Don de gentes
Coleccionista 

Vicente Úbeda Padilla: "Me aproveché del desguace de la crisis"

Ha logrado convertir su mayor pasión en su forma de vida y regenta un anticuario en el centro de Murcia

02.09.2016 | 04:10

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  • Un color: Turquesa
  • Música: Rancheras mexicanas
  • Película: El Padrino de Francis Ford Coppola
  • Comida: Guisos caseros y comida mexicana
  • Libro: El Rey Verde de Paul-Loup Sulitzer
  • Un deseo: Que la situación mejore para todos
  • Chiste: –Doctor, ¿Por qué no me hace caso? –¡El siguente!

Alicante, 1970. Vicente Úbeda, el mayor de una humilde familia alicantina de ocho hermanos, ha sido coleccionista compulsivo desde niño. Llegó a Murcia por amor después de un largo periplo que le llevó a México por cuestiones de trabajo y donde terminó creando una editorial.

­­­Tras estudiar Imagen y Sonido en San Juan, Diseño Gráfico en Virgen del Remedio y hasta segundo de Administración de Empresas en la Universidad de Alicante, en 1994 le surgió la posibilidad de viajar a México por cuestiones de trabajo donde comenzó como repartidor en una editorial. Al poco tiempo terminó siendo dueño de otra editorial de la competencia; pero el amor por una murciana le trajo de nuevo a España donde decidió reinventarse y, desde 2009 ha conseguido convertir su mayor pasión, el coleccionismo de antigüedades, en su forma de vida «y estoy encantado de vivir y trabajar en Murcia», admite.

¿Desde cuándo te atrae el mundo del coleccionismo y las antigüedades?
Toda mi vida he sido coleccionista. Cuando cumplí siete años mi padre me llevaba a los mercadillos a ver monedas, minerales y fósiles. Podríamos decir que fui un bicho raro para mis amigos de la infancia. Años después, cuando viví en México, más del 60% de lo que ganaba lo invertía en antigüedades.

¿Y cómo decidiste dejar tu negocio editorial y dedicarte profesionalmente a tu hobby?
Todo tiene su por qué en la vida. Hay que ser rápido de reflejos a la hora de las oportunidades y evitar actuar de mala fe. Cuando llegué a España, al principio de la crisis, me di cuenta de que el país se estaba convirtiendo prácticamente en un desguace, en una chatarrería, y yo, que no sé lo que soy pero sí se lo que no soy, decidí aprovechar el momento en el que cientos de personas tenían que desprenderse de cosas muy exquisitas para poder comer. Digamos que, con la compraventa de antigüedades entré en la cadena de la crisis con facilidad pues empatizo con los clientes, porque soy consciente del sufrimento que produce desprenderse de las cosas que apreciamos.

¿Cuántas piezas tienes en tu tienda y cuáles son las más caras?
La verdad, no lo sé, porque la mayoría de piezas son en depósito. No tendría dinero para comprar todo lo que me traen. Sólo invierto en lo que de verdad tiene salida como el metal, oro, plata o diamantes que es lo que más rápido se puede convertir en efectivo. Más que piezas caras he tenido piezas curiosas como una Dobla de oro, una moneda de origen árabe acuñada en La Alhambra por el padre de Boabdil el Chico, Muley Hacén. Es una pieza rarísima de la que apenas hay ejemplares, pues los Reyes Católicos las fundieron casi todas. También tengo piezas de ´Aocho´, monedas de plata de 27 gramos acuñadas entre 1520 y 1700 de la época de los piratas.

Veo que tienes mucha pintura de autores murcianos.
El arte de los antiguos pintores murcianos es increíble. No entiendo que Murcia no sea un referente en pintura a nivel nacional teniendo en cuenta la increíble calidad de pintores como pueden ser Andrés Conejo, Rosique, Amador Puche, Muñoz Barberán, Alcaraz, Medina Bardón, Párraga, Ballester o Francisco Cánovas.

De puño y letra: "Todos somos náufragos en este mar y, a veces, solo a veces, descansamos en la isla de la calma y somos en definitiva supervivientes en esta roca que es la tierra".


Grafoanálisis de Pablo Alzuagaray. En la letra de Vicente aparece un curioso rasgo que se reitera una y otra vez: es un movimiento en forma de 8, semejante a una ´hélice´ que sugiere simbólicamente una mente tal como «un motor dinámico que le hace levantar vuelo por sobre la mediocridad general». Más estrictamente, se trata gestos gráficos que denotan un gran sentido práctico y una actitud que no casualmente es afín al coleccionismo: de todas las situaciones y experiencias de la vida siempre toma algo que hace propio, de todo suma y aprende, incorporando ideas que pasan a ser también parte de las suyas.

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