Entrevista. Actor
JULIA ALBALADEJO
Los cartageneros vivirán hoy Una noche con El Brujo, un espectáculo que representa desde hace años y que ha ido evolucionando. ¿Queda algo del original?
Hace diez años que estuve en el Romea... El espectáculo rueda; las cosas giran, se transforman con el tiempo, cambian con nosotros.
Nació de textos de Fray Luis de León, Quevedo, Santa Teresa de Jesús y Cervantes.
Y de esos no queda ni uno. Es un espectáculo libre, en el que cuento historias, secretos, secuencias biográficas; en el que hay humor y en el que se cuela la actualidad, porque siempre tengo un ojo puesto en lo que está pasando.
Y la improvisación.
Es que yo ensayo con el público. Es un privilegio que tengo, que los espectadores me permiten que me pierda, vaya de un lado a otro e improvise. Y luego repaso lo que ha ocurrido y voy cambiando cosas.
Siempre entabla una relación muy personal con el público. ¿Es ese su objetivo al salir a escena?
El público el vital. Es mi ´partenaire´, mi sustento, mi alma... Es el que me ha forjado como actor y a él se lo debo todo. Si quieres hacer algo realmente interesante en el teatro tienes que contar con el público, las buenas críticas dan igual.
Pero lo que sí seguirá siendo Una noche con El Brujo es un homenaje a la palabra, ¿no?
Es un homenaje a la palabra como método de indagación, como instrumento de comunicación. Es algo decisivo para ser de verdad humanos, para mostrar nuestro interior y para poder ver el de los demás. Y como instrumento tiene utilidad, pero también belleza. Es como una cama que sirve para dormir... Pero el sueño es siempre más agradable en una cama bonita.
Hay quien dice que cada vez hablamos menos.
Es verdad que antes había más tiempo para hablar, para contarnos cosas e historias. Ahora parece que hay menos tiempo para todo.
¿Nos olvidamos del poder de la palabra?
Sí. Y es algo que se ve mucho en los líderes políticos, que nos comen la olla. Y algunos son peligrosos, los más hábiles son los más peligrosos; fíjate si no en Gallardón.
Dice que su amor por la palabra lo heredó de su padre.
Le gustaba mucho compartir con los amigos un vino en el casino. Y contar historias, refranes, guardar silencios...
El silencio. Ahora parece que siempre huimos de él.
Es que te comen los diablos por dentro, te pones de los nervios. No sabemos estar a solas con no-sotros mismos.
¿Usted lo ha logrado?
Yo hablo mucho, pero practico desde hace años un método de meditación. Eso sí, cuando acabo le pongo la cabeza como un bombo al primero que encuentro.
Ha conseguido que la gente no tenga miedo de ir a ver un monólogo al teatro.
Puede que los monólogos asusten, pero no con los temas de humor. Ahí está el ejemplo del Club de la Comedia... Esto es lo mismo, pero con mi propio estilo.
Llena teatros, pero también los ha conocido vacíos. ¿El miedo se va alguna vez?
Los he conocido vacíos en mis comienzos y en mis continuaciones. He actuado en teatros abarrotados y con veinte personas, y también he suspendido funciones porque no había ido nadie. Es acojonante. Siempre se tiene ese miedo y siempre parece que no es suficiente... Hasta que escuchas que no quedan entradas.
¿La crisis también afecta a actores consagrados?
Me afecta porque tengo que trabajar más y luego esperar a que los ayuntamientos paguen. El ministerio de Cultura debería hacerse cargo de esta situación que está llevando a la ruina a muchas compañías; pero parece que está ocupado con la declaración de BIC de los toros. Los teatros se siguen llenando, pero muchas veces el dinero se usa para que el concejal cobre su sueldo. No pueden no pagar, pero uno de nuestros grandes problemas es que somos unos incultos con nuestra democracia; no hemos aprendido aún a respetar al otro.
¿Confía en la Ley de Mecenazgo que prepara el Gobierno?
Lo que han dicho hasta ahora es como no decir nada. Puede ser beneficiosa, pero se puede hacer de una manera o de otra. La primera fórmula que deberían poner en marcha es pagar lo del año pasado.
¿Cómo ve al nuevo ministro de Cultura, José Ignacio Wert?
Estamos acostumbrados a que los ministros no tengan nunca nada que ver con el teatro. Saben de moda, de libros, de artes plásticas, de cine o de toros... pero de teatro, ninguno. Veremos a ver qué hace.
Prepara un montaje basado en La odisea, de Homero. ¿Nos hacen falta héroes hoy en día?
Los héroes son un espejo de virtudes y también un modelo de autodescubrimiento. Siempre nos hacen falta héroes, ejemplos, pero no como los que salen en televisión; esos son héroes muy baratos.