Perdóname tú a mí

Los enemigos de mis enemigos son mis amigos

12.03.2016 | 00:06
Los enemigos de mis enemigos son mis amigos

En los prolegómenos del Mundial de fútbol de 2010, en el que España se proclamó campeona del mundo, escuchaba opiniones de seguidores y periodistas afines al Barça reclamar la titularidad de Víctor Valdés en detrimento de Iker Casillas, para tener una alineación de exclusivo color azulgrana. Casillas, decían algunos por entonces, jugaba por una especie de mandato supremo, para que hubiera en el once alguien del Real Madrid, que ya se sabe, es el equipo del Gobierno. Años después, la relación del ´Santo de Móstoles´ con su afición se deterioró a cuenta de su enfrentamiento con Mourinho y entonces el portero –motivo recurrente para meterle el dedo en el ojo (nunca mejor dicho, estando el portugués por medio) a Florentino Pérez– se convirtió de repente en ídolo de la afición barcelonista, poco dada históricamente a hablar bien, aunque sea una chispa, de algo que lleve color blanco.

Y es que los enemigos de mis enemigos son mis amigos, suelen pensar algunos. También en la política. Lo vimos hace unos años en la Región cuando el lorquino Miguel Navarro (DEP), histórico verso suelto socialista, se las tenía tiesas con la dirección del PSOE a cuenta del agua y del desarrollo urbanístico, mientras le llovían elogios desde el PP regional, que siempre lo ponía como ejemplo de buen alcalde, y desde la clase empresarial. «Es el mejor alcalde que tiene en la Región... el PP», bromeaban entonces los dirigentes socialistas.

Ahora vemos un caso parecido en la figura de Alberto Garre, quien ha emprendido una particular batalla para cambiar desde dentro el PP que lo ha hecho ya famoso en toda España y lo ha convertido en un referente digno de alabanza para muchas personas que en su vida van a meter en la urna una papeleta de un partido de derechas.

Se entienden los aplausos al expresidente que provienen desde Ciudadanos, pues el partido se ha ido nutriendo de afines al de Balsicas y ha asumido su discurso. Pero chirrían los elogios desde la bancada socialista. Rafael González Tovar se deshizo en elogios hacia el expresidente, llamándolo «valiente», con la ironía de que mientras ensalzaba a Garre, la dirección federal del PSOE confirmaba la expulsión de José Antonio García Baños, que no se destacaba precisamente por sus loas al aparato que encabeza Tovar. Es decir, que la valentía y la discrepancia están muy bien cuando se producen en el seno de otro partido. Pero ya si los míos son lo que son osados e insumisos, la cosa no me gusta tanto. Al igual que los populares no se ríen tanto con los ´garrotazos´ de Garre como lo hacían con las rajadas de Navarro.

Los de la nueva política tampoco se quedan atrás. Pese a la coherencia de Óscar Urralburu, que no le doró la píldora al expresidente contestatario, vemos cómo Pablo Iglesias e Iñigo Errejón, muy dados a derramar sal en las heridas de otros, están que echan humo ante la difusión de sus presuntas diferencias. Y recurren a conspiraciones ´judeomasónicas´ diseñadas por los otros partidos con la colaboración inestimable, no podía ser de otra manera, de los periodistas. Perdóname tú a mí, pero todo eso es más viejo que la sarna.

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