ÁNGEL H. SOPENA
Producido por el propio Miguel Bañón y mezclado por Hendrik Röver, Tipos raros es un disco de una gran diversidad, que muestra sabiduría, humor y aplomo. Que Los Marañones son grandes es algo que no se le escapa a nadie. Han pasado más de veinte años desde que iniciaron su andadura y constituyen una deliciosa alternativa que destila poesía, sencillez y sensibilidad. Una banda así tiene que seguir viva para demostrar cómo suena el verdadero r’n’r. Los padrinos, man.
Parece que habéis puesto el turbo y recuperado la regularidad publicando discos.
Entre Shangri-La y El mundo al revés pasaron unos cuantos años. Eso fue por falta de mecenazgo.
Estábais grabando Extraña familia y ya preparabais estas canciones. Ahora, Tipos raros. Parece que hay cierta continuidad.
No ha sido premeditado, pero puede parecer una obsesión. Las canciones se van solapando. La diferencia de este disco es que son todas nuevas. En otros discos hemos combinado canciones de distintas etapas. Entre Extraña familia y éste sacamos Las aventuras de los Marañones, donde hicimos una grabación de canciones antiguas. Nosotros nos movemos por impulsos. No solemos sentarnos a planear.
Este disco parece reafirmaros en vuestros últimos planteamientos, expuestos en Extraña familia, como si después de 20 años os hubieseis plantado.
Sí, somos como somos y ya no lo podemos remediar. Somos tipos raros, y de alguna manera eso ha quedado como constante, incluso creo que se ha agudizado el hecho de que hagamos canciones muy diferenciadas, con estilos muy distintos. Mi madre, que es una analista bastante aguda, escuchó el disco y me dijo: «Es muy marañón». Seguramente debemos de tener un sello propio, al margen de que este sea el disco más variado que hemos hecho.
Es como una galería de personajes que os habéis topado. ¿Qué tienen de reseñables? Es algo que está en la tradición del rock.
Nos dimos cuenta de que muchas canciones tenían como protagonista a un personaje (Blas, Ramón, Barrabás...), que todos podemos reconocer... El título salió después de terminar el disco. De hecho había una canción que se llamaba Tiempos raros y decidimos cambiarle la letra, y la enfocamos como resumen o epílogo del disco. Todo el mundo puede personalizar a esos tipos raros. Yo conozco a varios barrabases, y también a cándidos, que son un poco la antítesis.
¿Mr. G es un personaje real? Parece sacado de la televisión.
Es un poco como el Dr. Robert de los Beatles, un tipo que después de pasar por sus manos hace que tu percepción varíe. Te lo puedes encontrar por las noches. Este Mr G no se sabe si es interesado o altruista, de ambos casos hemos visto.
El uso de personajes en las canciones es muy propia de los 60.
Sí, de los Beatles o los Kinks... Lo cierto es que siempre ponemos títulos que pueden abarcar más de lo que parece a simple vista...
¿Los Marañones os consideráis unos tipos raros? ¿Ser rockero es ser un poco raro?
Sí, pero no somos el prototipo del rockero, aunque en el mundo rock sí puede que seamos raros. No acudimos a ciertos estereotipos: no vamos en Harley Davidson, ni vestimos de cuero negro y cosas por el estilo. Hemos amoldado el rocanrol a nuestra propia personalidad.
Miguel, has vuelto a producir disco. ¿Cómo ha sido el proceso?
Normalmente Román y Ricardo vienen a mi casa y hacemos un boceto de las canciones, y sobre esa base empiezo a meter arreglos. Luego, mucho trabajo en el ensayo y se lo mandamos a Hendrik Roever, de Los Del Tonos, que lo mezcló en su estudio. A él también se le ocurrieron ideas. Él nos conoce, ha participado en discos nuestros, hemos tocado juntos. Es una apuesta segura.
En Aún existe un lugar, que me parece la mejor canción del disco, habéis apostado por el melotrón.
Los Beatles hicieron célebre el melotrón de flauta de Strawberry fields; está también el de violines, muy propio de King Crimson, que es el que hemos tomado. Buscábamos ese rollo más psicodélico y onírico. Rescata una época, es un sonido que traslada a una época que también coincide con el tema de la canción... Es en cierto modo como una utopía que aún queda... El melotrón pertenece al lado analógico de la vida, y desde luego es un color que viene muy bien al concepto de la canción.
Os habéis alejado del plástico de Japón para volver a vuestros orígenes más clásicos.
Incluso a los años 20. En este disco hay swing en varias canciones que nos retrotraen a los tiempos de la orquesta de Tommy Dorsey... Por ese camino ya veremos dónde acabamos. Lo clásico es lo que siempre perdura y siempre vuelve. Vale que deconstruyas un plato de nueva cocina, pero unas lentejas o un cocido madrileño...
¿Volver a Katmandú es como volver a Shangri.La?
A Shangri.La íbamos y a Katmandú volvemos. Sí, es otra constante, es ese rollo evasivo de viajes buscando algo distinto. Es la idea de un viaje imaginario. Viajar con la mente es a veces incluso mejor, sobre todo más barato. Mr. G ayuda.