El Murcia sumó ayer su segunda derrota consecutiva tras caer por la mínima ante el Girona (1-0), en un encuentro donde los de José Miguel Campos volvieron a ofrecer su peor versión desde que el técnico se hiciera cargo del equipo. El conjunto grana se mostró como un bloque mediocre, carente de ideas, falto de actitud e incapaz de reaccionar frente a un rival que llevaba diez jornadas sin ganar y que hizo lo justo para sumar los tres puntos.
La suerte de los granas es que el Alavés empató en casa del Sevilla Atlético y la distancia con el puesto de descenso es ahora de siete puntos.
Con las ausencias obligadas de De Coz y, sobre todo, de Movilla, el preparador mazarronero propuso un once inicial con muchos cambios, con la entrada de Lillo en el lateral derecho y de Marcinho Guerreiro por Movilla. Además, el entrenador prefirió al tándem Sikora-Kabous por el de Montoro-Despotovic.
El caso es que tanto cambio no ayudó nada a mejorar el juego del Murcia. Se volvió a mostrar como un equipo débil en defensa e inofensivo en ataque. Las imprecisiones en la zaga llegaron casi desde el inicio, y eso que el Girona no tuvo que hacer demasiado para irse al descanso con un triunfo momentáneo. Ochoa se mostró muy nervioso y las triangulaciones del conjunto gerundés evidenciaban que ni Lillo ni Peña ni el propio Mejía estuvieron demasiado despiertos en la jornada de ayer.
El tándem Bruno-Marcinho pasó casi desapercibido -¡cómo se notó la ausencia de Movilla!- y ni que decir tiene del papel de Sikora, que no paró de correr, pero su desgaste no sirvió para nada, porque siempre llegaba tarde y no recibía balones en condiciones.
En el minuto 23 una jugada de Paco Esteban provocó un remate de Gabri que se marchó fuera por poco. En el minuto 41 otro centro de Paco Esteban caía en el segundo palo y Lillo cometió falta sobre Arnal, por lo que el colegiado pitó un penalti que Felipe Sanchón se encargó de trasformar. El Girona necesitó bien poco, casi nada, para irse al descanso con el resultado favorable.
El segundo tiempo no fue mejor; es más, el Girona llegó a poner en aprietos a un deslucidísimo Real Murcia en más de una ocasión y ni siquiera los cambios de De Lucas, Despotovic y Gallardo arreglaron a un equipo que brindó a sus aficionados una lamentable imagen, quizá de las peores desde que José Miguel Campos es el entrenador del Murcia.
A falta de 20 minutos para el final el Girona se quedó con uno menos, pero ni así los grana consiguieron poner en aprietos a Ponzo. Todo lo contrario, el equipo catalán pudo haber anotado el segundo a los murcianistas gracias a los errores defensivos, uno de los puntos negros en la tarde de ayer en Montilivi.