J. F. P.
El Expediente de Regulación de Empleo (ERE) presentado por el Real Murcia el pasado viernes para despedir a siete jugadores de la primera plantilla y otros tres empleados del club ha roto la armonía en la concentración que el equipo grana esta realizando en el complejo hostelero y deportivo de La Manga Club.
La entidad de Jesús Samper ha decidido jugar duro con los futbolistas que no entran en los planes del entrenador, José Miguel Campos: los porteros Alberto y Carini, Núñez, Cuéllar, Capi, Marañón y Kabous. Para ello, y en el marco del proceso concursal que se encuentra en el Juzgado de lo Mercantil Número Uno de Murcia, que dirige la jueza María Dolores de las Heras, los granas han presentado un ERE con la idea de forzar la negociación que estaba llevando a cabo con los descartes.
Pero la medida ha causado revuelo en el grupo, que hasta ahora había dado muestras de unidad y buen ambiente con vistas a una temporada en la que el objetivo del equipo no es otro que luchar por el ascenso a la Primera División.
En el vestuario se interpreta la decisión adoptada por el dueño del Murcia como una medida de fuerza con el único objetivo de que acaben marchándose los futbolistas señalados o que acepten rebajarse unos salarios que no en todos los casos son de los más altos de la primera plantilla.
Aunque los afectados se han puesto manos a la obra, la preocupación es evidente, ya que temen que, en el supuesto de llegar hasta las últimas consecuencias, podrían verse obligados a abandonar el club con mucho menos dinero del que tienen firmado en sus contratos federativos y de imagen.
Expertos consultados ayer por esta redacción consideran que los siete futbolistas en cuestión no pueden estar muy tranquilos, ya que al Murcia no le será muy difícil demostrar que su situación económica recomienda una medida de este tipo.
Además, y en el caso de que la jueza decidiera aceptar el ERE, algunos podrían ser despedidos con una indemnización de veinte días de sueldo por año trabajado, siempre que no alcanzaran un acuerdo con la entidad para determinar la compensación a recibir. Lo normal es que esta operación arroje cifras muy inferiores a lo que deben percibir, en algunos casos más de 600.000 euros anuales.
También preocupa a los asesores de los jugadores la forma en la que se determinará el salario, pues muchas de las retribuciones de los futbolistas -como las incluidas en los contratos de imagen- pueden quedar fuera de la indemnización y tendrían que tratar de cobrarse por otras vías.
Si el órdago lanzado por el Murcia no se resuelve pronto, el equipo puede ser el primero en pagar los platos rotos por una situación que, en definitiva, generó la propia entidad firmando suculentos contratos que ahora no puede ni parece dispuesto a cumplir.