O.L.T/L.G
´Cazados´ por la dirección general de Tráfico (DGT). Un Ferrari circulando a 214 kilómetros por hora por la autovía A-7 de Murcia. Un Renault Megane a 155 kilómetros por hora en una carretera nacional, la de Molina, con límite de 50. Una motocicleta a 144 en una vía urbana... Son algunos ejemplos de las decenas de conductores que se han saltado los límites de velocidad estipulados por Tráfico. Las imágenes de los radares, cedidas a LA OPINIÓN por la DGT, muestran a los infractores pillados en plena acción delictiva. Y es que conducir a más de 190 kilómetros por hora en autovía o autopista es delito. Y hacerlo a más de 100 en vía urbana, también. Así lo recoge el Código Penal desde su reforma, que contempla penas de prisión, multa y la privación del derecho de conducir hasta cuatro años.
No parece importarle a centenares de conductores que circulan por las vías de la Región: en el año 2011, 26.625 personas fueron multadas con radares fijos por exceso de velocidad. Otros 17.770 conductores, fueron captados por radares móviles superando los límites (44.395 en total). Y doce de ellos fueron condenados penalmente.
Estas cifras superan a las registradas en 2010. Las causas, desde la imprudencia a las prisas. Las consecuencias, a veces nefastas, puesto que la velocidad provoca la mitad de accidentes mortales en las carreteras de la Región de Murcia.
Para prevenirlo, las Fuerzas de Seguridad efectúan controles en los puntos más conflictivos, según explica el jefe provincial de Tráfico, Francisco Jiménez, que reconoce que «la velocidad es una asignatura pendiente», y a veces va de la mano «de la problemática del alcohol».
El jefe de Tráfico explica que, cada vez más, los conductores se ciñen a la velocidad máxima estipulada para circular en autovías o autopistas. «Sólo un 4% conducen superando los 140 kilómetros por hora», detalla Francisco Jiménez.
«La preocupación está en las carreteras», indica Jiménez, destacando el peligro de circular rápido en estas vías de doble sentido. «Debería respetarse la limitación de 90», reitera.
Desde Tráfico intensifican los controles de velocidad en estas vías «no por recaudar dinero, sino porque la gente cumple las normas mejor cuando cree que hay riesgo», comenta.
El titular de Tráfico es consciente de que el radar no es la solución para el cumplimiento total de las normas. «Hay conductores que circulan por encima del límite y cuando se acercan a los controles de velocidad fijos pisan el freno para no ser captados, pero pasados unos metros vuelven a acelerar», indica. «Por eso, últimamente se instalan controles móviles antes o después del radar fijo», aclara.
«La Jefatura de Tráfico pone la máxima energía en la persecución de estas conductas, absolutamente reprochables», apostilla Jiménez.
Cuando la DGT recibe las imágenes de un conductor superando la velocidad, primero se le identifica y posteriormente se instruye el atestado para establecer el tipo de sanción o pena que le corresponde.
Y en el momento de dar explicaciones en el juzgado, un elevado porcentaje de los procesados culpa a otra persona, como señalan fuentes de la Fiscalía. «Alegan que el coche lo conducía otra persona, y a veces señalan como infractor a algún familiar que no suele conducir, sobre todo con el objetivo de no perder el carné, para que no les perjudique al trasladarse, por ejemplo al trabajo», señalan las fuentes, concluyendo que «la jugada del engaño no les sale bien» y que acaban siendo castigado.