Reconocimiento

Huntington quería vivir en un museo

El fundador de la Hispanic Society, entidad recién premiada con el Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional, era un enamorado de la cultura española prácticamente desde que era un adolescente heredero de una gran fortuna

03.06.2017 | 23:17
Archer M. Huntington, fundador de la Hispanic Society of America.

En el barrio de Washington Heights, al norte de la isla de Manhattan, el filántropo norteamericano Archer Milton Huntington fundó el 18 de noviembre de 1904, la Hispanic Society of America. Una institución que, desde su mismo nacimiento, estaba destinada a ser el gran baluarte de la cultura hispana en los Estados Unidos, y que acaba de ser distinguida con el premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional por su promoción de la cultura y los valores de lo hispano. Mas esta centenaria institución no es sólo ese bastión de la cultura española en los Estados Unidos, sino que también fue una entidad pionera en la igualdad de género y en el reconocimiento de los derechos laborales a los discapacitados.

Aunque por expreso deseo de Archer M. Huntington la fundación no lleve su nombre, tanto su articulación como su propia historia son fieles reflejos de los afanes y la personalidad del filántropo hispanista. Nacido en Nueva York en 1870, Archer M. Huntington era hijo de Arabella Duval y John A. Worsham, que falleció siendo él muy pequeño. La joven viuda se casaría posteriormente, siendo el niño adolescente, con un magnate del ferrocarril, también viudo: Collis P. Huntington. La pareja no tendría hijos, pero el magnate adoptó al joven Archer y lo crió como si fuera carne de su carne. El niño pasó así a ser el heredero de una gran fortuna.

«Huntington tuvo la suerte de ser adinerado, pero también era inteligente», explica Patrick Lenaghan, conservador de estampas y fotografías de la Hispanic Society. Además, añade, era un enamorado de España y su cultura desde que, a la edad de doce años, descubriese el país a través de las páginas de un libro, durante una estancia en Inglaterra: «Él se encontraba en Liverpool, donde se aburría mucho. Decía que era una ciudad fea y gris. Le llevaron un libro de George Borrow sobre España y le encantó, pensó que España debía de ser un lugar maravilloso», explica.
El sentir del joven Huntington está recogido en unas notas manuscritas del hispanista, que reseña cuál era aquel libro que despertó su perenne fascinación por la cultura española: The Zincali or An account of the Gypsies of Spain, un compendio de anécdotas y vestigios de los gitanos de España, publicado originalmente en 1841. En esos viajes, Huntington descubre además los grandes museos europeos. Quedó especialmente impresionado con El Louvre y los grandes museos londinenses, la National Gallery y el British Museum. Para Huntington, eran más que templos de la cultura: como le confesaría a su madre, él quería vivir en un museo.

La fascinación por España le llevaría a estudiar la cultura y el idioma del país. «En ese momento no había clases de literatura española en Estados Unidos, ni se enseñaba historia de España o historia del arte español en el país. Así que Huntington era, en parte, autodidacta, aunque tenía una sólida formación detrás», reflexiona Lenaghan. El joven hispanista quemaba etapas con velocidad. En 1892 realizó su primer viaje por España, y seis años más tarde financiaba una excavación en Itálica, al tiempo que esbozaba una traducción del Cantar de Mío Cid, fruto a su vez de la fascinación infantil que le había producido la figura de Rodrigo Díaz de Vivar.

En 1904, Huntington da el paso decisivo y funda en Nueva York la Hispanic Society of America, cuya organización articuló siguiendo el modelo del British Museum. El filántropo encontraría, no obstante, una notable resistencia en los círculos académicos. «Cuando funda la Hispanic Society, Huntington se dirige a los mayores expertos de Nueva York para que participen en esa iniciativa. Pero ellos no pueden soportar que ese hombre, que no ha pasado por la universidad, sepa lo mismo que ellos, y le rechazan», relata Lenaghan. El hispanista ensaya entonces otra vía para captar talento: buscarlo entre un colectivo igualmente marginado. «Hizo posible una carrera para las mujeres. Decide acoger a las bibliotecarias, que luego se harían conservadoras, y busca fotógrafas en las escuelas», explica Lenaghan.

En este colectivo, el hispanista encuentra a profesionales de gran talento, a las que manda a España para impulsar una gran colección de fotografía. Son personas como Ruth Matilda Anderson, que durante siete años recorrió todo el país, en diversas campañas, sacando fotos para la Hispanic Society. «Esas fotografías son fundamentales para los investigadores, porque suponen una visión castiza de lo que era España. Huntington era un hombre inteligente, que entendía lo que era la «España de pandereta», y quería escapar de eso», explica Lenaghan.
Tras esta experiencia, el filántropo abrió las puertas de su fundación a otros colectivos que tenían problemas para acceder al mercado laboral: «Contrató a una mujer sordomuda para inventariar la sección de fotografía, Y ella lo hacía tan bien, era tan eficiente, que hizo un esfuerzo especial por contratar a sordos. Llegó a tener un taller completo de archiveras y fotógrafas sordas. Y cuando Valentín de Zubiaurre, el pintor, que era también sordomudo, vino a Nueva York llegó a tener una relación fraternal con esos empleados de la Hispanic Society». Cuando Archer M. Huntington falleció, en 1955, su fundación, su legado, era ya el gran faro de la cultura hispana en el mundo anglosajón. Sus fondos -compuestos por más de 18.000 obras de arte, en torno a 175.000 fotografías y una biblioteca con 250.000 volúmenes- son un compendio de todo el legado cultural español. Pero además, la historia de la Hispanic Society of America es la de una institución pionera en la lucha por los derechos de las mujeres y de los discapacitados.

Respeto por el patrimonio nacional
El amor de Archer M. Huntington por España se reflejaba además en su total respeto por el patrimonio nacional. Pese a que la Hispanic Society of America cuenta con el mayor fondo de arte español en el extranjero, Huntington aplicó una estricta política de adquisiciones, según explica el actual director de la institución, Mitchell A. Codding: «Huntington tenía la política de no comprar arte en España. Las adquiría en el extranjero, y en algunos casos se trataba de obras que habían estado fuera del país por varios siglos».
Las únicas excepciones que el hispanista aplicaba eran las relativas a los restos arqueológicos, como los procedentes de la campaña de Itálica, que él mismo promovió en 1898. «Pero incluso en ese caso depositó las piezas más importantes en el Museo Arqueológico de Sevilla», añade Mitchell. Esta limitación no se aplicaba tampoco a los libros, y de hecho Huntington adquirió la biblioteca del Marqués de Jerez de los Caballeros.

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