Juan Ramón Medina Precioso: «A la vez que sufría un infarto en Murcia se encendían solas las luces de mi casa en Sevilla»

Autor de "El expediente precioso"

27.11.2017 | 23:17
Juan Ramón Medina Precioso: «A la vez que sufría un infarto en Murcia se encendían solas las luces de mi casa en Sevilla»

En la nave del misterio

  • En este caso es obligado empezar por el currículo profesional. Es biólogo y catedrático de Genética. Ha sido diputado de IU en Andalucía y rector de la Universidad de Sevilla, para empezar. Puso en marcha la Politécnica de Cartagena, de la que fue su primer rector, y presidió la Conferencia de Rectores. Después fue consejero de Educación, Universidades y Cultura en varios Gobiernos de Valcárcel, y su última dedicación fue la dirección del Campus Universitario de Lorca. No es uno que pasaba por aquí. A la par que todo lo anterior, resulta que ha tenido experiencias paranormales diversas, sobre todo telepáticas, premonitorias, telequinésicas y hasta alguna más bien espiritualista, que se guarda para el siguiente libro después del que acaba de publicar, El Expediente Precioso (Diego Marín), en el que relata todas esas vivencias y busca explicaciones para cada una de ellas. No hay que ocuparse en refutarlo, pues ya lo hace él mismo en su libro para depurar su propia experiencia y establecer con su particular baremo los índices de normalidad de esos hechos. El político jubilado vive en Sevilla, pero su libro es un relato de su paso por la Región de Murcia, algo así como unas leves memorias con las que contextualiza los acontecimientos extraodinarios que relata y que le llevarán muy probablemente, antes que a los debates de La Sexta Noche, a la mesa de Cuarto Milenio. Tiene el cuerpo algo averiado, pero la cabeza discurre como siempre. Medina Precioso sin reparos.

Pensábamos que, mientras ejerció en sus cargos, usted tenía poder. Y ahora resulta que lo que tiene son ´poderes´. No son ´poderes´, porque no los controlo. No hablo de tener poderes, sino de facultades. En realidad son una serie de vivencias paranormales que yo he tenido siempre, ya desde niño. Y ahora he querido dar testimonio de ellas.

Telepatías y premoniciones. Ese es su campo ¿no? Las vivencias más claras y abundantes son las de tipo telepático, que son las que menos explicaciones alternativas tienen. La telepatía consiste en captar una sensación a distancia, y premonición es la capacidad de saber lo que puede pasar en el futuro; digo lo que puede pasar, no lo que necesariamente pasará, porque no creo en el determinismo. Se puede intuir lo que va a ocurrir, pero en parte esto dependerá de lo que uno haga para que ocurra. Aparte de esto también he tenido alguna experiencia de las llamadas de psicoquinesia, intervención de la mente sobre otras personas o sobre objetos.

Usted ha tenido relación con el marxismo y con el cristianismo. Pero a esto le añade lo que usted denomina el acuarismo. Esto parece un cacao ideológico. Mi padre era médico, ateo y comunista, es decir, una mentalidad científica y marxista. Mi madre venía de una familia relacionada con las ideas de la Nueva Era, le interesaba la historia de las religiones, las experiencias paranormales. Y me enviaron a un colegio cristiano. Estudié Biología y soy catedrático de Genética, con lo cual tengo una formación científica. Son cuatro fuentes naturales que están en mi biografía.

Ese punto de partida se da en muchas personas, pero luego, por lo común, se acaba eligiendo una opción, pues algunas parecen incompatibles. He procurado elegir lo mejor de cada una de esas vías e instalarlo en mi propio sistema. Yo no soy propicio a rechazar nada. Ejemplo: todas las leyes que yo impulsé bajo mi mandato de consejero fueran aprobadas sin votos en contra. Todas. ¿Por qué? Porque de forma natural tiendo al acuerdo, al pacto, a la síntesis. Así también en mi vida. No me cierro a nada. Una de las cosas por las que he estado en política es por mi afán de curiosidad. Quería saber qué se siente siendo rector o consejero. Si me hubieran propuesto ser cardenal habría dicho que sí por simple curiosidad. Soy un espíritu libre. Yo soy yo.

¿Y quién es usted? Alguien que busca la verdad, que quiere a sus amigos y que ha procurado hacer el bien y que a veces ha hecho el mal.

¿Cómo que ha hecho el mal? He ofendido a gente. Cuando rezamos el padrenuestro decimos algo muy noble, lo de «perdon0 a mis enemigos», pero se nos olvida lo de «perdona nuestras ofensas».

