ISABEL LARA
La vida de Marta Acosta se apagó el pasado sábado a miles de kilómetros de su casa, en medio de una avalancha humana, en lo que se suponía que iba a ser una despedida divertida de su periodo como estudiante Erasmus en Alemania. Pero el festival de música electrónica Loveparade no tuvo un final feliz para ella, ni para su íntima amiga Clara Zapater ni para las otras 20 víctimas de la tragedia.
El cuerpo de la joven, de 22, años llegó ayer a Fuente Álamo, el, pueblo natal de sus padres, Faustino y Agustina, que arropados por sus otros dos hijos menores, familiares y por decenas de vecinos dieron ayer un caluroso último adiós a Marta, que por fin descansa en casa.
El féretro, cargado de flores, llegaba a la localidad del Campo de Cartagena por la tarde, después de que familiares y amigos despidieran por la mañana a la joven en una ceremonia religiosa en Tarragona. A las ocho en punto comenzó la misa funeral en la iglesia parroquial de San Agustín, oficiada por el vicario general Juan Tudela, que transmitió en la homilía su pesar y el del obispo José Manuel Lorca Planes por esta pérdida «trágica e incomprensible». Poco después, el féretro era trasladado al cementerio municipal.
Marta viajaba todos los veranos a Fuente Álamo para disfrutar de las fiestas en honor a San Agustín que se celebran en agosto. Sus padres, aunque marcharon lejos de su tierra para trabajar, volvían con frecuencia al pueblo que les vio nacer, lugar al que ahora han regresado para enterrar a su hija.