La feliz gobernación

María González Veracruz o nada

"El modelo de futuro del PSRM no puede consistir sólo en sustituir a González Tovar, lo cual resultaría inevitable si todavía persiste alguna ambición en que el PSOE vuelva a su ser, sino en buscar una fórmula integradora que también debe incluir al tovarismo"

10.07.2016 | 20:25
María González

María González siguió el recuento del 26J desde Ferraz, y se ahorró el frío de los despachos de la sede murciana de Princesa, su enclave electoral, aunque cabe suponer que en el búnker central del PSOE también helaba lo suyo esa noche bochornosa de junio.

La cabeza de lista murciana del PSOE nunca ha consolado llantos en su territorio durante las sucesivas, crudas y oscuras, noches electorales en que su partido, dirigido por su padre, ha ido perdiendo votos a chorros en una insistencia en el desamor ciudadano paradójicamente apasionante, pues a cada cita se reducen las papeletas por miles, aunque la aparición de Ciudadanos y Podemos en las municipales y autonómicas produjo el extraño efecto matemático de que los socialistas, con menos respaldo que nunca, crecieran en diputados y obtuvieran al fin, en muchos casos mediante pactos, más alcaldías que el PP.

Es una cosa rara que sólo se da en política: se puede ganar perdiendo, es decir, se puede intentar disimular la pérdida, como hemos visto en el caso psicológico de la resistencia al sorpasso.

El consuelo del PSOE murciano es que no son una excepción en el conjunto del país, pero refugiarse en el mal general es un pretexto cómodo que impide en cada territorio reparar en las causas que suman para el desastre. Aunque en lo que respecta a Murcia, es mejor que no jueguen a medirse en el ránkin interno de perdedores, pues el PSRM es el glorioso líder, y sin haber mostrado habilidades, como sus colegas de otras Comunidades, para gobernar desde el fondo de la sima y sobrevivir en el alambre.

El PSOE murciano está tan malito que ni siquiera tiene oposición, algo insólito en la historia de ese partido incluso cuando le iba bien, que muestra a las claras que el partido como tal ha desaparecido o está en trance de hacerlo para mayor lujo de sus dirigentes.

La tentación de todos los aparatos es machacar a la oposición interna, pero si posteriormente no se obtienen resultados medianamente presentables en las urnas, lo que queda es un enorme vacío, pues los ciudadanos perciben que no hay capacidad de dirección ni esperanza en una posible alternativa. Y esta es exactamente la situación actual del PSOE murciano.

Rafael González Tovar es un político que se mostró hábil para hacerse con el partido cuando en éste se habían agotado ya infructuosamente todos los experimentos, pero una vez en el poder no empleó su liderazgo para reparar las heridas y ampliar la convocatoria, sino para fortalecerse y protegerse, a la vez que relegaba al ostracismo a quienes consideraba molestos, lo que lo ha llevado al típico aislamiento del mundo real en que todas las adhesiones son fingidas y sólo persistirán mientras aguante su cada vez más reducido rodalito.

Prueba de que su poder se cuestiona más allá de la miserable cosecha electoral es la pérdida de crédito ante los propios alcaldes de su partido, que le han urgido a que pactara con el PP las enmiendas a los Presupuestos de la Comunidad que habían dejado a los municipios sin Plan de Obras y Servicios, entre otras torpezas impropias de un político tan veterano.

Tovar se ha resistido con uñas y dientes a pactar con el Grupo Popular cualquier modificación de los Presupuestos, pues es obvio que hacerlo supone un reconocimiento expreso de su error político al barajar frívolamente ciertas partidas e intercambiar cromos con los otros grupos de la oposición a fin de hacer su propia campaña electoral como secretario general del partido para el próximo congreso.

Pero los arreglos de carreteras en municipios socialistas y las creación de redondas a las que redireccionó el dinero de los Presupuestos que era imprescindible para mantener otros servicios básicos no han sido suficientes para que los alcaldes socialistas entendieran que las artes parlamentarias de su líder les beneficiara, sino al contrario.

Si el PSOE pactó la semana pasada con el PP „en plena campaña socialista sobre que cualquier pacto con el partido de Rajoy es quimérico„ es debido a la presión de los alcaldes socialistas, que finalmente vencieron la impenetrable resistencia de su secretario general.

El poder en el PSOE está, pues, en sus alcaldes, que precisan de oxígeno para gobernar frente a estrategias de mesa camilla de la dirección de Tovar. El conjunto de los alcaldes socialistas es, en principio, leal a la dirección, pero ésta no está a la vanguardia de las necesidades, sino que va a rastras. Y no es, desde luego, un activo electoral, como se constata una y otra vez.

Por tanto, el ciclo de Tovar parece llegar a su fin, aunque no exista ni siquiera el mínimo respiradero de una oposición organizada o con criterios que resulten consistentes, pues ya se encargaron desde la sede de Princesa de liquidarla con diversos métodos, incluido el de saltarse unas primarias a la torera.

