JULIA ALBADALEJO
Aunque Yeray Pérez asegura que «no es nada complicado», son muy pocos quienes pueden presentarse como ´ingenieros de papel´. «Es como ser pintor de brocha gorda o diseñador gráfico, que es lo que realmente soy», añade este joven andaluz de 25 años que vino a Murcia a estudiar en la actual Escuela de Arte y Superior de Diseño y aquí se quedó –ahora tiene una agencia de publicidad, La Calle es Tuya, junto a David Fernández–.
Cuando aún estaba estudiando, Pérez redescubrió los pop-ups o libros desplegables, no tan infantiles como muchos creen. Comenzó entonces su pequeña colección y su realización se convirtió finalmente en su especialidad. Recientemente ha puesto en práctica sus conocimientos con el libro ¿De qué están hechas las niñas flamencas? (ed. Combel), escrito por Montse Ganges e ilustrado por Susana Subirana.
«En pop-ups puedes encontrar de todo; hay publicaciones infantiles y otras muy complicadas y frágiles, que en manos de los niños durarían muy poco, son más para enseñarlas y compartirlas. Ahora que hay un resurgimiento de los libros desplegables están saliendo muchas cosas para adultos, hasta en el sentido más verde del término». También se utilizan los pop-ups, añade, «para los catálogos de empresas, obras sobre arquitectura, tarjetas e invitaciones de todo tipo, etc».
Echando un ojo al mercado editorial se puede comprobar este auge de los pop-ups que explica el diseñador gráfico. Hay editoriales que están rescatando clásicos como Cenicienta o Alicia en el país de las maravillas, además de apostar por otros libros como el dedicado a La guerra de las galaxias. Obras que en algunos casos son «auténticas maravillas y que son terriblemente intrincadas», explica.
En España, la editorial Combel es una de las que apuesta por los libros desplegables con títulos como Punto rojo y 600 puntos negros –de David A. Carter, un maestro del papel– y otros de autores españoles, como el ya nombrado ¿De qué están hechas las niñas flamencas?
Niñas «que viven en un mundo de lunares y flores, de alegrías y colores, de corazones y olés» son las protagonistas de esta publicación destinada «a amantes del flamenco y niños», porque, según cuenta Pérez, «es sencilla y resistente, con ilustraciones muy coloristas, alegre y divertida». Un libro que ´esconde´, entre otros secretos, «una especie de teatrillo, un tablao de muñecas», explica el diseñador gráfico, quien ahora tiene «varias cosas en mente» –algún proyecto con ilustradores murcianos entre ellas– de las que aún no quiere desvelar demasiado.
Relata Pérez que convertir cada ilustración a las tres dimensiones le llevó una o dos semanas –el libro estuvo en desarrollo casi 8 meses–; un arduo trabajo en el que el ingeniero de papel estudia primero la ilustración, realiza los bocetos, el ´prototipado´ y los planos finales; piezas que luego pasan al ilustrador para que pinte sobre ellas y que se montan a mano, como si fuera una cadena de montaje de un coche. Una complicada producción que hace que la realización de pop-ups sea costosa para las editoriales, por lo que «muchas veces se tiende a la coedición internacional». Aunque «estos libros funcionan muy bien».
Para ser un buen ingeniero de papel, Pérez afirma que lo principal, además de «una buena visión espacial», es «tener curiosidad, como ocurre con casi todo». «Hay que tener ojo crítico –añade–, imaginación y ganas de experimentar, porque es relativamente fácil conseguir cosas efectivas, pero lo ideal es estar siempre innovando, creciendo».