Comisión de investigación

Narbona no olvida «las agresiones físicas y verbales» que sufrió

La exministra socialista comparecía ayer ante la comisión que investiga la desaladora para hablar de Escombreras, pero su intervención se centró en los trasvases del Ebro y el Tajo

10.03.2016 | 04:00
Narbona no olvida «las agresiones físicas y verbales» que sufrió

La citación le permite resarcirse de las críticas «al agua desmayá» y de «los escraches» a los que se vio sometida

La exministra socialista de Medio Ambiente Cristina Narbona, que formó parte del Gobierno de Rodríguez Zapatero entre 2004 y 2008, pudo resarcirse ayer de las críticas y de los «ataques físicos y verbales» que recibió durante sus visitas a Murcia tras la derogación del trasvase del Ebro, en junio de 2004. Narbona, que asegura haber sido víctima incluso de «escraches, cuando todavía no se sabía lo que eran, pero no dejé de venir ni una sola vez», volvía a la Región precisamente para hablar de una desaladora promovida por el PP, a pesar de las pancartas con el lema 'Agua para todos' y de que tuvo que escuchar durante años que «el agua desalada es agua desmayá», una queja que reiteró a lo largo de su intervención.

La exministra de Medio Ambiente fue también la responsable de la reforma de la Ley de Aguas de 2005 que obliga a los ayuntamientos a solicitar un informe a las confederaciones hidrográficas para que les garanticen los caudales necesarios a los nuevos desarrollos urbanísticos. Sin embargo, salvo el tono algo más agrio que empleó el diputado del PP Juan Guillamón a lo largo de la comparecencia (aunque acabó despidiéndola con «piropos» que ella se cuidó de agradecer), la exministra logró la complicidad del diputado de Podemos, Antonio Urbina, quien reconoció que el agua desalada se considera en Murcia «agua diabólica»; y del portavoz de C's, Miguel Sánchez, quien acusó al PP de retirar la pancarta de 'Agua para todos' y olvidarse del trasvase del Ebro cuando volvió al Gobierno, a pesar del «nacionalismo del agua» que había promovido, lo que despertó las quejas del Grupo Popular.

Narbona trató de demostrar que la Unión Europea estaba en contra del proyecto, aunque evitó desautorizar al expresidente José María Aznar, y que su intervención ante la Comisión Europea evitó que se perdieran las ayudas solicitadas para hacer el canal desde la desembocadura del Ebro a Almería, porque pudieron dedicarse a financiar las desaladoras del Programa Agua. «Mi responsabilidad fue desarrollar una alternativa al trasvase del Ebro, porque los informes eran negativos, aunque no se dijo para no poner en un aprieto al señor Aznar». Añadió que la comisaria de Medio Ambiente de la UE vio los cielos abierto ante su alternativa y llegó a afirma «Dios existe», aunque «era de Suecia» y, por lo tanto, se le suponía menos vehemente.

Mantuvo que el canal desde la desembocadura del Ebro a Almería «significaba un consumo de energía análogo al que sumaban todas las plantas en pleno funcionamiento» y recordó que la UE obliga a repercutir la amortización de las obras en los usuarios, lo que habría disparado el precio, al contrario de lo que ocurre con el trasvase del Tajo. Por su parte, Guillamón le discutió esta afirmación y le recordó que parte de la tarifa va destinada precisamente a amortizar el Acueducto.

Narbona se defendió asegurando que no es «una fundamentalista ni antitrasvasista», como demuestra el hecho de que mantuviera el trasvase Júcar-Vinalopó. También aseguró que se enfrentó al expresidente castellano-manchego José María Barreda cuando su compañero de partido trató de establecer en el Estatuto la caducidad del Acueducto del Tajo para 2015. «Mi oposición fue pública y notoria», defendió, aunque Guillamón le recordó que solo los votos del PP evitaron la aprobación del nuevo Estatuto manchego en el Congreso.

Por su parte, ella reprochó al PP la pérdida de cuales del Tajo que ha supuesto el Memorándum.

El parlamentario popular le recordó el Plan Hidrológico que había elaborado el exministro socialista José Borrell, pareja de la exministra, para preguntarle qué piensa ahora de que su partido renunciara a la interconexión de cuencas propuesta en 1993, que habría permitido disponer de más de 3.000 hectómetros cúbicos. «No tienen más que invitarlo a que venga aquí, porque le encanta Murcia», fue su respuesta.

Narbona reconoció que no tenía demasiada información sobre la desaladora de Escombreras, dado que ni la Confederación Hidrográfica ni el Ministerio fueron informados de los planes del Ente Público del Agua «ni se incluyó a sus representantes en algún consejo asesor», apuntó. A su juicio, «lo que hubo en Escombreras fue una inauguración virtual en 2007, sin producir ni una gota de agua, y un arranque en 2009, cuando tuvo autorización de la CHS». Precisó que la creación del Ente Público del Agua se ajustaba al Estatuto de Autonomía. No obstante, para que la Comunidad pudiera asumir la gestión del agua había que crear «cuencas interiores», pero no se hizo. Añadió que esta figura además, habría servido para gestionar caudales superficiales y subterráneos, pero no procedentes de la desalación. Aclaró que la demanda estaba garantizada para cuando se terminaran las nuevas urbanizaciones y dijo que la competencia para dar las certificaciones la tenía la CHS, tal y como confirman las sentencias judiciales han anulados los certificados del Ente Público del Agua.

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