¿Ha hecho el mal a sabiendas o porque está implícito en el poder? No tiene que ver con el poder. Es un gesto de soberbia tremendo creer que uno puede perdonar, pero no necesita ser perdonado.

Vamos a sus experiencias. Dice haber visto algo así como espectros detrás de algunas personas. Son sensaciones incontrolables que nunca van acompañadas de sentimientos negativos o violentos. Es algo armónico.

¿Y no se pasma usted al percibir esas formas? Desde pequeño he sido educado en no negarme a mí mismo. En el fondo, estas experiencias son como las del amigo imaginario que algunos niños tienen en su infancia. La lechera holandesa. Así imaginé a mi secretaria. Ella me dijo que nunca se había vestido de esa manera. Pasó un cierto tiempo, y un buen día descubrió en casa de sus padres, en un pueblo de la Región, una foto vestida de niña en la que aparecía como yo la había descrito.

¿Y el caballo blanco? Salí a cenar una noche con una de las estudiantes sudamericanas que vinieron a la UPCT cuando yo era rector, y percibí que le susurraba a un caballo blanco. Le sorprendió mucho que yo hubiera captado esa imagen. Me dijo que había tenido un novio que no era aceptado por su familia, y su padre la envió a una casa de campo para alejarla del chico, y allí se consolaba susurrándole al oído de un caballo blanco.

Está también el hombre del traje de rayas. Un matrimonio amigo me invitó a su casa, y había también una señora mayor, amiga de ellos. De repente vi tras ella el busto de un hombre con una camisa de rayas, y se lo describí. Me dijo que era su padre fallecido, con quien había tenido en vida un duro conflicto, cosa que también detecté.

En el capítulo de las premoniciones parece que ya en Sevilla visualizó usted que sería rector en Cartagena. No. En realidad, cuando era rector en Sevilla soñé que estaba en un edificio y me acompañaba un hombre canoso que me llamaba rector. Años más tarde, siendo ya rector de Cartagena pasé con un vicerrector de pelo canoso ante el Mercado de Santa Florentina, exactamente el mismo edificio que aparecía en mi sueño y donde yo antes nunca había estado.

El más impresionante caso es el de cuando usted sufrió un ictus en su casa de Murcia, y en ese instante se encendieron sin que nadie las pulsara todas las luces de su casa de Sevilla donde estaban su mujer y su hija. Sí, a las tres de la madrugada. Ellas dormían con todas las luces apagadas, y se encendieron.

¿Y a usted esto no le da escalofríos? No. El mecanismo por el que ocurrió lo desconozco. Si lo supiera, ya no sería un suceso paranormal. Hay quienes niegan la existencia de estos hechos precisamente porque carecen de explicación alguna, no se pueden explicar científicamente.

Debería intentar hacerlo usted mismo, ya que es un hombre de ciencia. No soy un indocumentado. El artículo más citado de mi especialidad en la Universidad de Sevilla lo firmo yo con un doctorando mío. Pero es que sencillamente este tipo de experiencias no encajan en el marco de la ciencia contemporánea.

¿Y a qué apelamos en casos así? Caben dos opciones. Una, decir que esto es irreal, que el testigo está equivocado o se lo inventa todo. Otra consiste en seguir investigando a ver si damos con una explicación razonada que permita descifrar todo esto. Y esa es mi postura. Cuando los hechos no encajan en las teorías, lo que conviene es modificar la teorías.

Su teoría creo que es: la ciencia llega hasta donde llega; donde no llega tenemos lo paranormal. ¿Es así? La ciencia no alcanza a todos lo grados del conocimiento.En el siglo XVII no se conocía la evolución de los seres vivos. Hay cosas que la ciencia no ha explicado todavía, pero no hay que perder la esperanza de que en el futuro lo explique. Yo hablo de cosas naturales, no introduzco lo sobrenatural por enmedio. Se trata de facultades de la mente humana. La gente se sorprendería si supiera que lo que la Física conoce sobre la materia representa apenas el 5% de la totalidad del universo.

Pero si hubiera cosas inexplicables del tipo de las que usted dice, nos ocurrirían a todos, no sólo a unos pocos y a usted mismo varias veces. ¿No será que debe haber predisposición e incluso voluntad para que esto ocurra? Todo tiene que ver con los genes y el ambiente. En mi caso se da una cierta base hereditaria. Y mi formación cultural permite especular sobre estos fenómenos, no los asfixia. ¿Por qué Mozart componía sinfonías cuando era un niño y la mayoría de la gente no lo hace?

