FÚTBOL. Segunda B
UD Melilla11Real Murcia
 

El Murcia sobrevive a la ventisca

08.02.2016 | 04:00
El Murcia sobrevive a la ventisca

Un punto fue el botín que se llevó el Real Murcia de Melilla, escaso por la situación de un rival situado en la zona baja de la tabla, pero suficiente para seguir sumando y para mantenerse fuerte en el liderato. Se le resiste el Álvarez Claro a los murcianistas, que no saben lo que es ganar en el estadio melillense. Quizás una victoria habría aclarado aún más el panorama de los murcianos, sin embargo su colchón en lo más alto de la clasificación parece suficiente como para no tener que echarlos de menos. También es cierto que pese a la mala clasificación de los melillenses, precisamente por esa coyuntura, su necesidad de puntuar le convertía en un rival en absoluto desdeñable, de ahí que el Murcia no pasara del empate. Al final, lo positivo, además del punto, es que aumenta a catorce las jornadas consecutivas sin perder y se afianza en la primera posición. El fuerte viento que sopló durante la mañana de ayer en el Álvarez Claro tampoco ayudó, convirtiendo cualquier intención de jugar en imposible, sobre todo en la primera parte, donde los de Aira tuvieron que luchar con el viento en contra.

Con Rafa de Vicente de vuelta al once titular, en lo que era un aviso de que los visitantes querían apostar por tener el balón a diferencia de lo ocurrido hace una semana ante el Betis B, el Real Murcia salió mentalizado de que iba a disputar posiblemente un partido feo y áspero. Entre el fuerte viento y las urgencias del Melilla, el Murcia tuvo que adaptarse a las circunstancias y ofrecer su imagen más bronca. Porque en la primera parte la salida del Melilla puso a los granas en alerta. Los de Aira advirtieron de que el Melilla salía a morder y por ello combinaron el trabajo con el talento. El Murcia contrarrestó la intensidad del Melilla con su mejor técnica y siguió el guión de su mejor fútbol, triangulando y buscando la profundidad para generar ocasiones de gol. Richi dispuso de la primera ocasión mientras el juego de los murcianistas superaba al de un Melilla con más ilusión que recursos.

Sólo habían pasado quince minutos cuando los locales se adelantaban en el marcador por medio de David Cubillas, que recogió un rechace del poste tras una acción desgraciada de Satrústegui –que se confió en exceso– y ponía a los murcianos en una situación incómoda, obligado a jugar una vez más con el marcador en contra. Pero, en los minutos siguientes, no hubo reacción y el Murcia atravesó por malos momentos, con un fútbol de imprecisiones y con muy poco sentido a sus acciones. El viento seguía haciendo de las suyas, lo que impedía a los granas poner orden al juego y tener el control.

El Melilla dominaba y merodeaba el área murcianista con cierto peligro. José Manuel Aira se desesperaba y fruto de ello acabó siendo expulsado antes de que finalizara la primera mitad junto al delegado Antonio Morote.

El Melilla utilizó entonces el fútbol en su versión menos estética para frenar al Murcia. Los de casa querían conservar el botín a la vez que desconectar a los murcianos del partido. Y lo lograron en cierto modo, rompiendo el ritmo de un Murcia que se atascaba en el centro del campo y al que le costaba encontrar una salida diáfana a sus acciones.

Pero no se rindieron los de Aira, que poco a poco fueron reponiéndose. Fue un trabajo duro y de mucha paciencia, hasta que en el tramo final del primer período la balanza se inclinaba para los granas, que pudieron haber empatado con un remate de Azkorra a la media vuelta dentro del área que el portero local despejó a córner. Pero los granas tenían que esperar para conseguir la igualada.

El descanso vino bien para armar la estrategia. Quedaban cuarenta y cinco minutos para levantar el encuentro y el Murcia salió mentalizado para ello. Ahora, era el Melilla el que tenían que enfrentarse al viento, que soplaba de cara para los murcianistas. José Manuel Aira ayudó a impulsar el cambio de imagen. Su primer movimiento dejaba claras sus intenciones. No estaba dispuesto a volver a casa sin algo positivo del Álvarez Claro.

Intentando aprender de lo ocurrido una semana antes en Sevilla, el técnico murcianista aumentó las fichas en ataque, pero para ello no perdió potencial en el centro del campo. Y es que, a los diez minutos de la reanudación, el que dejaba su sitio a Sergio García era el central Eneko Satrústegui. Armando, que en un momento del encuentro se sacó de la chistera un sombrero precioso, tendría que añadir a sus funciones de centrocampista la de central.

El objetivo era por lo menos un gol, pero el Melilla no lo ponía nada fácil. El equipo de Aira, con un Rafa de Vicente más que paciente para intentar enseñar a sus compañeros el camino, tocaba el balón y elaboraba la jugada con sentido, sin caer en la precipitación, más allá de algún disparo lejano o del recurso del balón parado.

Pero los minutos iban corriendo y Dani Barrio apenas pasaba apuros. Habían entrado Isi y Arturo, dos jugadores que llevan añadido a su nombre la palabra 'revulsivos', y José Manuel Aira ya había gastado todos sus comodines. Sólo dos minutos después de la entrada del abaranero y en una acción iniciada por Isi, Alejandro Chavero, que había sido un ejemplo de ambición durante todo el encuentro, se sacaba un certero disparo desde la frontal que llegaba hasta las redes del Melilla.

Pero el gol no era suficiente. Quedaban casi quince minutos para el final y el Murcia quería otro gol, que un triunfo que ya se escapó hace una semana en la Ciudad Deportiva del Betis B. Y los granas, volcados en ataque, tuvieron ocasiones para lograrlo. Cada vez que Chavero entraba en juego, la defensa local temblaba. El catalán estaba inspirado, demostrando que no le gusta perder, que siempre quiere más, y en otra acción se sacó un disparo que obligó a Barrio a estirarse para sacar el balón de la misma escuadra.

El Melilla, agazapado en su área, quedaba a merced de los visitantes, muy ambiciosos en busca de conseguir una nueva victoria a domicilio. El gol del triunfo lo tuvo Isi en el último suspiro, pero el ciezano no tomó la mejor decisión, y su flojo disparo fue manso y calmado a las manos del meta local. Al final no pudo ser, pero no fue porque el líder no lo intentara.

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