EFE. COPENHAGUE
El presidente de Brasil, Lula da Silva, vivió ayer el que, según admitió, ha sido "el día más emocionante" de su vida, hasta el punto de que durante varios minutos lloró ante la prensa tras la elección de Río de Janeiro como sede de los Juegos de 2016. Implicado de manera personal en la defensa de la candidatura de Río a esos Juegos, Lula (nacido en Pernambuco, en el nordeste) ha visto recompensados sus esfuerzos y los de todo el equipo del comité que ha gestionado la candidatura con la decisión del COI.
El llanto del jefe de Estado, que apenas podía ocultar detrás de un pañuelo blanco, era el que había contenido durante la presentación de la candidatura, en la mañana de ayer. "He vivido tantos acontecimientos (en su existencia) que no pensaba emocionarme, pero al final he sido el más llorón de todos", en alusión a las lágrimas de alegría que se veían en la delegación brasileña tras imponerse a Madrid en la ronda final. Lula, que está próximo a cumplir 64 años, reflexionó en voz alta sobre el resto de rivales, con cuyos presidentes o primeros ministros tiene buena relación.
Lo dijo más en concreto del español José Luis Rodríguez Zapatero, por quien expresó su "profundo respeto" y con quien mantiene una "relación personal de amistad" de antes de estar en el poder.
En la presidencia desde 2003, Lula dejará el poder tras las elecciones que se celebrarán en octubre de 2010, ya que no podrá postular a un nuevo mandato porque la Constitución sólo permite una reelección consecutiva. El antiguo obrero metalúrgico y sindicalista se irá con la satisfacción de haber contribuido a que Río organice los Juegos de 2016.