JUAN JOSÉ PÉREZ
Donde las dan, las toman. Si el Real Murcia despidió 2009 arañando un punto en el último suspiro frente a un Cádiz en inferioridad numérica, en Balaídos recibió al 2010 de la misma manera, cediendo un empate en el minuto 87 al recibir un gol mientras se defendía con diez jugadores por la tercera expulsión de Mejía en lo que llevamos de temporada.
La afición está desencantada con el equipo y mientras unos piensan que camina con paso firme hacia el descenso, otros me recuerdan que les bastó con ver el partido de presentación contra Osasuna allá por el mes de agosto para darse cuenta de que el objetivo de este grupo no era precisamente el del ascenso. Hay quien es más radical y me pide que le de caña a Samper porque se ha enriquecido a costa del Real Murcia y porque, como la banca en los casinos, siempre gana, pensando, quizá, que para perder ya está el equipo.
Alguno lo compara incluso con los monarcas absolutos que reinaron en Europa hace siglos y que tenían por lema aquello de "todo para el pueblo pero sin el pueblo", mientras acumulaban poder y riqueza sin ninguna obligación de justificar sus acciones a cambio de un discurso paternalista y algunas concesiones para tener al pueblo contento. Aunque el pueblo no estaba tan contento como pensaba el soberano y la película acabó como el rosario de la aurora.
El nuevo año empieza, pues, como acabó el anterior y con angustiosos nubarrones en el horizonte que no presagian nada bueno. No será un camino de rosas pero aquí, desgraciadamente, ya estamos acostumbrados.