DIONI GARCÍA
Ni la pancarta ´El rey se come a la dama´ ni el riego que recibió el césped de Nueva Condomina en la segunda parte en la zona de ataque del Real Murcia, consiguieron cambiar la dinámica negativa del equipo de Iñaki Alonso en Nueva Condomina. Son ya muchos los puntos que se han escapado en casa y eso deja helado a cualquiera, al margen de la temperatura de ayer. «Si es que no hemos jugado a nada», decía un seguidor ya veterano a la salida del estadio, mientras que otro se lamentaba amargamente de la floja defensa y el nulo poder creativo del centro campo. Pero seguro que los que salieron con peor sabor de boca fueron los peñistas que se tiraron horas y horas en la sede de la Fepemur durante la semana elaborando esa preciosa pancarta que mostraron antes el inicio del encuentro.
El Rey, el Real Murcia, no estuvo a la altura de las circunstancias, pero la Dama, el Elche, tampoco tuvo que hacer nada del otro mundo para llevarse el gato al agua. Porque el partido tuvo poca historia, mejor dicho, poco juego, sólo el que puso el Elche a ráfagas, como el viento frío que entraba en el coliseo grana, que a veces soplaba y otras daba una tregua a los helados 9.315 espectadores que acudieron ayer a la cita, que fue más temprano de lo habitual, a las cuatro de la tarde en lugar de las seis.
En todo derbi de rivalidad hace falta presencia masiva de las dos aficiones. Los granas respondieron y los ilicitanos también. Los visitantes fueron los que mejor se lo pasaron, entre otras circunstancias, porque durante todo el choque recibieron los cálidos rayos del sol, como los seguidores que se ubican en la despoblada de la grada lateral, y vieron a su equipo ganar. La asistencia de casi un millar de seguidores de la Ciudad de las Palmeras provocó mayor presencia de policía de la habitual. Apenas tuvieron trabajo, tan poco como el portero del Elche, aunque sí que desalojaron a un componente de la peña Jove Elx, lo que provocó que el resto de sus compañeros optaran también por abandonar el estadio.
Sobre el terreno de juego, dos murcianos, uno por cada equipo. Óscar Sánchez, el capitán grana, volvió a ver una cartulina amarilla y estuvo en la línea de sus compañeros, gris; el otro, Kike Mateo, franjiverde que reside en Sangonera y que es cuñado de Isaac Jové, le perdonó la vida a los murcianistas en una oportunidad que tuvo con 0-1 y encima acabó sustituido por lesión. Entre los murcianistas había un futbolista que estaba de estreno, el ayer central Oriol Lozano, quien no pudo dedicar la victoria a su hijo recién nacido.
En el palco estuvo de nuevo Jesús Samper –se perdió la derrota ante el Recreativo de Huelva–, quien estuvo acompañado por todo su consejo de administración y algunos diseñadores de la Paramount que estos días se encuentra en Murcia. Otro invitado de excepción fue el alcalde de Puerto Lumbreras, Pedro Antonio Sánchez, quien saludó antes del choque a Pedro Alberto Cruz, el consejero de Cultura y Turismo, que tampoco faltó a su cita. Todos salieron con mala cara, como los seguidores murcianistas, que tras el 0-2 abandonaron de forma masiva las gradas. En esta ocasión no había lugar a esperar más tiempo porque las sensaciones eran muy malas. Nadie confiaba en que se repitiera la historia del Alcoyano, pero los que aguantaron la emprendieron con el ilicitano Bilic, quien tras el segundo tanto, se encaró con algunos jugadores murcianistas. Después, en vestuarios, dijo que «me han dicho cosas muy feas» mientras calentaba y que por ello, a la vez que su compañero Generelo celebraba el tanto, no dudó en enfrascarse en una discusión con varios murcianistas, una bronca a la que se sumó con sus protestas un sector de seguidores que estaban en ese fondo.