JUAN JOSÉ PÉREZ
Todas las horas hieren, la última mata.
No hay manera. El Real Murcia volvió a perder un partido en el que dominó al Villarreal B durante un buen primer tiempo en el que Natalio marcó un gol anulado por fuera de juego y Ochoa estrelló un remate de cabeza contra el travesaño. Un partido que se complicó en la reanudación al encajar un gol de cabeza a la salida de un córner y quedó sentenciado poco después con un contragolpe letal. Demasiado castigo para un equipo incapaz de remontar un marcador adverso, atenazado por el miedo a perder hasta el punto de fallar un penalti y su repetición a tres minutos del final.
El Real Murcia no ocupa el penúltimo puesto de la tabla sólo por una derrota en Villarreal sino por acumulación de ellas. No está donde está por fallar un penalti el otro día sino por no haber sido capaz de marcar ninguno en toda la temporada. No se aloja circunstancialmente en puestos de descenso por haber perdido un partido sino que vive en ellos por haber ganado sólo dos en todo el curso.
El fútbol es el juego de las ocasiones perdidas y el Real Murcia es su campeón. Los granas mandaron al limbo un par de buenas ocasiones en la primera parte y ya se sabe que en este negocio el que perdona la vida acaba perdiendo. La derrota del sábado fue una nueva herida en el centenario cuerpo del equipo pimentonero, una nueva hora perdida que agrava aún más si cabe la situación del enfermo.