MANUEL MADRID
Una paloma blanca "con pico de oro, alas de plata y color de lirio", como la del tanguillo que interpretaba Antonio Molina en la película 'Esa voz es una mina' (1955), bajó el sábado a remojarse en las llovidas haciendas del Campo de Cartagena.
Era una tortolilla coplera, de voz cristalina e infinita, que al pasar por la Ermita de la Virgen del Pasico debió acordarse de un amor perdido y rompió a llorar "por aquel camino verde, que por el valle se pierde, junto a mi felicidad". Con esta canción de Carmelo Larrea, una de las más populares de la posguerra, Diana Navarro detuvo el tiempo el sábado en el Centro de Artes Escénicas (CAES) de Torre Pacheco.
La hija de Tadea y José 'El Morralla', pescador de la playa malagueña de Huelin, el mismo donde nació Antonio Molina, que de chica llamaba con sus trinos a la virgencita del Carmen, ofreció en Torre Pacheco su primer concierto del año, un recital de una hora y media que la artista inauguró cantando una selección de coplas clásicas que aparecen versionadas en su último disco: 'Camino verde', un homenaje a la banda sonora de España escrita por Quintero, León, Quiroga y otros poetas como Naranjo, Mostazo, Gordillo o Solano, y a sus más reconocidos intérpretes: Estrellita Castro, Manolo Caracol, Juanito Valderrama, Rafael Farina, Marifé de Triana...
Un sueño musical que a punto de cumplir 32 años Diana Navarro recrea en el escenario, sin aparentar esfuerzo, con un garganteo celestial, absolutamente sobrenatural -"hace lo que quiere con la voz", cuchicheaba el patio de butacas- y una habilidad congénita para seducir al respetable con el refinado caracoleo de sus manos. Con el pelo recogido y abrazada por un vestido de mangas de encaje y volantes azabaches y escarlatas en los pies, Diana Navarro se enfrentó a temas como la 'Farruca del Tran Tran', 'La bien pagá', 'Vino amargo' o 'María de la O' con la misma actitud con la que los toreros reaccionan cuando ven arrancarse a las fieras.
Alegre y despejada, con una sencilla puesta en escena que llena por sí sola con su don casi divino, la malagueña reconoció en sus continuos diálogos con el público que desde los 9 años entona coplas y flamenco, "y las ganas de cantar nunca se me van". En la segunda parte del concierto, desmelenada y envuelta en un mantón, rescató 'Ea, ea' -"yo soy el mar y tú la marea, nuestro corazón se balancea"-, 'Brindo por ti', 'Sola', 'Imaginando' y otros temas de sus dos trabajos anteriores, 'No te olvides de mí' y '24 Rosas'.
Acompañada en el escenario por Juan Carlos Jiménez a la guitarra, Faiçal Kourrich al violín y Miguel Ángel Collado al piano, Diana Navarro se despidió, a petición popular, con la animada 'Campanera' y una sentida saeta con la que acabó llorando y poniendo en pie a los 600 espectadores que llenaban la sala: "La acción más bonita es poder dar las gracias porque te han hecho feliz y la felicidad es un tesoro preciado que debemos valorar. Gracias, Torre Pacheco".