Clara Peñalver: «Me obsesiona a nivel creativo el cerebro humano y sus dislocaciones»

Con motivo de la celebración del ciclo Cartagena Negra, que tendrá lugar en la ciudad portuaria entre el 6 y el 10 de septiembre, LA OPINIÓN publica hasta entonces un cuestionario con los autores participantes.

29.08.2016 | 09:35
Clara Peñalver: «Me obsesiona a nivel creativo el cerebro humano y sus dislocaciones»

¿Por qué escribir novela negra? ¿Qué le hizo decantarse por este género?

Creo que soy demasiado ecléctica como para considerarme una autora de género. Ahora bien, sí que tengo muy claro por qué me divierto tanto escribiendo novela policíaca: el género negro me permite explorar y, por qué no, explotar sensaciones y sentimientos extremos. De la escena más cruel a la más entrañable, de la más brutal de las violencias a la más dulce de las situaciones. Heráclito decía algo así como que todo es producto de los contrarios y está sujeto a tensión interna, eso es para mí una novela negra.

Mencione un autor del género que podamos considerar de culto para usted.

Difícil pregunta, aunque creo voy a decantarme por Patricia Highsmith por su gran capacidad a la hora de diseñar y meter en sus historias a personajes desequilibrados. Si hay algo que me obsesiona a nivel creativo es el cerebro humano y sus dislocaciones.

¿A qué personaje, policía o detective, le hubiese gustado crear?

Sigo nadando en las aguas de Highsmith y digo que a Mr. Ripley. Es, sencillamente, un personaje genial con el que he aprendido mucho. Claro que si yo hubiese creado a Ripley probablemente el mío habría sido diferente. Ripley es como es porque nació del cráneo de P. Highsmith, un baúl cargado de experiencias, aprendizajes y destrezas muy diferentes a lo que yo pueda albergar en mi propio baúl.

¿Prefiere la sangre o la psicología en sus novelas?

Siempre he creído que prefería la sangre, pero el tiempo me ha demostrado que es la psique lo que me acaba atrapando. El centro de mis obsesiones es cómo reacciona la mente de los personajes, la mía propia y, más tarde, la de los lectores.

¿Algún arma preferida a la hora de matar?

Siempre armas blancas. Me decanto por el contacto silencioso y cargado de sensaciones.

Valore la novela negra española frente a la de otros países.

No creo haber leído lo suficiente como para hacer una valoración tan importante, así que me guardo mis juicios hasta que tengan un buen punto de madurez y dejo que los lectores disfruten de los análisis de grandes como Fernando Marías, Lorenzo Silva o Juan Ramón Biedma.

¿Qué le ha impulsado a asistir a Cartagena Negra, conocía ya estas jornadas?

No tuve el placer de disfrutar de la primera Cartagena Negra pero sí que conocía el festival. ¿Qué me impulsa a asistir? Pues pasar buenos ratos hablando de literatura y empaparme como una esponja con todo lo que puedan contar el resto de los asistentes. Lo que más me gusta en esta vida, aparte de escribir y viajar en moto, es aprender.

¿Qué opina del boom de festivales negros que hay en España?

Que me encantaría que sirvan para que el grueso de los lectores conozcan la gran calidad que hay en nuestro país en este género, tanto por parte de la sangre gran reserva como de la joven.

¿Hay algún tema que no trataría nunca en sus novelas?

La pederastia. Y creo que no tengo por qué añadir nada más.

¿Cree que la realidad supera a la ficción como fuente de argumentos negros?

Sin duda alguna. A veces he encontrado o me han contado historias reales tan bizarras y aberrantes que las he descartado de forma automática porque no habrían resultado creíbles para ningún lector. En otras ocasiones, esas historias eran tan estrambóticas y atractivas para mí que, casi sin esfuerzo, he construido toda una novela a su alrededor. La fractura del reloj de arena y su cadáver desaparecido es el mejor ejemplo que tengo.

¿Qué le diría a un lector que no conozca su obra para que se acerque a sus novelas?

Que en las novelas de Ada Levy va a encontrar historias tan eclécticas como su propia autora. No sólo hay crimen e investigación, la vida de la protagonista impregna cada página. Los ojos lectores encontrarán un camino a trompicones hacia la madurez emocional, salpicado de desapariciones y asesinatos, de rutas en moto y de las pinceladas que el resto de los personajes irán dando a ese lienzo de color amarillo intenso que comienza siendo Ada.

¿Cuál es, si se puede confesar, el siguiente crimen que tiene en mente?

La muerte de una escritora que, en vida, tuvo una poderosa y limitante etiqueta: esquizofrenia. Una historia que está necesitando un largo periodo de documentación y que, mientras tanto, me está permitiendo hacer crecer una novela totalmente alejada del género.

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