YAYO DELGADO
Empezar el año ganando 0-2 es de esas cosas que hacen que el alma sonría al mundo, y que las horas de sueño sean plácidas y suaves. Tan bueno como ganar fuera el primer partido de la temporada es empezar la cuesta de enero con tres puntos más en el casillero, para los hinchas, digo, para el equipo lo es mucho más. La confianza, ese valor que hace del fútbol algo más manejable por encima de todo lo demás, es el mejor regalo de Reyes para este Real Murcia de plantilla irregular. El partido con el Nástic nos dejó una variable más, la enésima de la temporada, suficiente para llevarnos el partido, sobre todo, otra vez, gracias a un Alberto Cifuentes que más allá del renacimiento de entre sus cenizas, parece empeñado en convertirse en otro de los grandes porteros que llevaron a la Gloria al Real Murcia.
Óscar Sánchez es interior. Menuda novedad. Párraga por detrás y el equipo se estiró igualmente, y de un disparo suyo llegó el gol de otro jugador que tiene el camino hecho delante de sus botas para llegar al centro del corazón grana. Cristian paseaba esta Navidad en manga corta por Alfonso X El Sabio, en uno de esos días de aperitivos largos y villancicos, abrazado a su chica. Los murcianistas le dábamos una palmada en el hombro y le saludábamos al cántico de Ruso, Ruso, Ruso, Ruso de mi vida, Ruso de mi corazón, y él saludaba sonriente, cauto y con un gesto de saber que este es un camino que no quiere desaprovechar. Su segundo gol en el minuto noventa largo de partido es, como alguien dijo en Twitter, digno de la más alta escuela holandesa de delantero rápido y técnico. Si los dos goles del Ruso no son otro fichaje de invierno que vengan los maestros del ostracismo a rebatirlo. El Ruso ya es murciano.
El Real Murcia ganó con la inercia de dos o tres aciertos, además, otra vez, obligados por las lesiones. No damos con ese once tipo que se fije, pero sin embargo seguimos desarrollando nuestra temporada con un plantillón de 16 futbolistas que se sienten titulares, y en esto, vuelve Albiol a estar ahí, un tipo que aún tiene en sus venas ganas de resarcirse viejas heridas superadas, y que en el banco es de los que hace tanto como si estuviera jugando, que el buen rollo es esencial para moldear la confianza que busca el fútbol, y más en esta verdadera categoría, donde los veinte ganan y nadie se rasga los calzones.
Con todo esto, y algún pesar, como la intermitencia de Aguilera, las lesiones y las recaídas o el fantasma del desvío de objetivos y metas, o los puntos en casa, el Real Murcia es el líder de su liga. Si, el líder. Comanda la clasificación de quienes optan a una temporada tranquila en la categoría donde el fútbol sigue siendo fútbol. Con 29 puntos, a cuatro del play off y a once del descenso, cumplimos con el objetivo a rajatabla, antes de la primera vuelta. Se viene partidazo con el Córdoba, con la oportunidad de quitarse el fantasma de los puntos en casa, y seguir aspirando a ver si ese no renunciar a nada se convierte, poco a poco, en realidad. Vale.