En su libro hay un episodio sobre el que usted mismo dice que es mejor no profundizar: la visita de un tipo misterioso a su despacho del rectorado de Sevilla. El primer sorprendido fui yo. Nunca supe quién era ese señor. Era muy elegante y tenía acento argentino. Vino a mi despacho y me dijo: «Lo está usted haciendo bien como rector. Le aconsejo que persista en el camino del bien, porque así le irán bien las cosas». Dicho esto se largó, y antes de cruzar la puerta se volvió y dijo: «Está usted bajo la influencia de sus antepasados». Nunca he vuelto a saber nada de él.

Un colgao que pasaba por allí. A mí no me dio la impresión de que fuera un colgao. Un colgao te cuenta fantasías. Lo sé porque se me han metido varios en los despachos.

El caso es que me parece que esa visita dejó en usted la sensación de que era receptor de un mensaje trascendente. Que un señor pase a darte un consejo y que éste sea bueno no es una experiencia habitual. Es verdad que ese consejo me lo puede dar cualquier persona bienintencionada.

Se lo puedo dar yo mismo, y no me haría acreedor a aparecer en un libro. En el contexto en que ocurrió, sí.
Al final del libro cuenta usted una historia que le ocurrió en Lorca que sí parece que pertenece a la especulación espiritualista, pues habla usted de una casa en la que supuestamente habita un espíritu que se pasea por ella. Relato lo que me contó un matrimonio lorquino. Yo al espectro no lo vi. Cuento esto porque quiero dar testimonio de lo que he vivido. Si fragmentamos la verdad y contamos solo aquello que cuadra con lo que se espera que digamos, nunca encontraremos la verdad. En mi caso, la búsqueda de la verdad nace de la perplejidad. Si tu padre dice que no hay espíritus porque solo existe la materia; si tu madre cree en la existencia de los espíritus, y enmedio de todo esto, los educadores te dicen que Jesucristo es amor, y los científicos que sobre eso no se discute, que solo caben experimentos, no puede ser que los cuatro estén diciendo la verdad a la misma vez.

Vale, pero ese es nuestro debate en la vida. Y tomamos alguna opción. Ante esa influencia de personas tan importantes en mi vida, necesariamente soy yo quien tiene que buscar la verdad. Y me adentro en el método científico. Éste no consiste solo en realizar experimentos que corroboren lo que ya piensas. Así no avanza la ciencia. Todo lo contrario: se trata de buscar hechos que contradigan tus hipótesis. Por muchos hechos que corroboren tu hipótesis seguirás sin tener la seguridad de que sea cierta, pero con uno solo que la contradiga sabrás que no lo es. Yo busco siempre lo que no cuadra. De niño procuré no tener que elegir entre papá y mamá, de ahí mi afición al pacto y al conchabeo.

Lo que sorprende es que usted meta a la Nueva Era entre el marxismo y el cristianismo y haga a los tres compatibles en su vida. La Nueva Era es un movimiento que capta a todo tipo de pirados. Yo no reivindico la Nueva Era. Manejo las enseñanzas que he recibido de la Nueva Era, que esencialmente es un panteismo. Mi libro no trata de lo sobrenatural, sino que se limita a relatar una serie de experiencias personales que trato de interpretar en el marco de las ciencias naturales. Del mismo modo que hay quienes tienen capacidades para pintar o hacer música, hay quienes tenemos esas otras facultades.

¿Lleva razón cuando era de izquierdas o la lleva ahora que es de derechas? Primero, nunca fui de izquierdas ni de derechas. Yo ´he estado´ en grupos de izquierdas y en grupos de derechas. Si me preguntas si sigo defendiendo las mismas cosas que cuando representaba al Partido Comunista en el Parlamento de Andalucía te diré que sí. Un franquista me consideraría todavía hoy un rojo peligroso, y un izquierdista actual diría de mí que soy un moderado. La diferencia hoy entre la izquierda y la derecha se debate en un asunto: qué cantidad de impuestos hay que cobrar para según qué redistribución hacer. Matices.

¿No será por eso que han aparecido partidos que quieren practicar la ruptura de ese sistema? Entiendo que esto ocurra.Estamos en la crisis del sistema del 78, en el que yo jugué un modesto protagonismo. Estuve en la cárcel, en Carabanchel, por defender la democracia. ¿Por qué tuvimos éxitos los del 78? Porque lo que queríamos era posible. ¿Qué queríamos? Democracia, facilitada además por el contexto internacional. ¿Estamos ahora en los estertores del 78? Sí. ¿Es necesaria una reforma de la Constitución? Sí. Pero quienes atacan al 78 son dos fuerzas: Podemos y los separatistas, y lo que cada uno de los dos ofrece no es viable. La reforma del 78 la harán quienes ganaron en el 78.

