Cartagena Jazz Festival

¡A bailar, hermanitos!

Los eclécticos Kitty, Daisy & Lewis derraman en el Jazz Festival de Cartagena su amor por lo retro

23.11.2015 | 01:31
Kitty, Daisy & Lewis –en la batería–, acompañados por el trompetista Eddie Thornton.

Animados desde temprana edad por mamá y papá a explorar un ecléctico espectro musical de estilos e instrumentos, los precoces hermanos Durham, Kitty, Daisy & Lewis derramaron todo su amor por lo retro celebrando sus influencias de los 50 y los 60.
Reinaba el buen ambiente y el deseo general de ver qué son capaces de ofrecer en directo estos tres veinteañeros británicos que tanto dan que hablar... Y nadie se marchó defraudado.

El sonido del joven trío es ahora más profesional, y con la novedad de esa inclinación a los 70 que también reflejan Daisy y Kitty en sus monos de lycra de chicas gato en la disco –parecen sacados del armario de Ziggy Stardurst–, su intro de Popcorn (que Lewis corta con un golpe seco de batería ) y esas pizcas de guitarra funk en la mezcla. Hay que avanzar con los tiempos sin sacrificar su encanto, claro.

Aparecieron sobre el escenario y el viejo cine se vino abajo. Kitty y Daisy deslumbran enfundadas en sus llamativos y ajustadísimos bodies; el código de vestimenta de Lewis sigue siendo un traje elegante. Con sus zambullidas funk a la guitarra, el trío se desmarca de las influencias más rústicas de los 50 y los 60 a favor de algo un poco más 70. Third, el nuevo disco que venían a presentar (se lo ha producido Mick Jones de los Clash), quizás esté más orientado a un mercado mainstream pop –no se vieron tanto tupés como en otras ocasiones–, pero, al menos sobre el escenario, la familia Durham, del estelar Lewis a sus vivarachas hermanas, todavía tiene actitud en abundancia. Fue un concierto alegre y divertido, con un aire ´tarantinesco´ flotando en el ambiente.

Con la compañía de papá y mamá
Como siempre, les acompañaban papá y mamá. Ingrid Weiss (sustituyó a Palmolive en las Raincoats), al bajo eléctrico y contrabajo, y Graeme Durham, sentado detrás discretamente, a la guitarra eléctrica y acústica y ocasionalmente a los coros. Los tres hermanos se fueron turnando en la batería, la guitarra y los teclados; también en la voz principal (aunque se pierde algo de tiempo intercambiando y afinando instrumentos: la pesadilla de cualquier ´pipa´). Musicalmente, han avanzado desde el retro-jump blues de su primer álbum, añadiendo elementos de ska, pop clásico, viejo y buen rock and roll, y lo que es más importante, sus propias voces a las canciones, como la balada de Daisy No Action. ¡Impresionante!

Abrieron el show con una guasona Bitchin in the kitchen en la que Daisy está al piano, y fueron tocando gran parte de su último disco alternando instrumentos y posiciones. Es increíble comprobar que todos tocan bien todo, pero Lewis impacta con su Gibson semiacústica, y Kitty a la batería proporciona un extra de intensidad.

Se centraron en canciones del nuevo disco, tocándolo casi entero. Además hicieron Don´t take A Fool Out Of Me (con un enérgico solo de batería de Daisy) de Smoking In Heaven, y un par del primer álbum, incluida la favorita Going Up The Country: el clásico de Canned Heat, con Kitty a la armónica bluesera y Daisy tocando la caja en pie –recordaba a los Stray Cats–, hizo estallar la sala del Nuevo Teatro Circo.
El veterano trompetista Eddie ´Tan Tan´ Thornton, –irá por los 82 años–, que tocó en Got to Get You Into My Life de los Beatles, apareció para soplar su poderosa trompeta en algunos temas deliciosos (Turkish delight, con su encantador ritmo ska) añadiendo su alegría al asunto sin cesar de repetir «I love you»; hacía de ´cheerleader´ también. A la voz, Kitty y Lewis se llevan la parte del león. Kitty era la corista más bien traviesa, mientras Lewis, formalito, mostraba inclinaciones más folk, sobre todo en Developer's Disease, donde a ritmo de country blues denuncia la lenta desaparición de edificios históricos londinenses.

La veteranía a la trompeta
Ser un trío de cantantes siempre ha sido una ventaja para KD&L, porque a la variedad de estilos de su catálogo se suma siempre esa rotación adicional de voces que refresca constantemente los oídos. Así, Feeling of wonder, que parece un tributo a Stevie Wonder, el delicioso calypso de Baby Bye Bye o el r´n´b de It Ain´t No Business se alternan con las gloriosas melodías de piezas menos genéricas, como Whenever You See Me o No Action, donde florece ese lado pop que es ya uno de los grandes valores del grupo.

Kitty, Daisy & Lewis siguen rindiendo tributo a aquella música añeja cuyo mensaje era bien simple: ¡a bailar, hermanitos!, y, aunque la sala está poblada por butacas, todo el mundo terminó moviendo el bullerengue.

Su talento, encanto y química son innegables; los tienen a espuertas, pero sus canciones todavía deben recorrer un largo camino. Son composiciones robustas y pegadizas en las que no hay demasiado que rascar. Divierten pero no conmueven, pero habíamos ido a bailar y divertirnos, ¿o no? Lo que no me cuadró del todo es que su técnico, tras sonar la última nota del concierto, pusiera Motörhead a todo trapo, aunque esa es otra historia.

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