Cante de las Minas

La noche de la señora Encarnación Fernández

La cantaora puso en pie a su gente en una noche en la que un muy bien arropado Carlos Piñana compartió su esencia

13.08.2015 | 18:10

Los cantes tradicionales mineros de Encarnación Fernández y la más reciente creación del guitarrista Carlos Piñana, El cuidado de una esencia, fueron los protagonistas de la tercera gala del Festival Internacional del Cante de las Minas el pasado domingo. En esta primera gala doble de esta edición, la unionense Encarnación Fernández, dos veces premio Lámpara Minera y que hoy recibirá el reconocimiento del Festival al recibir el Castillete de Oro, abrió la noche.

Acompañada de su hijo, el guitarrista más joven en ganar el Bordón Minero en 1989, Antonio Muñoz, se presentó, como era de esperar segura y señorial ante su gente, sus vecinos y amigos, pero también ante quien se acercaba a su cante por primera vez. Con tranquilidad y con un escueto buenas noches comenzó su actuación con una malagueña, seguida de una soleá.

Entre sorbo y sorbo de agua, mientras ganaba en voz y en presencia, Encarnación Fernández anunció un taranto y una murciana. La dureza de estos cantes se nota en la voz de quien conoce la mina, el desgarro, el dolor y la muerte que los vecinos de La Unión sufrían por llevarse el pan a la mesa.

Tras una gran ovación, se incorporaron los palmeros para acompañarla en unas alegrías.
La velada, que se hacía cada vez más corta, tocaba a su fin inevitablemente, aunque el público quería más de esta dama del cante que, también con dos pianistas, se arrancó con una cantiña y un garrotín con el que el público acompañó en algunos compases con palmas.
Gitana elegante, gran señora, Encarnación Fernández, que fue ganando enteros y voz durante su actuación, hizo gala de su raza con La canastera, para seguir con una delicada nana con la que acurrucó en sus brazos a la gente que la escuchó en la Catedral.

En una noche tan corta para Encarnación y su hijo Antonio, el amanecer llegó con Se nos rompió el amor por bulerías. La canción del compositor Manuel Alejandro sirvió para que se despidiesen entre ´olés´ y ´guapa´ de su casa, de su gente. El final de la primera actuación permitió que el público tomara aire durante unos minutos antes de que se subieran al escenario Carlos Piñana y la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia (OSRM). El guitarrista cartagenero, premio Bordón en 1996, presentó su última creación, El cuidado de una esencia, una suite para guitarra flamenca y orquesta.

Concebida inicialmente para que la ejecutase toda la Sinfónica de Murcia, tal y como se hizo en su estreno, en esta ocasión, en el escenario del Antiguo Mercado Público, se presentó la sección de cuerdas de la OSRM. Piñana hizo un repaso por un buen número de palos del flamenco con una soberbia Sinfónica dirigida por el maestro César Álvarez, que estuvo muy fino en los cambios de compás, y con Miguel Ángel Orengo a la percusión. Tras unas breves palabras de agradecimiento al festival, Piñana quiso recordar a dos referentes y genios del cante como eran su abuelo, Antonio Piñana padre, y su padre, Antonio Piñana.

Después de una rumba se despidió por primera vez y a su vuelta remató la noche, esta vez arropado por la sección de chelos, compuesta por Aida Ciftja, Svetla Nankova y Juan Mellado, que tuvo una presencia destacada en la noche. Antes de que comenzaran las actuaciones, el alcalde de La Unión, Pedro López Milán, entregó el Castillete de Oro del Festival al entrenador José Antonio Camacho.

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