Cuando Valcárcel lo nombró consejero de Educación ¿sabía que tenía usted esta faceta? Supongo que no.

Alguien que lea su libro y tenga una mentalidad racionalista, se podría preguntar retóricamente: ¿Hemos estado en buenas manos? Me encargaron la Politécnica: ¿existe la Politécnica? Me encargaron Educación y Universidades, e hicimos una Ley de Universidades, una Ley de las Academias, una Ley de la Ciencia, logramos crear el mayor número de plazas docentes en la Historia de la Región en Primaria y Secundaria, el mayor número de institutos y de colegios... Me encargaron el Campus de Lorca: ¿el Campus de Lorca existe? Todo eso está ahí. En lo único en que fracasé fue en la normalización de las Enseñanzas Artísticas Superiores. ¿Que aparte de todo eso yo tenía experiencias telepáticas? Pues bien.

Supongo que sabe que el Gobierno pretende modificar la Ley de Universidades en algunos aspectos importantes, justo los que le dan su singularidad. La ley que yo impulsé tiene dos grandes peculiaridades. Una, que estableció la complementariedad entre las Universidades públicas para no malgastar recursos. La otra es que no creamos una ANECA regional para evitar que el sistema universitario regional no estuviera bajo presión. Supongo que estos dos aspectos se mantendrán. Lo que creo que la nueva ley debiera contemplar es la contabilidad analítica para que las Universidades se vayan acostumbrando a hacer una evaluación más precisa del uso de los recursos.
¿Cree usted que Valcárcel lo nombró consejero para que aprobara Derecho para la UCAM? No.
Pues fue lo primero que usted hizo. Claro, porque el asunto estaba sobre el tapete. Fue lo más llamativo porque antes de que me nombraran a mí había algún atranque al respecto.

Tal vez se buscó a un consejero que no fuera de la UMU para que lo tuviera más fácil con la UCAM. Cualquiera habría aprobado Derecho para la UCAM si el presidente se lo hubiera dicho. Vamos a ver: ¿fui yo quien le aprobó Medicina a la UCAM? No. Medicina entró en la UCAM siendo consejero de Educación el exrector de la UMU José Ballesta.

¿Cómo resultó su experiencia con Mendoza? Por un lado, me parece una persona admirable, que ha puesto en marcha una Universidad con muchos alumnos, y esto no es nada fácil, lo digo yo. Ese éxito le ha dado una gran influencia social. La fricción con él se producía porque es un hombre que no entiende que el Gobierno tenga capacidad para ponerle límites. Si yo fuera ahora ministro de Sanidad promovería una ley nacional para las carreras específicamente sanitarias que obligaría a las Universidades privadas que las impartan a que construyan clínicas para la enseñanza de sus alumnos. Si Mendoza hiciera un hospital se prestigiaría mucho más, porque un hospital realiza también una labor asistencial. En mi etapa de consejero tuve mucha suerte porque coincidí con José Antonio Cobacho en la UMU y con Félix Faura en la UPCT, dos universitarios muy técnicos con los que uno se podía entender.

Anuncia usted al final de su libro la próxima publicación de otro ya más concentrado en el espiritualismo. Parte de la consideración de que el hombre es un ser tripartito: tiene cuerpo, mente y un espíritu que no es efímero y que es la sede de la libertad. Creo que la libertad es una faceta espiritual. En este primer libro he hablado de fenómenos que relacionan cuerpo y mente. En el que escribo ahora me refiero a lo que no es mortal.

Metidos en esta vereda no tengo más remedio, compréndame: ¿Existe la reencarnación? No. Yo creo que no.

Creo que es usted una de las personas más adecuadas para resolver esta inquietud: ¿existen los extraterrestres? Soy biólogo. Por tanto, sí. Consideraría altamente improbable que en otros planetas no hubiese vida.

Eso acabaría con la idea de Dios existente en el planeta Tierra ¿no? No hace falta irse a otro planeta para que haya gente que tenga otra de Dios de la que tienen los cristianos.

Cuando morimos ¿dónde vamos? Ya he dicho que el espíritu es libre e inmortal. Por tanto, creo que seguirá viviendo en libertad. Tendremos la posibilidad de arrepentirnos de haber hecho el mal, y si existimos como espíritus libres después de la muerte podremos seguir haciendo tanto el bien como el mal. Iremos al cielo o al purgatorio, pero no al infierno.

O sea, que Dios existe.

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