JAIME ZARAGOZA
El equipo que entrena Rafael Muñoz volvió a sumar tres puntos lejos de El Mayayo argumentando en el casi centenario campo de El Rubial mucho oficio y experiencia. Los visitantes sacaron petróleo del partido que los enfrentó al Águilas, ya que lograron los tres puntos teniendo escasas ocasiones de gol y ya pueden soñar con cotas más altas que la permanencia. En contraposición se encuentra el equipo costero, al que la derrota lo deja tocado en la línea de flotación, con una vía de agua que necesita más de una bomba de achique para mantener a flote el equipo en la Segunda División B. El Águilas sufrió ayer más que la pérdida de los tres puntos, el 1-2 , y la forma en como se produjo, supuso un daño psicológico en el vestuario que será difícil de curar.
Pallarés, Chito y Sívori pudieron adelantar a los locales, pero ninguno de los tres acertó a rematar a portería. El Sangonera controlaba el balón en el centro del campo, pero el Águilas, mucho más vertical, se aproximaba con más peligro al área visitante.
A los 12 minutos de la segunda parte llegaría el primer gol del partido: un saque de córner dejaba un balón suelto en el área, que era aprovechado por Javi Rodríguez para marcar. Cuando se llegaba a los últimos minutos Morillas conseguía el empate para el Águilas llevando un atisbo de esperanza a las gradas del mágico estadio de El Rubial. Sin embargo, lo que apareció para los aficionados locales fue un jarro de agua fría. Calderón salió al contragolpe tras llevarse, según reclamaron los jugadores del Águilas, el balón con la mano y culminó su acción con un buen gol. Era el definitivo 1-2, un resultado que sigue hundiendo al Águilas.