Crítica Musical
Blues Brothers

Una divina misión

07.09.2014 | 04:00

The Blues Brothers Band es mucho más que el recuerdo de aquella película donde John Belushi y Dan Aykroyd interpretaban a los hermanos Jack y Elwood Blues. Lejos de ser una caricatura de épocas pretéritas, trasmiten el mismo feeling. La banda suena compacta, como una roca, y en vivo ponen absolutamente frenético al respetable. Las canciones son las de siempre, aunque eso no significa que el espectáculo sea el mismo, y permanece el espíritu: ese estilo de soul, rhythm and blues y Chicago blues sobre el que se asienta la banda.

La Original Blues Brothers Band volvía a Murcia tras haber pasado hasta en tres ocasiones por el Jazz San Javier, y llenaron. Apabullante. Sencillamente apabullante. Llevan haciendo el mismo show desde hace más de 25 años y ya no hay secreto que desvelar, sino dejar constancia de que la espontaneidad y la magia originales siguen ahí. Aunque la intención sea clara, pragmática y tangible –ir a la caza y captura de un público rendido de antemano al que hay que satisfacer a toda costa–, le echan profesionalidad, y desde luego otra vez lo consiguieron. Era de esperar conociéndoles y sabiendo que son la mejor formación  soul de la historia, aunque de los fundadores solo queden Lou ´Blue Lou´ Marini y Steve ´The Colonel´ Cropper (padre del sonido Memphis, preboste del sello Stax y firmante de algunos de los títulos más perdurables de los años sesenta, que ingresó en el Rock and Roll Hall Of Fame y, junto a Michael Dunn, se inventó el sonido de la Stax). John Trapea sustituye desde hace años a Mac ´Guitar´ Murphy, y también hace años que han encontrado a un cantante y armonicista de lo más histriónico, Rob ´The Honeydripper´ Paparozzi, un veterano dignísimo que ha cantado para Blood, Sweat & Tears y se entiende de maravilla con sus armónicas. Supera a Tommy ´Pipes´ McDonnell, de nuevo en la banda.

Una formación de veteranos de lujo con un historial que corta el hipo. La edad pesa sólo hasta que tocan el primer compás de la noche: Green Onions, de los días de Cropper junto a Booker T & The MG´s , quizás el mejor instrumental de la historia del pop. Sintetiza en pocos minutos la esencia del soul sin necesidad de un cantante.  Le siguieron otros dos instrumentales: Peter Gunn Theme y Soul Finger, el insustituible sencillo que dio fama a The Bar-Kays; no la tocaron completa, ya que, tras poner ritmo y calentar los músculos, era el momento de presentar a Rob Paparozzi, que salió con el habitual traje, sombrero y gafas negras, portando en un maletín de mano su colección de armónicas. Lo primero que cantó fue  Goin´ Back to Miami, con un petrificante solo de batería de Lee ´Funkeytime´.

Paparozzi se ocupó más del blues, como cuando interpretó Messin' With The Kids, del genial Junior Wells, o el clásico de los años 30 Flip, Flop And Fly, que puso la fiesta en marcha, una invitación para bailar en la que todas las edades están permitidas. El personal se bailaba encima. El recinto estaba al rojo vivo.

Luego apareció Bobby ´Sweet Soul´ Harden, cantante negro con una gran tonalidad vocal y gran desenvoltura en escena, quien sacó al escenario a una chica para bailar. Él, un auténtico hombre de goma, se ocuparía de la parte más soul, caliente y sensual, atreviéndose con una de las canciones más controvertidas que llegó a interpretar ´Joliet´ Jake Blues (John Belushi): Shotgun Blues. Con Minnie The Moocher se marca todo un juego al más puro Cab Calloway, poniéndose hasta la clásica chaqueta de pingüino blanca de aquel curioso y entrañable artista de la música negra, todo un maestro del scat. Entre risas y emoción no se dejó ni los típicos saltitos ni el aire histriónico de Calloway. De ahí a Sweet Home Chicago, Soul Man –Sam And Dave estarían orgullosos de la versión– y Who's Making Love. Después de escuchársela en los discos a Johnnie Taylor, al igual que a Belushi en su pasional versión, resultó un afortunado final.

En el bis, Lou Marini agradeció en espanglish estar en Murcia otra vez, explicó que la noche anterior habían tocado en Madrid hasta muy tarde y que las campanas (por la bajada de la Fuensanta) no les habían dejado dormir. También comentó el hecho de que ahora tengan tres cantantes, e insistió en que eran los Originals Blues Brothers. Presentó su nueva página de Facebook y uno a uno a los músicos, que fueron ocupando sus puestos. Volvieron con Everybody Needs Somebody to Love (recuerdo a Solomon Burke). Apoteosis.

Un repaso a una de las páginas más gloriosas de la música del siglo XX, mucho más que una lección de historia, uno de esos espectáculos americanos que se exportan al mundo y fascinan. Los Blues Brothers tienen la mecha perfecta para encender una ardiente noche de soul y blues. La misión continua. 

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