JUAN JOSÉ PÉREZ PÉREZ
La tarde empezó bien, el equipo marcó pronto y creó ocasiones dentro del área que merecieron mayor premio por parte del colegiado, pero perdonó en exceso y acabó encerrado, cediendo el balón al contrario y sufriendo el acoso del Numancia con el público de pie en las escaleras, dudando entre salir corriendo para escapar del atasco o sufrir con los suyos hasta el final del interminable tiempo de prolongación. Menos mal que los de González, que tuvo que seguir el partido desde la grada por sanción, se llevaron al final los tres puntos y el sufrimiento no fue en vano.
Cada partido es una agonía para el aficionado, una cita para masoquistas y amantes de refinadas torturas como las que sufría Tántalo, condenado a vivir en el infierno bajo una roca que amenazaba con caerle encima, muerto de hambre y de sed, que, cuando intentaba alcanzar una fruta del árbol, veía cómo la rama se alejaba y, cómo, cuando intentaba beber agua, ésta bajaba de nivel.
Pese al triunfo del domingo, el Murcia sigue en puestos de descenso ya que todos los de abajo puntuaron este fin de semana en una categoría tan igualada que la distancia entre el Hércules, el primero que sube, y el Murcia, el primero que baja, es la misma que la existente entre el líder de Primera, el Barça, y el Athletic, séptimo clasificado. Cuando los granas se acercan un poco a su objetivo, éste se aleja otro tanto, de manera que, como Tántalo, nunca terminan de alcanzarlo.
El único consuelo que nos queda es que sólo los tontos carecen de preocupaciones y la esperanza de que, en lugar del infierno, del que no se sale, los puestos de descenso sean sólo el purgatorio.