Concierto

El sueño de Alejandro Sanz

El cantante llena la Plaza de Toros de Murcia y sorprende con una espectacular puesta en escena

04.09.2015 | 00:00
El sueño de Alejandro Sanz
Concierto de Alejandro Sanz en Murcia
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El sueño de Alejandro Sanz

Seguramente será el concierto de la feria, el que más convocatoria haya tenido. Alejandro Sanz colgó el cartel de no hay billetes en este concierto de su gira Sirope, como tituló su último trabajo, publicado en mayo.

El autor de Corazón partío ha dado un significativo cambio de rumbo apostando por una manera de componer y una actitud interpretativa más rocosa, más negra, más funk. Y, es curioso, en momentos de austeridad, Alejandro Sanz sorprende con la puesta en escena, de las más espectaculares que ha llevado, con imágenes proyectadas en una pantalla panorámica gigante que transportaban al público a distintos escenarios.

Hace medio siglo, Boris Vian definió como «una extraordinaria atmósfera de entusiasmo y delirio» un concierto del gran Dizzy Gillespie en París. Claro que aquello es historia. Y lo de la otra noche  también. Alejandro Sanz no sólo es el artista español más vendedor (con permiso de Pablo Alborán), sino que está en uno de sus mejores momentos. Para amenizar la espera actuó la cantante Victoria Riba.

«De pequeño tenía un sueño€», anunciaba la pantalla del escenario antes de que el reloj comenzara la cuenta a atrás.  Al llegar el contador a cero sonó la pacifista El silencio de los cuervos; después Alejandro se presentó al público y siguió con A mí no me importa y No madura el Coco (apuntando a la Venezuela del presente).  Desde cuándo fue la antesala de Quisiera ser, y, a partir de ese momento, el coso se convirtió en un gigantesco karaoke. No me compares y La música no se toca desembocaron en el Medley Tour Sirope con Amiga, Mi soledad e Y si fuera ella, tres canciones unidas que desataron la locura dejando a las fans a su merced.

La apoteosis llegaría con Mi marciana y, cómo no, el desagarrado Corazón partío, donde sale en tromba el cuestionario más famoso del cancionero español: «¿quién me va a curar €?». Lo presentó bromeando: «Una canción recién escrita, que voy a estrenar aquí esta noche».

Todas y cada una de las caras que han construido al artista tuvieron su hueco en el concierto, donde no faltaron temas como el pegadizo Looking for Paradise, que cantó con Sara, una de sus coristas. Pero Sanz no miró mucho hacia atrás: más de la mitad del repertorio correspondió a sus dos últimos discos, y lo acometió con una banda mixta, estableciendo diálogos y dejándoles espacio.

No es lo mismo cerró la parte oficial del concierto, y Sanz reapareció al piano cantando Lo ves en un momento mágico al que siguió Capitán Tapón. Para  la despedida definitiva dejó un par de hits que le dieron la fama, y una peculiar versión de Pisando fuerte en clave disco.

Fue un alboroto formidable de más de dos horas de duración, con un público formado por miles de chicas, en plena adolescencia la mayoría, con los ojos turbados por la emoción y la pasión. Catarsis colectiva que casi apagó la voz del cantante. A Sanz le encanta el contacto con el público, coquetea, busca su complicidad.  Se dan todos los tópicos del ´rock stadium´: trucos y efectos espectaculares.

Tan bonito como empalagoso; una producción, muy cuidada, que llega al final como si se desconectara, con todos los rasgos propios de Alejandro Sanz, una mezcla entre lo clásico y lo presuntamente moderno. ¿Más de lo mismo? Pero ¿qué tiene de malo ser fiel a uno mismo? En el cierre las pantallas arrojaban la frase : «Por fin se ha cumplido el sueño que tenía». Y su público así lo corroboró.

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