Pablo de Aguilar: "Matar en sí es un simple acto, la molla está en los motivos"

04.09.2016 | 04:00
Pablo de Aguilar: "Matar en sí es un simple acto, la molla está en los motivos"

Ciclo. Con motivo de la celebración del ciclo Cartagena Negra, que tendrá lugar en la ciudad portuaria entre el 6 y el 10 de septiembre, LA OPINIÓN publica hasta entonces un cuestionario con los autores participantes.

¿Por qué escribir novela negra? ¿Qué le hizo decantarse por este género?

En realidad, parece que yo escribía novela negra sin saberlo. Nunca he sido de fijarme mucho en los géneros y cuando me propusieron publicar Cuéntame cosas que no me importe olvidar en una colección de novela negra dudé. Luego me explicaron el concepto de novela negra del director de la colección, José Luis Muñoz, y entendí que era algo más que la novela policial o de misterio.

Mencione un autor del género que podamos considerar de culto para usted.

Como soy poco mitómano, siempre respondo a este tipo de preguntas mencionando a autores cercanos que me han influido tanto por sus novelas como por las charlas con ellos. Como pueden ser Manuel Moyano, Antonio Parra, José Luis Muñoz, Mónica Rouanet, Dauno Totoro, Marcos Tarre? Todos ellos con fantásticas novelas negras.

¿A qué personaje, policía o detective, le hubiese gustado crear?

Me atraen los malos: a Doña Pilar, esa madre posesiva de Donde las calles no tienen nombre, de Mónica Rouanet. Un personaje con un perfil psicológico perfecto.

¿Prefiere la sangre o la psicología en sus novelas?

Quizá porque no soy un tipo estridente, me atrae mucho más la psicología.

¿Algún arma preferida a la hora de matar?

Ninguna en especial. Matar en sí es un simple acto. La molla está en los motivos por los que matar.

Valore la novela negra española frente a la de otros países...

Suelo huir de las modas, creo que es por carácter, no por esnobismo (o quizá sí, vete a saber). El caso es que rechacé toda la moda de los autores nórdicos que, además, representaban una realidad bastante distinta a la nuestra. Por eso me gusta tanto formar parte de la colección La Orilla Negra, porque es una colección de autores que escriben en español a ambos lados del Atlántico y, además, es literatura de muchos quilates.

¿Qué le ha impulsado a asistir a Cartagena Negra? ¿Conocía ya estas jornadas?

Me invitaron y no lo dudé. Es un festival de novela negra de la región donde vivo, que lo organizan amigos a los que admiro y plagado de grandes escritores. ¿Cómo no venir?

¿Qué opina del boom de festivales negros que hay en España?

Pues soy un recién llegado, pero este verano ya he estado en algunos y, la verdad, me parecen divertidos, interesantes y, sobre todo, me encanta esa especie de buen rollo que hay entre los autores de novela negra, algo que no he encontrado en colectivos de otros géneros. ¿Que hay un boom? ¡Pues perfecto!

¿Hay algún tema que no trataría nunca en sus novelas?

Creo que ninguno. La literatura debería huir de lo políticamente correcto y contar historias sin juzgar, dejando que sea el lector el que lo haga y tache actos y situaciones de grandiosas o deleznables.

¿Cree que la realidad supera a la ficción como fuente de argumentos negros?

¡Sin duda! ¿Cuántas veces no habremos comentado entre quienes escribimos novela (negra o de cualquier tipo) «Si cuento eso en una novela no se lo cree nadie»? Precisamente, en Cuéntame cosas que no me importe olvidar hay una situación que me preocupaba que fuera verosímil y, una vez terminada, encontré una noticia en La Vanguardia que casi la dejaba pequeña.

¿Qué le diría a un lector que no conozca su obra para que se acerque a sus novelas?

Que mis novelas, más que de género, son de personajes y que es de ellos y de sus vivencias y sentimientos de los que me gusta hablar. Soy muy mal vendedor de mí mismo, pero sí puedo decir una cosa: soy el primero que decide si mi novela es publicable o no. Si a mí no me gustara, no saldría. Y, bueno, si algo te gusta? ¿por qué no recomendarlo?

¿Cuál es, si se puede confesar, el siguiente crimen que tiene en mente?

Pues está en una fase muy incipiente, intentando convencer a su protagonista de que me cuente su historia. Pero, en principio, se trata de un asesino que mata por un equivocado concepto de compasión.

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