Además de la camiseta, el Murcia parece haber cambiado sus principios por otros más del agrado del respetable y sumó ante el Betis su segundo triunfo de la temporada. La segunda victoria consecutiva en la Nueva Condomina, el segundo ladrillo en la construcción del fortín inexpugnable en que debe convertirse el estadio grana para seguir soñando con la permanencia.
Igual que ante el Real Unión de Irún, los de González basaron su victoria en una demoledora pegada en los primeros minutos. Bastaron dos fogonazos en quinientos segundos de inspiración para dejar a los visitantes noqueados y a los parroquianos sorprendidos y pidiendo la hora.
Y es que, desde la llegada de José González al banquillo de la Nueva Condomina los partidos del Real Murcia como local se han convertido en la prueba irrefutable de que, a quien madruga, Dios le ayuda. Primero madrugó el Cartagena para golear sin compasión a los pimentoneros cuando todavía se estaban colocando sobre el césped el día de su debut en casa. Hace quince días madrugó Natalio para encarrilar con dos goles la primera victoria de la temporada y el domingo, Capdevila e Isaac Jové le hicieron un roto al Betis mientras alguno todavía estaba buscando aparcamiento confirmando, una vez más, que el que da primero, da dos veces.