Pegaba fuerte a media mañana el sol sobre el box de Ferrari cuando el espíritu olímpico invadió el garaje. A manos de Fernando Alonso y de Felipe Massa llegó la antorcha que tenía parada y fonda en Bahrein para simbolizar el banderazo de salida al campeonato más abierto que se recuerda en años.
La simbólica llama recorrió 24.000 kilómetros hasta llegar al circuito de Sakhir. Madrid, Santander, Londres, Moenchengladbach (Alemania), Maranello, Sao Paulo y por fin, Bahrein. Junto al F10 sonreía Emilio Botín, presidente del Banco Santander, promotor del paseo mundial de la antorcha de la Fórmula 1.
Fernando Alonso cumplió con el deber, sonrisa de profesional, antes de ponerse frente a los micrófonos, citado para la primera comparecencia de la temporada. Empieza el asturiano un largo periplo que le tendrá lejos de casa durante dos meses. Ahora es en el golfo pérsico, pero luego esperan Australia, Malasia y China, cuatro carreras lejos de Europa para calibrar su nueva etapa profesional.
Llega feliz después de un febrero de entrenamientos por España, orgulloso del trabajo desarrollado y satisfecho con el Ferrari que lleva entre sus manos. "Estoy preparado para ganar, es para lo que he trabajado muy duro todo el invierno".
La adaptación de Alonso a Ferrari ya es total. "Cuando llegas a un equipo nuevo pasas primero un periodo de acoplamiento. La gente es nueva y la forma de trabajar diferente. Pero todo ha ido muy bien desde el primer día y llegamos a la primera carrera con una buena preparación y listos para la batalla".
Pero no son las primeras victorias las que más inquietan al piloto español, que tiene su tercer título entre las metas de su primer año bajo es escudo del cavallino. "No quiero ser el campeón del mes de marzo y sí el de noviembre. Es nuestro objetivo y no será sencillo pero sabemos que habrá que trabajar muy duro durante diez meses".