JAIME ZARAGOZA
La mejor medicina del Águilas para olvidar su derrota por 7-1 el pasado fin de semana ante el Granada era ganar, pero el rival, el Poli Ejido, uno de los gallitos de la categoría, no se lo iba a poner nada fácil. Los albiazules estaban concienciados de que los puntos se tenían que quedar en casa, puesto que es en el Rubial donde se tiene que conseguir la permanencia. De esa circunstancia también es conocedora la afición y ayer la comunión entre la grada y el terreno de juego fue perfecta.
El partido no se pudo poner de mejor forma para el Águilas CF puesto que en el minuto 5 el ariete visitante Raúl propinaba un codazo al central local Azpilicueta con el árbitro delante, quien no dudó en mostrarle la tarjeta roja y expulsarlo del encuentro. El Águilas comenzó a tener ocasiones, como la que llegó en el minuto 10: Doe remató a puerta tras un córner pero el meta Valerio evitó en una gran parada que se convirtiera en gol. Un minuto después Chito, al saque de una falta, volvía a poner en apuros al veterano portero visitante.
El gol sí llegó en el minuto 20. Una falta algo escorada a la derecha en la línea de medios era tocada por Marc Martínez para que Chito enviara el balón a la red, bien ajustado a la base del poste derecho. A pesar de la ventaja en el marcador, el Águilas continuaba llevando el peso del partido y seguía disponiendo de ocasiones.
En el segundo acto los almerienses se fueron en busca del empate. Sin embargo una contra bien llevada por Marc Martínez, Sívori y Chito terminó con un gran gol del primero. Los visitantes tuvieron su ocasión para acortar distancias con un espectacular remate de Gregory, pero este se fue al palo. A falta de siete minutos sí llegó el gol para el Poli. El mismo Gregory firmó de penalti el definitivo 2-1.