JUAN JOSÉ PÉREZ
La situación del Real Murcia es tan preocupante que sólo la Ley de Murphy parece capaz de explicarla. Este Murcia es un club en el que si algo puede salir mal, saldrá mal. Un club donde no hay límite a lo mal que pueden salir las cosas. Todo sale mal simultáneamente. Todo lo malo se repite. Las malas rachas se acumulan. Los malos presentimientos siempre se cumplen. No hay situación que no pueda empeorar y la luz que se ve al final del túnel es la del tren que viene de frente.
La situación por la que pasa el Real Murcia es tan desastrosa que el sábado fue nuevamente derrotado en su estadio, esta vez por el Elche, que se acercó a pasar la tarde a la Nueva Condomina y a recuperar de paso los tres puntos que había perdido en la jornada anterior. La situación es tan increíble que Bruno continúa siendo el elegido para fallar los penaltis por un entrenador empeñado en convencer al público de que apoye a un grupo que ni juega, ni gana, ni vence, ni convence. Un equipo que acaba con diez demasiados partidos y sólo parece capaz de marcar en fuera de juego. Un equipo en el que los jugadores más aplaudidos son los que, como Acciari, un día vistieron nuestra camiseta recordándonos que, desgraciadamente, cualquier tiempo pasado fue mejor.
La situación es tan surrealista que, mientras el barco se hunde, el propietario declara que está seguro de que el Murcia se salvará, del mismo modo que la orquesta del Titanic continuaba tocando mientras el trasatlántico hacía agua por todos lados y se iba a pique demostrando que, como también dijo Murphy, el que mantiene la calma cuando todos pierden la cabeza es que no se entera de nada.