo, porque él se metió a raíz de entrar yo en las categorías inferiores con ocho o nueve años.
 
¿En su casa había tradición baloncestística?
No, mi familia era de fútbol. Mi hermano llegó hasta Tercera División y mi padre también jugó al fútbol. Yo lo que quería siempre de niño era jugar al fútbol y en el colegio siempre estaba con el balón.

¿Y cómo fue empezar a tirar a la canasta?
Porque mi padre, entre comillas, me obligó a jugar al baloncesto, pero yo solo quería fútbol. Fue todo empezar, gustarme y aquí me tienes aún.

¿Cuándo se dio cuenta de verdad de que podía llegar lejos?
Cuando di el salto a las selecciones españolas fue cuando me di cuenta de que podía llegar a ser jugador de baloncesto, pero el paso definitivo fue cuando me fui a Sevilla porque en Murcia, por desgracia, aunque sea un poco duro decirlo, el nivel de competición en categorías inferiores era flojillo.

Jugó tres temporadas en ACB en Murcia pero solo se acuerdan de usted por el partido de la salvación en Zaragoza. ¿Qué recuerdo tiene de aquello?
Recuerdo que el lunes, cuando empezamos la semana, nos dijeron que Chris Thomas se había ido, que había argumentado excusas para no ir a entrenar. En ese momento ya sabía que tenía que jugar sí o sí. Durante la semana estaba tranquilo y conforme se acercaba el partido sí que iba notando un poco más la tensión. Pero justo cuando los árbitros pitaron el inicio se acabaron los nervios, estaba súper tranquilo, muy seguro y ayudó que el equipo y yo empezáramos bien.

¿Y por qué nunca le dieron más confianza?
Bueno, sería una pregunta para los entrenadores. Tampoco me fui de Murcia con una espina clavada, sino contento con el cómputo global y por haber jugado en ACB en el equipo de mi tierra. El recuerdo que siempre me quedará es el partido de Zaragoza, que va a estar ahí para el resto de mi vida. Sí que es verdad que hubo épocas en las que jugaba poco o nada y quizás lo que me faltó fue tener menos altibajos. Era muy joven, tenía 19 o 20 años, y tantos vaivenes son muy complicados, pero no guardo rencor a ninguno de los entrenadores que he tenido, estoy contento y agradecido. 

¿Murcia es una etapa cerrada?
El futuro nunca se sabe, pero a día de hoy estoy súper a gusto en Cáceres por temas deportivos y personales. Claro que me gustaría volver, pero tampoco es algo que tenga entre ceja y ceja.

¿Guarda la camiseta del partido de Zaragoza?
Pues no lo sé. Tengo cajones y cajones de ropa guardada de todos los equipos en los que he estado, y mis padres son los únicos que pueden saber si está por algún sitio. Pero yo más que guardar camisetas, me quedo con el recuerdo que tengo en el interior.

¿Se toma ahora el baloncesto de forma diferente?
Sí, esto ha cambiado mucho en la cuantía de los contratos, hay unas diferencias espectaculares. Ahora el sueldo de un jugador en LEB Oro te permite, si tienes mujer e hijos, vivir al día, y solo si estás soltero y tienes un poco de cabeza, puedes ahorrar algo.

¿Hay jugadores mileuristas en LEB Oro?
Va un en función de los equipos y los jugadores, pero te puedo decir que un jugador medio de la liga se puede dar con un canto en los dientes si está entre los 1.500 y los 1.800 euros. 

Si eso se pagaba hace años en Liga EBA.
Cuando estaba en Sevilla había jugadores que cobraban 2.800 euros en EBA y ahora eso es un pelotazo increíble. Exceptuando algún jugador de Melilla, Lugo o Mallorca, el resto está entre 1.500 y 1.800.

La crisis ha puesto los pies en la tierra a muchos.
Está claro que sí, pero es que lo de antes era exagerado, aunque tampoco es lógico que hoy en día haya jugadores en algunos equipos por menos de 800 euros. Eso no pasa en Cáceres, pero sé que hay otros equipos que se aprovechan de estas situaciones.

¿Hay buen ambiente en Cáceres?
Cáceres siempre ha sido una ciudad de baloncesto, el equipo ha estado muchos años en ACB y el fútbol nunca ha estado en divisiones altas. A los partidos suelen ir 2.000 o 2.500 personas, que está muy bien.

Pero para mí lo mejor de Cáceres es el jamón.
Y el chorizo y el salchichón. Hay que tener cuidado porque te pones a comer y no paras.

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