El deporte, en primera persona
Juan Francisco Fuentes Zamora
Entrenador de fútbol sala 

"No he podido ser profeta en mi tierra, pero no descarto serlo en un futuro"

Juan Francisco Fuentes Zamora es uno de esos jóvenes que han tenido que emigrar para ganarse la vida en el deporte. La temporada pasada fue campeón de liga en Kuwait con el Kazma y ahora dirige al equipo de Italia más laureado, la Luparense.

22.11.2015 | 14:45
"No he podido ser profeta en mi tierra, pero no descarto serlo en un futuro"

¿Cómo empezó a entrenar a equipos de fútbol sala?
Esta es mi decimonovena temporada seguida. Me inicié en las bases de ElPozo cuando tenía 18 años porque me llamó Antonio Emilio Huelbes para que fuera segundo entrenador de los infantiles y después, como se tuvo que ir tres meses fuera por temas de estudio, me quedé a cargo del equipo. En la segunda temporada ya me dieron el infantil B y a partir de ese momento fui subiendo.

¿Pero usted jugaba al fútbol sala?
No, yo jugué al fútbol hasta juveniles y sí que un compaginé el fútbol y el fútbol sala, donde llegué a jugar en la selección murciana. Mi última temporada de juveniles fue la primera como ayudante de entrenador y después ya me dejé el fútbol y me dediqué a entrenar.

¿Dónde y de qué jugaba?
Habitualmente jugaba de interior izquierdo. Las dos últimas campañas de juveniles estuve en la Nueva Vanguardia, pero también estuve con anterioridad en el Ranero y en el Cordillera.

¿Y cómo se enganchó al fútbol sala?
La verdad es que fue la época del boom de Paulo Roberto y las amistades que tenía nos enganchamos al fútbol sala. Después surgió la oportunidad de entrenar y así empecé, pero quién me iba a decir a mí que después de 18 años iba a estar aquí.

Su primera experiencia fuera de España fue en Kuwait. ¿Qué nivel tiene la liga allí?
El fútbol sala tiene que crecer mucho allí porque son pocos los equipos que compiten, ocho o nueve, y solo cuatro o cinco tienen un nivel aceptable. En cada equipo hay dos jugadores extranjeros.

Pues a usted le fue bastante bien.
La verdad es que sí. El año pasado fuimos campeones por primera vez en la historia del club. Era la sexta temporada de la liga de Kuwait y mi club nunca había llegado ni siquiera a una final.

¿Pagan bien?
Pagan un poco mejor que en España e incluso que en Italia, pero hay que estar allí para vivirlo, no regalan nada.

Aquí llega de Kuwait la imagen de un país muy rico, de mucha ostentación. ¿Es así?
Sí, pero los árabes son gente que hay que saber tratar, no les falta dinero, pero no lo van regalando así porque sí. Se vive muy bien, tienen todos muy buenos coches y casas, y es un país con grandes centros comerciales, con mucho lujo, que vive de las compras.

¿Para crecer como entrenador no le quedaba más remedio que irse a entrenar fuera?
Me vino bien la experiencia de Kuwait para curtirme. Allí, si alguna vez no ganas un partido, te llaman para reunirse y pedirte explicaciones. No tienen cultura deportiva y piensan que con el dinero lo compran todo. Fue una experiencia diferente en un país donde tienes que ingeniártelas para hacer entender a los jugadores este deporte porque no tienen una educación deportiva de base.

Y ahora un reto en un grande de Italia.
Sí, estoy en un club histórico en horas bajas en una liga con mucho más nivel que en Kuwait, que es junto a la española, la rusa y la portuguesa, de las más fuertes.

Usted está comprobando lo difícil que es ser profeta en su tierra.
Bueno, no sé si el dicho a veces se cumple o no, pero mi caso es conocido por todo el mudo. Yo estuve trabajando muchos años en el filial de ElPozo y fui ayudante del primer equipo, pero llegó un momento en que tanto el cuerpo como la mente me pidieron más. Había llegado el momento para dar el salto y en ElPozo está Duda, del que todos conocemos su capacidad. Tenía dos opciones, quedarme donde estaba y que pasasen los años, o bien dar el salto. A día de hoy no he podido ser profeta en mi tierra, pero no descarto que en un futuro lo sea.

¿Cuándo decidió que quería ser profesional?
Cuando empecé con 18 años no pensé que iba a ser profesional, pero conforme pasaban las temporadas, me fui metiendo y cuando cogí el equipo de Segunda División con 25 o 26 años, empecé un poco a creérmelo. En el fondo no es una decisión que tomas, sino que el camino que coges te lleva a ello. Me saqué la licenciatura en Educación Física, pero siempre me tiró más la faceta de entrenador que de preparador físico.

¿No ha tenido oportunidad de entrenar en la Primera División española?
La única oferta que tuve el pasado verano fue de Zaragoza, que me llamaron a final de mayo, pero la descarté porque iba a continuar dos temporadas más en Kuwait. Había llegado a un acuerdo verbal con mi club, pero todo se torció por un problema que hubo con un jugador brasileño que se lesionó y que denunció al club ante la FIFA porque no querían pagarle. Y como el jugador pertenece al mismo grupo de representación que el mío, los árabes decidieron cancelar todos los contratos. Eso fue en septiembre y me quedé fuera de mercado. Entonces decidí esperar un poco de tiempo hasta que ha llegado la oportunidad de entrenar en Italia.

¿Siendo tan joven, alguna vez le ha costado trabajo que los jugadores le respeten?
Siempre he tenido jugadores en mis plantillas de mi edad, pero jamás he tenido ese problema.

¿Entrenador dialogante o de látigo?
Yo soy más de diálogo y de ganarme al jugador con argumentos. El látigo solo lo saco cuando es necesario porque pienso que es la mejor forma de trabajar con el jugador. A base de gritos o por que lo mando yo se obtiene rendimiento a corto plazo, pero no a largo plazo. Con el grito llega un momento en que el jugador se acomoda a ello y cuando estás cabreado no lo sabe diferenciar. Por eso, el día que me cabreo y pego cuatro gritos ya saben todos que aquí pasa algo.

¿Lo más duro de estar fuera es dejar aquí la familia o con Skype se hace más llevadero?
La tecnología ha hecho que todo sea más ameno, no como antiguamente, que teníamos que comunicarnos por carta, pero sí que tienes que pensarlo cuando tienes hijos porque todo cambia. Al final a un entrenador le pueden salir bien o mal las cosas y por eso siempre tenemos que tener la maleta preparada.

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