Y, al igual que nos quedamos sin abuela, nos hemos quedado sin política social. Aunque de eso hace ya tanto tiempo que casi lo habíamos olvidado, todavía había personal que, a la hora de hablar de Rodríguez Zapatero, ante esos comentarios tan despiadados y que a veces rezumaban una especie de odio ciego hacia el Presidente del Gobierno, trataban de recordar los avances sociales que se produjeron al principio de su mandato: la ley de Dependencia, la de parejas homosexuales, el mantenimiento de la subida del IPC en las pensiones, los subsidios a los parados y alguna que otra cosilla de buena acogida entre el personal progresista. La verdad es que este gobierno fue bajando posiciones en la consideración del personal por meses, por días y hasta por horas, pero, ahí al fondo, brillaba la lucecita del Pardo que parecía preocuparse porque, al menos, pudieran cubrirse las necesidades más perentorias.
Pero ahora llega el momento de dar el tijeretazo y se comienza precisamente por ahí, por la cosa social, con la incorporación además del procedimiento 'tabla rasa', es decir, que lo mismo le quito el 5% a un funcionario que gana 1.000 euros que a uno que gana tres mil; que las pensiones las congelo, que la ley de Dependencia la recorto, y, como el IVA subirá en junio, también le saco perras a todo el personal por igual, tanto si compra un pollo para el arroz, como un solomillo de ternera para hacerlo Chateaubriand.
Y hasta el españolito menos culto sabe que aquí había que hacer algo: que estábamos viviendo por encima de nuestras posibilidades y que la crisis nos estaba afectando de una manera tremenda. Ahora bien, ¿eran éstas las medidas adecuadas a tomar o podría uno esperar otras, sobre todo, de un gobierno así llamado de izquierdas? La respuesta que se me ocurre es que sí, que este país, hoy más que nunca, las diferencias económicas que se dan en la sociedad son tremendas porque hay gente que se forró, en la época de vacas gordas, que tiene su dinero a buen recaudo -el ahorro ha subido como la espuma en los últimos tiempos- y que vive perfectamente, mientras coexisten con ellos cuatro millones largos de parados y ese IVA que sube lo van a pagar igual unos que otros. La verdad es que es una tontería que se diga que a los funcionarios les bajan un 5% el sueldo, porque se lo bajan ese cinco más la subida del IVA, es decir un siete. E igual con las pensiones, no se congelan, porque el impuesto se las baja.
Y los bancos ahí ganando pasta por un tubo. ¿Dónde está el bocado a sus beneficios que le va a dar el Gobierno para cubrir el ajuste? Y, ¿por qué no subir los impuestos bien subidos a los de la zona altísima del IRPF, o a los que tienen millones de euros a plazo fijo?
Y para terminar, ¿saben ustedes lo que haría si yo fuese Zapatero, el Señor no lo permita? Pues dimitir, o, en su defecto, echar a todos y a cada uno de los ministros y ministras: cesarlos desde el primero hasta el último (bueno, si se quiere quedar con Rubalcaba como recuerdo que se lo quede) y montar otro gobierno dedicado con exclusividad a buscar soluciones a la situación en la que estamos, es decir, la mitad a recoger dinero, y la otra mitad a buscar fórmulas para crear empleo. Todos los actuales, que han demostrado su absoluta falta de pericia para evitar el momento que nos ha llegado, deben volver a sus quehaceres de antaño, ah, y sin pensión de esa que dan por haber sido ministro, porque hay que ahorrar y ése es un buen recurso.
Adiós a aquellos olores a avances sociales, a logros de minorías, a preocupaciones por los que no se habían preocupado los otros. Ahora sólo nos queda la tabla rasa para pagar los desperfectos. Es que es para mear y no echar gota, amigos.