EFE. BARCELONA
Pep Guardiola, el entrenador del Barcelona, no anda preocupado después de la derrota ante el Rubín Kazán ruso y el barcelonismo respira tranquilo, a pesar de las señales negativas que ha emitido el equipo en los últimos partidos, con una plantilla corta y que se siente exprimida en los primeros meses del año a causa de la acumulación de partidos.
Que Guardiola, el santo y seña azulgrana, el técnico del triplete, no esté preocupado, no significa que el tropiezo sufrido ante el conjunto tártaro no haya agitado el estado de felicidad perpetua en el que vive el entorno culé desde hace unos cuantos meses.
Si el resumen de la derrota europea sólo incide en las oportunidades que tuvo el equipo (13), los dos remates a los postes y el hecho de que el Rubín marcó en las dos únicas ocasiones que llegó a la meta de Valdés, el análisis es únicamente de mínimos.
Si, por el contrario, se buscan otros planteamientos, la evidencia es que el equipo no juega con la frescura de hace unos partidos y algunos jugadores puntales no se encuentran en su mejor momento, como en el caso de Xavi o el cuestionado Leo Messi, quien siente el 'jet lag', más futbolístico que físico, cuando regresa de los partidos con la albiceleste.
A todo ello hay que añadir que Andrés Iniesta ha salido recientemente de una lesión y le falta continuidad; que Ibrahimovic anda renqueante, Henry está lesionado, Alves se lesionó ayer, Márquez se ha recuperado de una lesión o que Chygrynskyi no puede jugar en la Champions'. En el fondo todo se circunscribe a la acumulación de partidos desde el inicio de la temporada y la escasez de efectivos con los que cuenta el Barça. Los azulgranas no han cubierto las bajas de Cáceres, Gudjohnsen, Eto'o, Sylvinho y Hleb.