Testimonio

"En algún rincón del mundo hay un niño que está esperando a que tú vayas"

La adopción para una familia monoparental es más compleja, ya que el veto a esta condición va en aumento

16.08.2016 | 09:00
"En algún rincón del mundo hay un niño que está esperando a que tú vayas"

La historia de Mª Carmen Guillamón es tal vez la 'cara feliz' de un proyecto de vida, el de la adopción, con un camino no exento de dificultades. Vecina de Murcia, soltera y sin hijos, a sus 44 años se interesó por el acogimiento familiar temporal, aunque seguidamente su idea inicial iría más allá. «Decidí que quería ser madre pese a que por mi edad ya no fuese posible. Así pues, empecé con la adopción nacional, pasaron dos años y aquello no avanzaba. Así que dejé de esperar y me lancé a probar al extranjero».

La suya, una familia monoparental, implica una dificultad añadida, pues cada vez es más difícil adoptar sin pareja en un país extranjero. Su primer hijo, Denis, vino de Rusia en 2010, y precisamente este país ha dejado de admitir familias monoparentales.

Confiesa entre risas que, contra todo pronóstico, cree que su primera adopción fue «la más rápida de la historia». Y es que a los seis meses de la petición pudo tener al pequeño en sus brazos. Más tarde, y tras el batacazo que le supuso la paralización de las adopciones a monoparentales en Rusia, decidió no darse por vencida y apostar de nuevo por la adopción, ahora en otro país. Polonia fue el objetivo fijado, y, hace año y medio, Óscar llegó a casa.

Asegura que «tener al niño no es acabar el proceso», pues en ese momento es cuando todo empieza. «Para las familias monoparentales no hay ayudas especiales, y ser mamá y papá a la vez implica tener un trabajo extra», afirma.

Cuenta que en este tiempo se ha sentido cuestionada y que la frase que más le repetían era que estaba loca. «Todavía me dicen: '¿Por qué no recurriste a la inseminación?' Y no saben que el tema de la adopción abarca mucho más. Por supuesto, mi deseo es ser madre, pero hay un tema de solidaridad muy difícil de explicar y que la gente no entiende. En algún sitio hay un niño que está esperando a que tú vayas. Que no se valore lo que haces por estos niños me entristece. Hay más rechazo que aceptación en el sentido de que te dicen: '¿Para qué te quieres complicar la vida?' Y en cierto modo te sientes discriminada cuando no valoran que sean mis hijos por el hecho de no ser su madre biológica».

No calificaría el proceso como tortuoso, pero sí reconoce haber vivido con cierta angustia los estudios para la obtención de la idoneidad. «Los test psicológicos eran lo peor. Te hacen preguntas un poco desagradables, se meten mucho en tu vida privada. Sabes que no tienes nada que ocultar, pero te planteas qué será lo políticamente correcto».

Hoy no hay quien le borre la sonrisa y la felicidad le desborda al hablar de Óscar y Denis. En definitiva, una experiencia con final feliz pero con una carga emocional llena de vaivenes; pero, «¿qué son meses y meses de espera comparado con una vida entera?». «Ha merecido la pena», sentencia.

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