ÁNGEL H. SOPENA
En 'Coplas del querer', Miguel Poveda homenajea un género que han abordado desde hace décadas otros cantaores flamencos (Manolo Caracol, Rafael Farina, Miguel de Molina...). Pero Poveda quiere ser él. Despojada del tópico barroco y del aire de verbena la copla que canta, arreglada y producida por Joan Albert Amargós, mantiene el 'perfume', pero con un aire renovado y personal.
Ha elegido una selección de coplas con acierto y buen gusto, coplas que hablan de amores y desamores de manera pasional y desgarrada en el lenguaje tan propio del género, y vuelven a revivir en su voz. Coplas al gusto de Miguel Poveda, que acerca a su universo flamenco en temas como 'Mis tres puñales', por bulerías, cantada anteriormente por Marifé de Triana.
Con la dirección musical del maestro Joan Albert Amargós, el cantaor reinventa el género, llevándolo a un territorio nuevo sin dejar de reivindicar el poder narrativo y la lírica asombrosa de aquellas canciones eternas, de las que se apropió el franquismo. Quintero, León y Quiroga forman parte de lo mejor de la canción española del siglo XX.
La fórmula empleada es la misma que Martirio ensayó junto a Chano Domínguez. A oscuras y en silencio, apareció Miguel iluminado, y a capela entonó el popurrí del final de 'La radio de mi madre'.
Por su repertorio desfilaron 'Ojos verdes', con requiebros a la Piquer, o 'La bien pagá', con un guiño a Miguel de Molina, junto con un homenaje paisano a Carmen Amaya, pero también poemas poco conocidos como 'Ni un padrenuestro', de Rafael de León, al que situó como uno de los grandes de la Generación del 27, o la zambra 'A ciegas', que interpretó para la película 'Los abrazos rotos' de Almodóvar. Coplas que enamoran todas ellas, cantadas con desgarro, sentimiento y elegancia flamenca. Poveda es pulcro, afinado y lleva su voz al extremo sin necesidad de recurrir al grito.
Entre las canciones que rescató predominaban piezas a las que puso voz Farina, como el pasodoble de Antonio Gallardo y Sánchez Ortega 'La senda del viento', o la zambra de Quintero, León y Quiroga 'Vente tú conmigo', aunque el conjunto también reservó espacio para otras melodías más populares, como 'Embrujao por tu querer' que dedicó a La Pantoja, en una versión un poco más flamenca. Se salía del pellejo.
El recital estuvo dividido en tres partes. En la primera, Poveda se rodeó de una formación de piano, violín, trompeta, batería y contrabajo que le daban un sonido muy actual a los temas. En la segunda, el elenco se redujo a formación flamenca con guitarra (su inseparable Juan Ramón Caro, que le enseñó la cartagenera), palmas y tinaja.
Miguel, sentado en una silla para aflamencar un poco más las composiciones, en esta tesitura se encuentra a sus anchas. Sin más elementos que la guitarra y las palmas cantó 'Tres puñales', de lo mejor de la noche con 'A ciegas', que hizo junto al piano de Amargós y el sensible violín de Carlota, prendiendo el entusiasmo. Asimismo interpretó, recitó, susurró, y se desgarró, cantando 'Tu boca con la mía', que cantara doña Juana Reina, fiel al espíritu trascendental del original, y se despidió con la alegría que transmite la rumba heterodoxa 'Seré serenito', que un jovencísimo Camarón de la Isla interpretaba en una secuencia legendaria de Casa Flora, una de las letras del gran homenajeado de la noche, el poeta Rafael de León.
Majestuoso, Poveda cantó ese género inmortal, la copla, a su manera, aunque donde más a gusto se le vio fue junto a la guitarra y al compás, encendiendo la candela de la emoción. No se puede cantar mejor, le gritaron desde el público. Es un artista de los pies a la cabeza. No tan sólo ofreció una brillante actuación, sino que rompió prejuicios.