En Busot

Blanco Fadol exhibe en Alicante parte de sus instrumentos étnicos

El uruguyo muestra otras 600 piezas en el Museo de Barranda-Caravaca, uno de los más relevantes centros del mundo de la especialidad

07.03.2016 | 04:00
El Museo de Música Etnica de Busot, en Alicante.

Un pequeño pueblo del interior de Alicante, Busot, ha sido el lugar escogido por el mayor coleccionista de instrumentos étnicos del mundo, el uruguayo Carlos Blanco Fadol, para exponer doscientas de sus insólitas piezas procedentes de 150 países de los cinco continentes.
Se trata del Museo de Música Étnica, inaugurado el pasado agosto en pleno casco antiguo de esta población de la comarca de Alicante y que en sus primeros seis meses ha recibido a cerca de 14.000 visitantes, según comentó el alcalde, Alejandro Morant, y el concejal de Turismo, Vicente Ivorra.

Vecino desde hace tres décadas de esta localidad, Blanco Fadol ha acaparado en sus innumerables viajes desde joven unos 4.500 instrumentos, de los cuales exhibe otros 600 en el museo de Barranda-Caravaca (Murcia), uno de los más relevantes del mundo de la especialidad, mientras que el resto se reparten en media docena de almacenes. Dos veces propuesto a los Premios Príncipe de Asturias, en 2006 a las Artes por iniciativa del Gobierno de Malasia y en 2009 a la Concordia por el Ejecutivo de Uruguay, Blanco Fadol relató que no busca únicamente conservar instrumentos sino que su principal objetivo es recuperarlos para evitar su desaparición y reintegrarlos a la cultura a la que pertenecen.

Entre los que sorprenden en el museo de Busot algunos tan originales como el 'kissar', una lira africana de 6 cuerdas sobre la base de una calavera humana (de una mujer joven que incluso conserva tres dientes), con un cuerno y un soporte en el extremo de bambú, o el 'sasandro', otro tipo de lira singular, esta vez del Timor, en el Pacífico. También el 'Angklung', «el único instrumento en el que se puede interpretar cualquier melodía sin que sea necesario conocimiento musical alguno», según Blanco Fadol, porque «cada persona toca uno, que produce una sola nota pero que se combina con el resto». Un gran tambor congoleño de 150 años que se solía usar en ceremonias de iniciación, ablación o circuncisión es otra de las 'joyas' expuestas, como también una réplica del instrumento de percusión 'teponaztli', regalado por el cacique mexicano Moctezuma a Hernán Cortés, y el tambor 'huehuetl', con dos dioses transformados según la mitología azteca.

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