ÁNGELA MORENO
Un equipo de fútbol es comparable a una muñeca recortable. Lo difícil no es reunir las piezas, sería simplemente elegir una camiseta, un pantalón o una falda y unos bonitos zapatos, sino crear una combinación que sea lo más estilosa y atractiva posible. Ahora traslademos el juego al césped, sustituyamos a la muñeca por el Real Murcia, a sus prendas por jugadores y convirtamos en diseñador al entrenador. Y ahí comienzan los problemas y en el caso del fútbol llegan las derrotas.
Cada jornada que pasa, Iñaki Alonso da una vuelta de tuerca a su once titular, lo viste con un conjunto diferente, pero lo único que consigue es demostrar que lo que necesita este equipo es apostar por un estilo y dejar de depender tanto de lo que plantea el rival, especialmente si actúa como local.
Si el preparador murcianista ya salió escaldado del último partido en Nueva Condomina, donde el Recreativo se aprovechó de la racanería grana para conseguir una goleada, ayer ante el Elche la cosa no fue muy distinta. En esta ocasión, Iñaki Alonso sí apostó por el juego por bandas con Sutil y Pedro, pero a cambio cortó cualquier intento de creación por el centro del campo, dejando a Richi y Emilio Sánchez, los únicos jugadores con un poco de criterio en esa zona, en el banquillo.
La apuesta, para sorpresa de todos, no pretendía ganarle al Elche con fútbol, sino aprovechar los balones largos, esos que tan buenos resultados daban en una categoría tan difícil como la Segunda B, para que los delanteros, ayer dos –Cristian y Chando–, se dejasen la vida. Lo que no supo adivinar el de Durango es en el buen partido que se marcaron Etxeita y Rodas en el centro de la defensa ilicitana.
Los dos zagueros leyeron a la perfección las intenciones de los murcianistas y ni dejaron ventaja a los delanteros, una jornada más inéditos, ni cedieron un metro en los balones por alto. Así que sobran dedos de una mano para contar las ocasiones del Murcia a lo largo de noventa minutos.
Sólo Sutil, que a veces debería olvidarse de los árbitros y pensar en aportar más en vez de tirarse tanto, y Emilio Sánchez probaron a Juan Carlos en la segunda parte, aunque ni los disparos lejanos del andaluz ni los lanzamientos de falta del albaceteño pusieron en aprietos a los de Bordalás. Antes del descanso, la mejor ocasión murcianista fue obra de Molinero, cuyo disparo lejano tocó en un defensa y se envenenó, aunque el meta del Elche supo responder a tiempo. Por su parte, Oriol, al rematar de cabeza una falta botada por Pedro, conseguía uno de los pocos, por no decir el único, remate dentro del área.
No es que el Elche hiciese mucho más, pero por lo menos se presentó en Nueva Condomina, manejó el encuentro como quiso, algo que ya hizo hace unas semanas el Recreativo de Huelva, y aprovechó los errores murcianistas para sentenciar el partido. Luego, al contragolpe, dispuso de opciones para golear, aunque no tuvo la pegada anterior.
Si la alineación de Iñaki Alonso ya hizo que se escuchasen los primeros susurros en la grada, que chirriasen esas butacas en las que uno no se acaba de encontrar cómodo por los nervios, el gol de Rúper, que llegó después de una perdida de Iturra, fue un auténtico palo. Sobre todo porque el Murcia ya parece haber agotado los regalos divinos. Y, como dice una canción versionada ultimamente por David de María, los granas juegan demasiado «pendientes del hilo que mueve algún dios».
El Elche ya tenía lo que quería y, además, se encontró con la ventaja de que nadie intentó ´robarle´ el triunfo, o como mínimo complicárselo. Bastante tenía el Murcia con encontrarse a sí mismo o por lo menos con buscar alguna excusa que sea aceptada a pies juntillas. Nada funcionaba. Iturra sigue demostrando que no es la panacea, unos cuantos robos y poco más, eso siempre que no pierda los pocos balones que consigue; Pedro parece tener otras muchas cosas en las que pensar –ayer prefirió pelearse con sus botas, o con los tacos, o algo parecido–; Cristian García, a falta de balones, se entretiene buscando enemigos y de Chando, para qué hablar, sigue progresando adecuadamente.
Con el partido roto, aunque siempre en la mano del Elche, Xumetra hizo un roto a Iván Amaya para servir a Generelo, quien no falló lo que previamente sí había errado Kike Mateo –para qué hacer sangre pensaría el murciano–.
Toca reaccionar para volver a luchar con los mejores. Y el Murcia ya ha demostrado que puede hacerlo, pero lo cierto es que las malas o nulas sensaciones de los últimos partidos lo único que hacen es dar la razón a Iñaki Alonso cuando hace cuatro semanas afirmaba que «tener 32 puntazos es un milagro».