Tesis

"Bautista Sanz es un renacentista e historia viva de la Región de Murcia"

Juan Antonio Quiles analiza la obra plástica y literaria del creador murciano en su tesis doctoral

03.01.2016 | 04:00
De dcha. a izda: el profesor Pedro Guerrero, Juan Bautista Sanz, el ya doctor Juan Antonio Quiles y los miembros del tribunal.

Una cita para cenar en El Único con el pintor Juan Bautista Sanz condujo en 2013 al filólogo hispánico Juan Antonio Quiles (Murcia, 1976) a emprender una introspección por la creación literaria y plástica del artista murciano. Tres años después de aquella cita en la que también participaron el profesor Pedro Guerrero y su mujer, Juani, el encuentro en el bar de Santo Ángel germinó en una tesis doctoral sobre la obra de Sanz que el pasado 4 de diciembre, tras su presentación en la Universidad de Murcia, recibía la calificación de sobresaliente cum laude.

El filólogo ha trazado «un viaje a la memoria de Bautista Sanz para conocer todo el panorama cultural de la Región, e incluso de España, desde la época de la posguerra hasta nuestros días», como relata el propio Quiles. «Es una personalidad que ha tenido la suerte de vivir en primera persona la eclosión de pintores como Pedro Flores, Pedro Cano y Muñoz Barberán», comenta antes de zanjar: «Este trabajo ha sido una de las experiencias más bonitas de mi vida».

El itinerario le ha llevado a leer minuciosamente más de 3.000 artículos periodísticos y a escudriñar más de 600 pinturas de Juan Bautista Sanz. Y, en concreto, ha examinado más de cien artículos de la sección Olvido y Memoria, publicados en LA OPINIÓN durante los veranos de 2013 y 2014. Una observación tan íntima y exhaustiva que casi le basta para convertirse en «un biógrafo», pues «nadie sabe más que yo de la vida de Juan Bautista», como él mismo confiesa. Tal vez por eso, el corolario sobre su objeto de estudio es tajante: «Es un renacentista y un pionero que es historia viva de la Región de Murcia».

La investigación también le regaló sorpresas: «He descubierto que el padre de Bautista Sanz, el cineísta Pedro Sanz, acudía a la tertulia del bar-café Santos, donde trabajaba mi abuelo. Allí se reunían personalidades de la cultura, amantes del arte. Y cuando he confrontado las historias de mi abuela, María García, con las que leía de aquel mítico café ha sido como tratar de tú a tú con la historia».

¿Y cuál es la dimensión del legado de Juan Bautista Sanz? «Una de las premisas de la tesis es la 'poliedría' de este artista, que no sólo ha tratado la pintura: ha trabajado en el cine, la tele, la radio y el ensayo-perfil periodístico», explica Quiles. «Estamos ante un perfecto humanista; algo que no se suele dar en estos tiempos, donde todos estamos tan circunscritos a un área». Por ello, la tesis plantea «una hoja de ruta intachable para mostrar a los alumnos de Secundaria un abanico de posibilidades culturales que Sanz ha desarrollado a lo largo de su trayectoria».

Para lograr ese colofón, Juan Antonio Quiles tuvo que acotar tan prolija creación, y centró su tesis en las claves semióticas de la escritura de su Olvido y Memoria que se pueden observar en la pintura, es decir, «en trazar un paralelismo entre su obra escrita y su obra plástica», por lo que tituló la tesis Análisis hipertextual e interpretación semiótica de la obra de Juan Bautista Sanz. «He encontrado un conversador con la historia del arte. Porque al igual que en sus artículos cita a Pablo Neruda o a Juan Ramón Jiménez, también lanza citas desde la pintura de autores impresionistas y expresionistas; de genios como Matisse y Picasso, de quien es un gran enamorado».

Bautista Sanz mira a los demás mediante el arte para aprender, detalla Quiles. «Se ve en sus cuadros, donde el punto de fuga está en los otros. Y eso se extrapola a toda su obra». O como dijo –añade- el periodista Ángel Montiel: «Olvidar todo lo aprendido antes de trazar la primera mancha». Y, además, el artista es dueño de una pintura inteligente, «que invita a la imaginación del espectador para que reconstruya el significado final de la obra» y que, a la vez, mantiene un diálogo con el pasado, con otros autores a los que cita, en lo que se define como intertextualidad. Otrosí: su Olvido y Memoria es el título inverso del texto que presentó Juan Ramón Jiménez a Flores, Garay y el murciano Ramón Gaya en la galería francesa Aux Quatre Chemins.

«Su pintura es un lenguaje porque es un comunicador nato», describe, matizando que «siempre desde una personalidad propia e intransferible». Y es un pionero, recuerda Quiles, por su impulso en los años setenta de La Galería Zero de la plaza Hernández Amores, «que permitió que se proyectara la denominada 'movida cultural murciana' y sirvió de trampolín para que el público murciano conociera la Escuela de Vallecas, la Escuela española de París, el impresionismo, y otros movimientos culturales».

«Se ha hecho un hueco en la historia del arte, no sólo murciano, sino mundial», concluye el ya doctor, quien no puede evitar dejar un poso resignado: «No se le ha dado el reconocimiento que como artista se merece, no está lo suficientemente valorado». Y agrega: «Se le deberían poner medios para que siga trabajando por Murcia, porque él no para: a sus 66 años sigue pintando, escribiendo y trabajando en la Filmoteca, donde recopila y digitaliza los filmes de Julián Oñate, Medina Bardón y otros tantos cineístas murcianos».

No obstante, a falta de un reconocimiento público, como demanda Quiles, el filólogo murciano ya ha aportado su grano de arena: su tesis doctoral, también desarrollada en dos DVD y una página web, quedará como legado para futuros investigadores, artistas curiosos y, sobre todo, para el patrimonio cultural de la Región.

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