F. J. MORENO
El mes de Ramadán coincide con el noveno mes del calendario islámico, que se rige por las fases de la luna. Durante este periodo, los musulmanes se purifican en todos los sentidos. Se abstienen de todos los placeres y se dedican a reflexionar sobre el Corán para acercarse más a su dios. Tratan de ser solidarios, abrir sus puertas a todo el mundo y dar limosna. Se ayuda a los desfavorecidos y se olvidan enemistades. El ayuno se rompe ante cualquier acto ´impuro´.
Los pilares del ayuno son cuatro. Desde la primera hora del día hay que tener presente la intención de ayunar, antes de la primera oración del día. Hay que tomar algo antes del amanecer y después de la puesta de sol, antes de la oración del anochecer. Abstenerse de todo aquello que pueda romper el ayuno durante las horas del día (comer, beber, fumar, las relaciones sexuales, los cambios de ánimo exagerados, los insultos, etc.). Y, por último, buscar un estado de conciencia que les acerque a Alá.
Todo el motivo de esta celebración es ser solidarios y estar en comunión con su dios. Por eso, los días de ayuno pueden intercambiarse por limosnas o dar de comer a los pobres. También por esta razón se exime del cumplimiento del Ramadán a aquellas personas que estén realmente necesitadas de ayuda (como los enfermos graves) o los que puedan sufrir algún daño.