DIEGO SÁNCHEZ
La falta de puntería ha impedido al Cartagena en los dos últimos encuentros marcharse con una victoria a casa. Ante el Betis la sensación fue que debía haber dado la campanada a domicilio y ayer que a pesar de dominar, generar ocasiones y hacer un fútbol ofensivo le falta lo que todo equipo necesita para crecer: el gol. No se puede decir que el hasta ayer líder de la categoría -el Hércules ya le ha superado- hiciera un mal partido. Creo, incluso, que la gente no se marchó del estadio decepcionada porque vio que su equipo lo intentó de todas las maneras posibles. Pero conforme pasan los encuentros se le observa una carencia clara, que es la falta de olfato goleador de sus atacantes. Seis tantos en seis encuentros es un mal bagaje y si no es capaz de corregirlo pronto, puede empezar a pagarlo ya.
El conjunto que entrena Juan Carlos Garrido ponía el nudo en la garganta de los espectadores cada vez que llegaba a las inmediaciones de la portería defendida por Rubén. Aunque apenas generó claras opciones de gol, se vio un filial atrevido con mucho desparpajo y sin miedo. Además, tapó durante mucho tiempo la salida de balón del Cartagena con la presión de hasta tres futbolistas, lo que provocaba el desplazamiento largo y sin precisión de la defensa o el portero albinegro y la posterior recuperación del balón de los castellonenses.
El Cartagena buscaba alternativas con el balón por las bandas, pero seguía ahogado y sin saber qué hacer ante esta situación que no se le había planteado.
El conjunto albinegro lo intentó, aunque siempre eran chispazos de determinados jugadores como Tato, muy rápido en ambas bandas quien trató con su velocidad de romper la defensa contraria. Lafuente también estuvo muy activo, pero su aportación fue insuficiente. Gozó de un disparo dentro del área con todo para colocarla donde quisiera, pero el balón lo atajaba el meta Juan Carlos.
De Lucas y Víctor parecían hacer la guerra por su cuenta, apenas aparecían, lo que provocaba una merma considerable en las opciones ofensivas de su equipo y el centrocampista Mariano se las veía con todos, le llegaban contrincantes por uno y otro lado.
El partido se rompió en el segundo tiempo porque el Villarreal siguió con su intención de que el Cartagena no diera dos pases seguidos, por lo que el centro del campo pasaba cada vez más desapercibido y el juego vertical fue cada vez más pronunciado.
Balón al larguero
Tanto que el Villarreal B ponía en muchos aprietos a la bien posicionada defensa local hasta que Marco Rubén se fue de Pablo Ruiz por velocidad e impactaba el balón en el larguero en la gran ocasión del partido. Todo era emoción e intensidad en el juego de ida y vuelta y aunque Juan Ignacio lo intentó con la velocidad de Quintero y la definición de Toché, se topaban con una aguerrida zaga visitante, que se fajó bien del irregular partido de los delanteros albinegros para sumar un meritorio punto.