Identidad de género

No soy un chico ni una chica

Personas de género no binario denuncian que se silencia su existencia - Piden a la RAE que incluya el pronombre que les identifica, ´elle´ - Condenan "la agresión" a un adolescente transexual de Murcia cuyo instituto le sugirió que utilizase el aseo de discapacitados

03.01.2016 | 11:20
ilustración de Diego Munuera

«No soy mujer: de hecho tengo varios géneros entre los que cambio o fluyo. Mi género es género fluido o genderfluid ­–en inglés–, y en eso consiste. Fluyo entre grisgénero, agénero y hombre. Hombre es un género que todo el mundo ya conocerá, agénero consiste en la ausencia del género y grisgénero es el género que se sitúa entre agénero y otro género (en mi caso, entre agénero y mujer). Puede sonar raro al principio, pero lo cierto es que no soy la única persona en el mundo con este género, o incluso en mi ciudad».

Es el testimonio de N., adolescente de género no binario. «Los géneros no binarios son todos los géneros que no encajan en el binomio que nos imponen en Occidente de hombre y mujer: son géneros que escapan de esa clasificación», explica.

Por el mero hecho de no ser ni chico ni chica, «nuestro colectivo está invisibilizado», considera N., a lo que añade que «no solo no nos escuchan, sino que se ríen de nuestra identidad».

«Pedimos visibilidad y aceptación no solo de nuestros géneros, sino también del pronombre neutro, ´elle´, que mucha gente de género no binario necesita para evitar incomodidades», destaca. A este respecto, N. apostilla que «es cierto que elle no está aceptado por la RAE, pero todo el mundo sabe que en la RAE figura lo que el pueblo utiliza. Si empezamos a utilizarlo y a respetar a quienes lo utilizan y lo necesitan, pronto dejará de ser definido como una patada al diccionario».

Seguramente por ese rechazo que aseguran sufren en la sociedad, las personas de género no binario encuentran, habitualmente, un hogar cómodo en Internet. Nace así un activismo cibernético en el que, tal y como explica N., «luchamos contra varios tipos de opresión, como la transfobia, el cissexismo, la transmisoginia y la mismisoginia».

A este respecto, detalla que «la transfobia es todo tipo de odio o rechazo hacia las personas trans. El cissexismo sería el asimilar que todas las personas son cisgénero; es decir, que su género asignado al nacer es el correcto, cuando lo mejor es preguntar». «Luego, la mismisoginia y la transmisoginia son tipos de misoginia que se ejercen hacia personas trans: la mismisoginia sería la misoginia mal enfocada, dirigida a personas que no son mujeres y la transmisoginia sería la misoginia hacia mujeres transgénero, por ser mujeres y por ser trans», desglosa N.

La semana pasada, saltaba la noticia de que un instituto de Murcia había sugerido a uno de sus alumnos, transexual, que emplease el baño de discapacitados para cambiarse tras las clases de Educación Física. Aunque los propios compañeros del chico manifestaron que podría entrar sin problemas al aseo masculino, pues lo consideran un igual, el centro educativo siguió en sus trece y el escándalo trascendió.

LA OPINIÓN se puso en contacto con personas de género no binario de la Región para preguntar acerca de esta polémica. Estas personas destacaron que, en el caso del adolescente, estaríamos hablando de un chico, a no ser que él quisiera manifestarse como no binario en algún momento. Condenaron lo que consideran «una agresión» en toda regla y un acto de «transfobia».

¿Es la Región tránsfoba?
Muchas personas de género no binario aún prefieren permanecer tras una pantalla que enfrentarse a la «disforia» (tristeza, ansiedad, incomodidad) que, en ocasiones, puede suponer un acto en apariencia tan sencillo como salir a la calle. «Para una persona transexual, que ha modificado su cuerpo y tiene una apariencia clara de hombre o de mujer, no hay problema alguno», destaca una persona de género no binario de Cartagena, que prefiere no hacer público su nombre (le diremos M.).

A juicio de esta persona, de 25 años de edad, en la Región de Murcia «no hay transfobia» desde el momento en que «se acepta a una persona con su nueva identidad». Sin embargo, «sí la hay si esta persona decide no modificar su cuerpo. Si es una mujer, pero prefiere mantener sus genitales masculinos y no ha tomado hormonas. Ves a una persona leída hombre (expresión que significa que su apariencia es masculina, de acuerdo a los géneros binarios tradicionales), alguien que, por ejemplo, lleva bigote y tiene una voz grave y una nuez pronunciada, y, si esa persona te dice que es una mujer, aún choca. Y empiezan las preguntas», remarca M.

«La primera pregunta suele ser por qué no te operas», lamenta M., y remarca que «alguien que ha decidido no modificar su cuerpo es tan válide como alguien que se siente mejor haciéndolo, con hormonas o con cirugía».

A su juicio, «puede ser tan guape una mujer con barba como un hombre con vagina o una persona que no es un hombre ni una mujer». Añade que «si a una persona que a ti te parece un chico, y resulta no serlo, le hace daño que te dirijas a elle en masculino. Por eso es recomendable preguntar primero a esa persona qué pronombre prefiere».

«Los genitales no tendrían que determinar quién eres. Se nos asigna un género al nacer, y se da por hecho que es correcto. No eres menos válide si resulta que no era correcto», remarca M.

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