El futuro del PSOE, sin discurso y a la resistencia, parece encomendado a que Podemos se desinfle por su propia cuenta, a que en Ciudadanos saquen ya de una vez literalmente las navajas y a que a la Guardia Civil le dé un repente y encarcele durante una temporada a la cúpula del PP.

Pero cabe sospechar que incluso aunque se dieran todas esas circunstancias a la vez, este PSOE no repuntaría.

No queda otra que reconducir la política interna. En Cartagena lo han hecho. La secretaria general, Ana Belén Castejón, al menos ha conseguido detener el desguace, y esto con políticas activas, arriesgadas y atrevidas.

En lo referido a la organización interna, se ha desprendido sin complejos de los lastres históricos que hundieron al PSOE y ha intentado recuperar a los sectores críticos que pueden seguir aportando apoyos sociales. El desprejuicio político con que se desenvuelve la líder cartagenera ha tenido su rédito electoral en las dos últimas convocatorias, sin que el voto acopiado haya salido huyendo, que no es poco.

En la Región, el modelo de futuro no puede consistir sólo en sustituir a González Tovar, lo cual resultaría inevitable si todavía persiste alguna ambición en que el PSOE vuelva a su ser, sino en buscar una fórmula integradora que también debe incluir a González Tovar, a pesar de que éste no haya atendido a esa práctica ni por equivocación. La clave está precisamente en la ´hija política´ de González Tovar, es decir, en María González.

El PSOE murciano ha hecho durante los últimos años una gran inversión en esta mujer. Es la cabeza más visible de los socialistas, dada la promoción que le han prestado sus sucesivos cargos en la dirección federal con Zapatero, Rubalcaba y ahora con Pedro Sánchez. Aunque se supone que hasta ahí, hasta que éste resista.

Es una portavoz habitual del PSOE, a la que cabe interpretar en muchas ocasiones como la voz del líder nacional, y es una personalidad habitual en el despliegue mediático del partido. El PSOE no dispone en Murcia en este momento de alguien con esta imagen de entrada, y sería un desperdicio político desaprovecharla si ella misma acaba comprendiendo que el partido no puede limitarse a sus leales confesos.

En realidad, María González ya lidera el PSOE murciano, pues la gran mayoría de los apoyos locales de su padre, sobre todo los de nueva generación, pertenecen a la escuadra de la actual diputada en su etapa de líder de las Juventudes Socialistas. Muchos comentan que algunos fines de semana recibe en Princesa y ordena y aconseja, del mismo modo que otros consultan directamente con ella, pues parece más flexible y razonable que su padre en los asuntos complejos.

Es el núcleo fuerte del tovarismo, por lo que su ascenso a la secretaría general, si se propusiera, no parecería inclusivo, pero obviamente tampoco lo sería excluir al tovarismo. Es decir, el PSOE tiene que caer en la cuenta de que no está en fase de seguir tentando a la disgregación y que toca aunar fuerzas. Si María González tuviera la necesaria altura de miras para captar esta impresión, tal vez el PSOE murciano podrían entrar en reactivación, al menos en la tónica general del conjunto, evitando las anomalías propiamente murcianas.

Es claro que María González es un producto político, pero algo es algo. La diputada no se distingue por manejar un lenguaje propio, y tira sistemáticamente de catecismo y consignario. Se aprecia también en ella su largo recorrido político, lo cual aporta la virtud de la experiencia, pero también contiene el pecado de las inercias.

Si relevara a su padre en la secretaría general del PSRM tendría que soportar justificadamente las inevitables bromas sobre el modelo cubano o coreano, donde las sucesiones tienen un aroma monárquico, pero esta es la consecuencia del error inicial de no haber procedido desde su momento a la apuesta que se presentaba como la más juiciosa frente al tránsito que ya se prefiguraba baldío de González Tovar.

Puede que una de las dificultades para enfocar esta solución en el inmediato futuro tenga que ver con las espectativas políticas de la propia María González en el ámbito nacional. Pero la política requiere a veces de cierto sacrificio, si sacrificio es dejar de imaginar ministerios imposibles y a trasmano para intentar con más medida optar a la presidencia de la Comunidad.

María González ya fue diputada regional en su día, pero el escaño le duró un respiro, pues enseguida se encaramó al Congreso de los Diputados. Un error político, aunque a ella le vaya bien en lo personal. Está teniendo una trayectoria exitosa, al menos para la lógica interna del PSOE. Pues bien, es hora de aplicar todo lo aprendido en el territorio en el que el liderazgo hueco de González Tovar requiere de apuestas con sentido que lo doten de solidez.

Pero para que esto sea así han de resultar también integradoras. La política es oportunidad y riesgo y, a veces, no queda otro camino, por cómodo que sea estar en la pomada madrileña. El PSOE no tiene ya sobre el papel otra salida que traer a María González a que sufra las noches electorales en la calle Princesa.

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