JUANJO PÉREZ PÉREZ
Muchos lo recordarán. La cabeza del Mono Burgos asomando por la boca de una alcantarilla cuando el Atleti regresó a Primera después de un añito en el infierno es la imagen que mejor describe la actual situación del Real Murcia en la tabla clasificatoria. El Murcia de González es una cabeza asomando a la luz después de mucho tiempo, situada un punto por encima del abismo, con una renta corta pero suficiente para comprobar que hay vida en la superficie cuidando, eso sí, de que no se nos venga un camión encima que nos mande otra vez al pozo.
El Murcia no fue capaz de marcar antes que el Levante así que hubo que cambiar el guión de marcar pronto y aguantar atrás, lo de nadar y guardar la ropa, por el plan B consistente en dominar el juego para remontar bajo la lluvia un marcador adverso.
Pero la fe mueve montañas y el Murcia de 2010 la tiene. Ha recuperado una confianza en sus posibilidades que parecía perdida y, como el hijo pródigo, ha regresado a la casa de los buenos resultados por la senda de la mejoría del juego después de meses de vida disoluta.
La fe permitió al Murcia recuperar un punto en los instantes finales y, después de 85 minutos de amagar mucho y pegar poco, Kike aprovechó un pase de Mario Rosas para lograr la igualada que permite al equipo sacar la cabeza de las cloacas marcando un gol que vale ni más ni menos que un punto, exactamente la misma distancia que separa al equipo del hoyo de la Segunda B.